jueves

El bastón de La Perini

En Corrientes, en Mercedes Corrientes, en la Escuela Normal de Mercedes Corrientes hice tercer y cuarto grado. Tercero "Rivadavia" y cuarto "López y Planes".
Para aquellos que no lo saben, se trata de una estructura descomunal, una casona re caseronaza llena de recovecos, pasillos y escaleras. Y en el medio un patio, gigante, de baldosas rojas. 
El torpedo te salía veinticinco centavos, y en Mercedes el calor empezaba temprano en el año. Eso también hacía que en invierno la humedad del campo te calara punzante.
Y entonces cuando te parabas en el patio en algún recreo de calor de las dos de la tarde, te comprabas uno de frutilla y, entre elásticos, pelota, soga y poliladron, alguno se te acercaba porque te encontraba mirando el techo de tejas. Y así es cómo te contaban de La Perini. Bú, sí.
La casona, mi querida Escuela Normal, había sido su residencia. Parece que en algún momento de su vida, más o menos cerca de convertirse en heredera o más o menos cerca de haber descubierto algún secreto, la bajan. Contaban, en aquel entonces, que incluía escalera estrecha y empujón.
Entonces, mientras te cuentan esas cosas es porque saben que mirás fijo el único punto que interrumpe la línea delgada entre las tejas y el cielo, y se trata de un bastón.
El cotolengue se armaba entre los que afirmaban con certeza que se trataba de alguna antena extraña y los que te cantaban que no, que era el bastón de La Perini, porque además era negro y curvo.





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