miércoles

mi gata quiere garchar

Hace unos días que ya veníamos con el canto casi glotal que incita a la bacanal gatuna. De hecho casi charlamos del tema con Juan, entendiéndolo como un tema que merecía una puesta en común de las opiniones. Como las cosas grossas y boludas que te movilizan como para considerarlas un tema y entender que te invitan a discutir. Nada que ver con una bacanal
Pero Panterita venía con ganas de salir al patio y sentirse dueña de las medianeras, aullándole a la noche y a su amigo el gato negro que la visita para testearla, primero boludeándola y luego más como un par, desde que ella tenía tres meses y medio. 
Así que la dejé salir y desde entonces tengo intriga. Estoy en el patio y cada tanto, cuando alguno de los dos gorjea cerca y acá arriba, me asomo, trato de ver en qué andan. Pero siempre veo a uno de los dos. El negro me ve y se va. La gata se me acerca desde lo alto del techo de arriba, lo suficientemente para -podría asegurar- que la gachi salte. Así que mientras los escucho pienso que no se encuentran pero se llaman y me siento como si estuviera esperándola a la salida del cine. A la gata. Ya sé, creeme que lo sé. Esperándola a la salida de un cine, para recibirla, ver cómo anda, bajarla entre mis brazos para entrarla a la casa, darle agua y hacerle unos mimos.


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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

en Cobstrucción

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