lunes

atchung!

Era para preguntar si nunca jamás, ni siquiera por un instante del minuto, pensaste que me podrían sorprender los postigos cerrados de una casa vieja vieja en el Sur. Ojo. Ojito. Cuidado, necesitamos pasos de cautela, un minuto en el mundo para detener todo y respirar y seguir, no pisar las baldosas flojas. Necesitamos pensar que de guachín o en algún momento sintió un hilito de algo atravesándolo mientras necesitaba el aire, el aire y ya.
Ojo, pibito. Cuidado con lo que se quiebra.

sábado

Oscar, fanático de la soda y el pan

El otro día pensé que nunca había hablado de Oscar. Oscar se casó con, una joven viuda de dos hijos, Juana a finales de los setenta o principios de los ochenta. Oscar es mi abuelastro, para empezar a decirlo.

Es, jamás confesado por él, diez años menor que Juana y el tipo vino a vivir esta  vida y se va a ir sin haber tenido hijos. Y eso es, por lo menos, curioso. Además el campeón es histórico hincha y frecuentador de mediodías de Estudiantes de Caseros. Más de una vez yo llegaba a su casa y caía a la hora y pico, o a los cuarenta minutos, con una pañoleta marrón de flecos  jaspeados de señor en la mano. Entraba puteando y decía "hola pinuni cómo andás" y después seguía puteando hasta que se sentaba a la mesa a tomar  té o un mate cocido. 

lunes

Lunes o martes, o jueves

Cuando hoy a las siete y media me tomé el tren en Drago, me di cuenta del despropósito de la situación: mi paraguas violado por el viento hacía que los fierritos maltrechos se enredaran en mi pelo, al tiempo que lo cerraba como podía y subía a un vagón donde muy amablemente dos hombres me ayudaban con el equilibrio presionando sobre mis hombros, hurgando mi mochila y apoyándome en cada clavadita de frenos o cada aceleradita. En mi cara la melena rulosa de una mina que me ahogaba. Sentía como si las bolitas de peliconcha se metieran en mi boca y yo fuera un gato que tragaba pelusas asesinas.
Pensar que sólo viajo por tres estaciones.
Yo me voy a la mierda, eh.
Vámonos a la mierda Juan. 
Comprémonos una juki, 
vayamos a laburar en bici.


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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

en Cobstrucción

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¡Cuidado! Hombres Trabajando