jueves

me comí un pibito

Me vi las venas violetas y verdes
como cuando hacía ojos en el bondi
o estiraba las piernas en un piso de madera
que con sus aureolas y astillas no me dejaban trepar y
salir al patio a tomar aire antes del desmayo.
Como todas y las pocas y únicas veces en que dije ya está:
un minuto en el mundo en una vereda de verano
pero sólo porque mucho antes había visto todas las aureolas
y todas las venas estallar una mañana en una cama
en invierno o en septiembre.
Mucho después de tomar taxis
y pensar en los amigos,
 de tomar lanchas
y tratar de encontrar una posición resuelta
para que él me viera así, resuelta.
Fue mucho, mucho antes de los viajes afuera,
de las mochilas enormes,
de dar teléfonos verdaderos cuando no falsos.
Fue un momento,
un minuto en el que me vi entrando por una puerta
en un pasaje
vi un patio y unos cortos
vi un perrote sobre mis piernas.
Fue antes de ponerme a gritar como una demente
que ahí estaba mi futuro ex novio, a dos metros
de lo que finalmente pareció haber sido careteable.
Y entonces
los domingos a la mañana
los sábados a la mañana
los sanguches de palta
los pequeños gestos de grandeza
caminar
los veranos
las estufas en invierno
el patio con aceitunas y cervezas a las cinco.
Y ahora la mañana
las doce y media
las seis y cuarto
la comida, la noche.
Todo.
Y ahora quiero todo
después de haber pensado que
no quería nada.
Todo desde la vereda, quizá desde el perrote
o desde el conventillo, o después.
Todo condensado en una luna que como
bartola cae de costado
y patea y canta y uy.

6 comentarios:

d dijo...

y ¡uy!

"quiero todo con juan" o tu novio, como lo aprocrifaste aquella vez.

intermar dijo...

Como bartolo, me caigo de la silla, mientras me clavo un tabcín.
Todos los días, todo el tiempo, con cada palabra.

Jirafas dijo...

lindo, como siempre. beso

Anónimo dijo...

Genia del mundo mundial!


santha

Anónimo dijo...

me encanto lu!

ori

Fouch! dijo...

=)

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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

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