Me desperté y supe que ya no quería librarle esa batalla estúpida al mundo, no podía levantar más esos adoquines que llevaba en vez de pies. Ahora cuando duermo de costado mi panza cae redonda con todo el peso de la fuerza de alguien. Y eso me aterra, me llena el cuerpo de efervescencia, de burbujitas que explotan a la altura de mi nuca. Y lo que queda de eso es un aire interno cargado de partículas y de cosas y de mí en mis rollers verde flúo, de la silla alta que me llevó tres costuras en la pera y de vos cuando me doy vuelta o siento tu mano que me envuelve, y en tu mano toda la electricidad y el cosquilleo de esas burbujas que también explotan. Yo avisé que iba a enloquecer, que me iba a llenar de burbujas que iban a salir de mi boca y de mis ojos y mis orejas. Mientras esperaba el bondi sentí cómo mi panza se expandía, se ensanchaba, cómo hacía lugar. Miré la calle y la vereda, la gente que estaba detrás de mí, miré los árboles pensando que eso había sacudido al mundo. Y creeme que lo sacudió.
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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

6 que no durmieron siesta:
¡aiii! qué ganas de abrazarte!
y bueno, si volvés en unos días me tocás el timbre dung.
a las sacudidas. sin duda, luana estás cambiando el mundo.
¡pecho frio!
no seas forra y dame un changüí
si vuelvo es el 20. tengo pasaje para ese día, pero todavia no decido si volver o no. estoy en eso. decidiendo -o no. no sé.
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