miércoles

esperando que diga algo, esperando que diga

Es muy probable que ya nadie la recuerde; yo lo hago sólo porque me acecha en la noche. Se mete entre mis sábanas y zumba mis oídos, se interna en mi cabeza mientras yo giro para la derecha y para la izquierda en posición fetal, mis dedos adheridos a la sábana con la fuerza y el anhelo del que necesita cambiar de sueño. Querer no es necesitar, dijo ella una vez en la cancha, minutos previos a desafiarme un picadito, como se atrevió a llamar.
Había visto mis rodillas huesudas para recién después fijarse en la cascarita que se alojaba justo en el pliegue de la articulación. Cáscaras que nunca se endurecen, que siempre se muestran llenas de moho y verdín de sangre y tierra. Un puntinazo en la rodilla y ya, habrá pensado para su triunfo. 
Lo cierto es que a ella ya no la recuerdan, salvo yo, pero sólo porque me acecha en las noches, dije. Parece perseguirme como si yo le hubiera sacado el novio, le hubiera soplado el asiento del colectivo o le hubiera hecho un caño. 

8 comentarios:

syn dijo...

el fútbol que le gusta a la gente. lurba la tiene atada.

santha dijo...

que genial esta luana.

santha

lurba dijo...

syn siempre un placer verte por acá.
santha querido, brindo por el reencuentro.

Arte urbano de Logroño dijo...

Muuy bueno, te agrego para seguirte
Es increible lo bien que escribes.
Santi

Juan dijo...

lo que nunca se endurece son tus textos, monstra.

Cecilia dijo...

te persigue como si fueras Luana Larrea y quisiera tu secreto

lurba dijo...

Santi, gracias por las palabras. Yo también anduve mirando tu blog y me gustan mucho mucho las fotos.

juan querido, el monstro sos vos.

ceci, ufff ni te imaginas.

qué campeones.

Juan dijo...

este lo releo seguido y lo recomento poco

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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

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