miércoles

esperando que diga algo, esperando que diga

Es muy probable que ya nadie la recuerde; yo lo hago sólo porque me acecha en la noche. Se mete entre mis sábanas y zumba mis oídos, se interna en mi cabeza mientras yo giro para la derecha y para la izquierda en posición fetal, mis dedos adheridos a la sábana con la fuerza y el anhelo del que necesita cambiar de sueño. Querer no es necesitar, dijo ella una vez en la cancha, minutos previos a desafiarme un picadito, como se atrevió a llamar.
Había visto mis rodillas huesudas para recién después fijarse en la cascarita que se alojaba justo en el pliegue de la articulación. Cáscaras que nunca se endurecen, que siempre se muestran llenas de moho y verdín de sangre y tierra. Un puntinazo en la rodilla y ya, habrá pensado para su triunfo. 
Lo cierto es que a ella ya no la recuerdan, salvo yo, pero sólo porque me acecha en las noches, dije. Parece perseguirme como si yo le hubiera sacado el novio, le hubiera soplado el asiento del colectivo o le hubiera hecho un caño. 

lunes

Prefiero el hombro dislocado

Entiendo y lo acepto, pero sólo porque cuido todo lo que quiero, todo lo que necesito, y es poco y es tan preciado, que cuando me despierto me sacude, cuando tomo café con leche me sacude, cuando cambia el semáforo.
Entiendo y lo acepto, pero sólo porque escucho un trueno, porque los tarros de rey momo se acumulan en la bocacalle y porque cuando lloro, sólo y siempre es de bronca. Porque lo que quiero lo quiero con todo y lo que no no lo quiero ni en pedo, nunca, en ninguna de sus formas. Porque me empecino con eso, porque formulo teorías estúpidas, porque le tengo miedo a todo lo que odio y que me roza, que tanteo cuerditas pedorras mientras el hombro se inclina para donde quiero ir, y la pierna es tironeada por algún monstruo que no es más que la parte de mierda que me habita, que las historias anteriores, que las personas que no valen. Formular teorías, hacer listas, reconocer en cada persona lo que no quiero, acercarme o alejarme. Reconocerlo, ante todo, para que ganen los hombros y las piernas no tengan más para hacer que flotar, que caerse, golpearse y reconocer, que ampollarse. Las piernas sólo tienen que quebrarse ante la verdad, ante los minutos en el mundo, ante los espasmos y las pequeñas pelotudeces que tienen pero tanto, tanto que ver conmigo. Por eso lo elijo, todos los días, aunque las tironeadas de pierna de por medio y en los medios, aunque los ataques de bronca, de inseguridad. Porque así es que puedo cruzar todas las veredas, puedo poner todos los discos y ver todas las fotos.
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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

en Cobstrucción

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¡Cuidado! Hombres Trabajando