sábado

Semen up

Quizá para saber que era el final sólo hubieran sido suficientes quince minutos más en el sillón con todos ellos: habíamos hecho un club de lo miserable, sí, pero sólo después de haber brillado y encantarnos entre las planchas de neón de la calle betlem que jamás antes había tenido tantos puntos chillones, ni tantas visitas.
Antes de caminar  por esas veredas angostas todos habíamos pasado una temporada en el sillón, en pijamas, los brazos por todos lados, las piernas enredadas, los ojos que no podían más.
A uno de ellos lo habían dejado hacía menos de unas horas y entonces llegaba ella que venía de coger con el vecino sin antes haber dejado de coger con el que tocaba la guitarra en el bar de la noche anterior. Ahí él arqueaba el mentón por primera vez en siglos y trataba de entender: la seguía y le preguntaba cosas que ella eligía contestar con respuestas evasivas, con otras preguntas, con un qué se yo.
Entonces yo me cogía un mexicano que llevaba un picante de bolsillo: a la mañana bien temprano cuando todos se tiraban en las sillas y hacíamos café, el mexicano sacaba su picante y entonces alguno le hacía algún comentario estúpido sobre el picante y el café y el mexicano no se iba más. Una mañana el mexicano me habló de méxico y de una mudanza y de que trabajara como profesora en df, y yo le dije que sí, me gustó pero quería dormir y entonces él habló más y más mientras yo me ahogaba entre las sábanas, mientras me dolía la cabeza, mientras no quería nada.
El mexicano había sido un respiro después de una temporada de sillones, pero sin darme cuenta empezó a impregnarse en mi cuarto y de pronto todo comenzó a oler a picante. Me llamaba mientras yo pensaba que iba a venir otra vez y otra vez iba a traer su picante, cuando yo lo único que quería eran tostadas a la mañana y tereré a la tarde, estupideces que estuvieran llenas de mí o el bosque de santa teresa,  la limonada de las yungas o un huequito para dormir.

3 comentarios:

intermar dijo...

mejica loyi

intermar dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
lurba dijo...

loyi loyi

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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

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