lunes

el último mes

Mi cabeza como Parque Chas: tipo una y a la luz de un tubo blanco de bajo consumo me dijo que había roto bolsa. Como estábamos chateando me lo dijo con mayúscula. Nosotras siempre prestamos atención a las mayúsculas.Y entonces, como si viniera desde lejos en el tiempo, entré en un estado del que -apenas- pude salir en una semana. ¿Era ella o yo? Se me subieron a los ojos todos las especias que usa Juan y de ahí las veredas, las tardes de sol, los peces que te encaran en córdoba y un bote en el tigre.Lo de siempre, digamos, pero con la fuerza del último mes, el vértigo del último mes: todos los miedos, todas las ansias, todas las expectativas, todas las ojeras, todos los llantos, en privado. Ahora somos tres, ahora un hilito de algo me sube desde algún extraño lugar de mi estómago y anda por todos lados, inunda todos los órganos. Ahora respiro hondo, tengo la panza dura, tengo la cabeza en cualquier lado y los pies calientes, calientes y cosquillosos. Ahora veo las puntas peligrosas de mi casa, las barandas del balcón, y a vos todas las mañanas, que me redondeas las puntas, me juntás el balcón y te acostás conmigo a ver de qué carajo viene la mano.

jueves

me comí un pibito

Me vi las venas violetas y verdes
como cuando hacía ojos en el bondi
o estiraba las piernas en un piso de madera
que con sus aureolas y astillas no me dejaban trepar y
salir al patio a tomar aire antes del desmayo.
Como todas y las pocas y únicas veces en que dije ya está:
un minuto en el mundo en una vereda de verano
pero sólo porque mucho antes había visto todas las aureolas
y todas las venas estallar una mañana en una cama
en invierno o en septiembre.
Mucho después de tomar taxis
y pensar en los amigos,
 de tomar lanchas
y tratar de encontrar una posición resuelta
para que él me viera así, resuelta.
Fue mucho, mucho antes de los viajes afuera,
de las mochilas enormes,
de dar teléfonos verdaderos cuando no falsos.
Fue un momento,
un minuto en el que me vi entrando por una puerta
en un pasaje
vi un patio y unos cortos
vi un perrote sobre mis piernas.
Fue antes de ponerme a gritar como una demente
que ahí estaba mi futuro ex novio, a dos metros
de lo que finalmente pareció haber sido careteable.
Y entonces
los domingos a la mañana
los sábados a la mañana
los sanguches de palta
los pequeños gestos de grandeza
caminar
los veranos
las estufas en invierno
el patio con aceitunas y cervezas a las cinco.
Y ahora la mañana
las doce y media
las seis y cuarto
la comida, la noche.
Todo.
Y ahora quiero todo
después de haber pensado que
no quería nada.
Todo desde la vereda, quizá desde el perrote
o desde el conventillo, o después.
Todo condensado en una luna que como
bartola cae de costado
y patea y canta y uy.

martes

Borro toda la discografía de kiss después de haber creído descubrir algo o pongamos que ahora hablo de mí y de que estoy embarazada

Encontré fanzines
diarios íntimos de los noventa
todos los elige tu propia aventura
cajas de madera
cajas de zapatos forradas con
cassettes
cartas
botones
fotos
boletos de colectivo
esmaltes
mis new balance azules del 93
carpetas de jardín
crayones
stickers
botellas de agua vacías
el libro de la nueva alianza
videos
discos
la video que no anda


Dije que encontré fanzines, diarios íntimos de los noventa, todos los elige tu propia aventura,
cajas de madera, cajas de zapatos forradas con cassettes cartas botones fotos boletos de colectivo ya borrados esmaltes, mis new balance azules del 93, carpetas de jardín, crayones, stickers, botellas de agua vacías, el libro de la nueva alianza, videos, discos,
la video que no anda

la cajita rosa flúo de los aparatos movibles.
la encontré a dani que volvió, encontré fotos de agus del 2010. 
una foto que no puedo creer
                                              de lo que no puedo creer
está empezando a aparecer
los encontré a mis hermanos
conmocionados
a mis viejos
mi tío
las abuelas
las amigas 
los kioskeros
los del chino
a mi gata.

Y ahora borro toda la discografía de kiss, después de haber creído encontrar algo. Y ahora me encuentro haciendo cosas que creía, hasta hace poco, apresuradas. Ahora me causa gracia cualquier decisión que trate de tomar a largo plazo. Ahora me da risa, me río y si antes tenía mis momentos de verdad, ahora ya no puedo decir nada más al respecto de nada.

Berrotarán

Fue el mismo verano en el que el arroyo de Berrotarán se secó: murieron las vacas y el aire se llenó del olor a podrido de las piedras secas, de los cueros secos tirados en la orilla, de la nube de mosquitos que marcaba los perímetros que no dejaban de repetirse en los metros en los que apenas se divisaba el hilo de lo que alguna vez fue un río en el que, por decirlo de algún modo, aprendí a nadar.
Fue el mismo verano en el que una mañana vi abierto y a la cruz al corderito que hasta el día anterior había sido mi mascota. Se morían las vacas y asaban las mascotas. Todos estaban del orto, en esa casa que se me presenta tan verde y  frondosa e interminable que no creo que jamás haya limitado con una ruta o una parada de interprovincial; ni siquiera con un camino cualquiera.

sábado

si en la música, en las ramas ves mi cara

Me desperté y supe que ya no quería librarle esa batalla estúpida al mundo, no podía levantar más esos adoquines que llevaba en vez de pies. Ahora cuando duermo de costado mi panza cae redonda con todo el peso de la fuerza de alguien. Y eso me aterra, me llena el cuerpo de efervescencia, de burbujitas que explotan a la altura de mi nuca. Y lo que queda de eso es un aire interno cargado de partículas y de cosas y de mí en mis rollers verde flúo, de la silla alta que me llevó tres costuras en la pera y de vos cuando me doy vuelta o siento tu mano que me envuelve, y en tu mano toda la electricidad y el cosquilleo de esas burbujas que también explotan. Yo avisé que iba a enloquecer, que me iba a llenar de burbujas que iban a salir de mi boca y de mis ojos y mis orejas. Mientras esperaba el bondi sentí cómo mi panza se expandía, se ensanchaba, cómo hacía lugar. Miré la calle y la vereda, la gente que estaba detrás de mí, miré los árboles pensando que eso había sacudido al mundo. Y creeme que lo sacudió.

jueves

la joyita de las once de la mañana

la chica del pandeiro un jueves a la mañana:


Yo, mi cara de Ana Frank y mi banda de rocanrol

Pelícano. Paracas, Pisco, Perú. Cuántas `P´.

Buenos días.
Soy Ana Frank. La cantante de Led Zeppelin.
Investigo.
La turbia relación que une a las casas
Con la calle

Línea sobre línea
Trazándose los días de a casa los nenes
Y sus caras que al moverse o esconderse
Marcan los tiempos de descanso y alerta

Letra tras letra
Resbalar por la nariz del que camina
Y caer al suelo para alguna perderse
Otra dar horror al que la encuentra

Veo rastros en la calle
De la noche que pasó pasando afuera
Encuentro, sobre todo, mugre. Escatológica
Industrializada, primitiva, incomprensible.

Yo con mi cara de Ana Frank tratando
De colarme en las escuelas.
Yo y mi banda de rock hemos llegado
Misteriosamente temprano.

Moneditas, moneditas, me hago
La que voy buscando moneditas
Yo y mi banda de rock se las robamos a mi viejo
Yo y mi cara de Ana Frank investigamos qué ha pasado.

Yo y mi cara de Ana Frank conversamos con viejitos.
Yo y mi banda de rock cruzamos puente Alsina.
Yo y mi cara de Ana Frank nos miramos el ombligo.
Yo y mi banda de rock liderando el odio a la ciudad.

En los umbrales anchos, qué habrá pasado
Anoche en Pompeya, en Valentín Alsina
Yo y mi banda de rock nombramos los lugares del misterio
Yo y mi cara de Ana Frank melancoleando el conurbano.

lunes

el hombro dislocado

Y lo cierto es que como lo que quiero lo defiendo con los hombros, a veces se dislocan y se llenan de nudos porque hago fuerza, y cuando ya no puedo con la fuerza, cuando ya no puedo dormir por los mundos, las personas, las medianeras y los miedos de nudo aparecen los que me empujan, me levantan y me hacen masajes.Y entonces duermo.

miércoles

esperando que diga algo, esperando que diga

Es muy probable que ya nadie la recuerde; yo lo hago sólo porque me acecha en la noche. Se mete entre mis sábanas y zumba mis oídos, se interna en mi cabeza mientras yo giro para la derecha y para la izquierda en posición fetal, mis dedos adheridos a la sábana con la fuerza y el anhelo del que necesita cambiar de sueño. Querer no es necesitar, dijo ella una vez en la cancha, minutos previos a desafiarme un picadito, como se atrevió a llamar.
Había visto mis rodillas huesudas para recién después fijarse en la cascarita que se alojaba justo en el pliegue de la articulación. Cáscaras que nunca se endurecen, que siempre se muestran llenas de moho y verdín de sangre y tierra. Un puntinazo en la rodilla y ya, habrá pensado para su triunfo. 
Lo cierto es que a ella ya no la recuerdan, salvo yo, pero sólo porque me acecha en las noches, dije. Parece perseguirme como si yo le hubiera sacado el novio, le hubiera soplado el asiento del colectivo o le hubiera hecho un caño. 

lunes

Prefiero el hombro dislocado

Entiendo y lo acepto, pero sólo porque cuido todo lo que quiero, todo lo que necesito, y es poco y es tan preciado, que cuando me despierto me sacude, cuando tomo café con leche me sacude, cuando cambia el semáforo.
Entiendo y lo acepto, pero sólo porque escucho un trueno, porque los tarros de rey momo se acumulan en la bocacalle y porque cuando lloro, sólo y siempre es de bronca. Porque lo que quiero lo quiero con todo y lo que no no lo quiero ni en pedo, nunca, en ninguna de sus formas. Porque me empecino con eso, porque formulo teorías estúpidas, porque le tengo miedo a todo lo que odio y que me roza, que tanteo cuerditas pedorras mientras el hombro se inclina para donde quiero ir, y la pierna es tironeada por algún monstruo que no es más que la parte de mierda que me habita, que las historias anteriores, que las personas que no valen. Formular teorías, hacer listas, reconocer en cada persona lo que no quiero, acercarme o alejarme. Reconocerlo, ante todo, para que ganen los hombros y las piernas no tengan más para hacer que flotar, que caerse, golpearse y reconocer, que ampollarse. Las piernas sólo tienen que quebrarse ante la verdad, ante los minutos en el mundo, ante los espasmos y las pequeñas pelotudeces que tienen pero tanto, tanto que ver conmigo. Por eso lo elijo, todos los días, aunque las tironeadas de pierna de por medio y en los medios, aunque los ataques de bronca, de inseguridad. Porque así es que puedo cruzar todas las veredas, puedo poner todos los discos y ver todas las fotos.

sábado

Semen up

Quizá para saber que era el final sólo hubieran sido suficientes quince minutos más en el sillón con todos ellos: habíamos hecho un club de lo miserable, sí, pero sólo después de haber brillado y encantarnos entre las planchas de neón de la calle betlem que jamás antes había tenido tantos puntos chillones, ni tantas visitas.
Antes de caminar  por esas veredas angostas todos habíamos pasado una temporada en el sillón, en pijamas, los brazos por todos lados, las piernas enredadas, los ojos que no podían más.
A uno de ellos lo habían dejado hacía menos de unas horas y entonces llegaba ella que venía de coger con el vecino sin antes haber dejado de coger con el que tocaba la guitarra en el bar de la noche anterior. Ahí él arqueaba el mentón por primera vez en siglos y trataba de entender: la seguía y le preguntaba cosas que ella eligía contestar con respuestas evasivas, con otras preguntas, con un qué se yo.
Entonces yo me cogía un mexicano que llevaba un picante de bolsillo: a la mañana bien temprano cuando todos se tiraban en las sillas y hacíamos café, el mexicano sacaba su picante y entonces alguno le hacía algún comentario estúpido sobre el picante y el café y el mexicano no se iba más. Una mañana el mexicano me habló de méxico y de una mudanza y de que trabajara como profesora en df, y yo le dije que sí, me gustó pero quería dormir y entonces él habló más y más mientras yo me ahogaba entre las sábanas, mientras me dolía la cabeza, mientras no quería nada.
El mexicano había sido un respiro después de una temporada de sillones, pero sin darme cuenta empezó a impregnarse en mi cuarto y de pronto todo comenzó a oler a picante. Me llamaba mientras yo pensaba que iba a venir otra vez y otra vez iba a traer su picante, cuando yo lo único que quería eran tostadas a la mañana y tereré a la tarde, estupideces que estuvieran llenas de mí o el bosque de santa teresa,  la limonada de las yungas o un huequito para dormir.

martes

De súbito

De súbito, estalló la guerra. Se abrió como una bomba de azúcar
arriba de las calas. Primero, creíamos que era juego;
después, vimos que la cosa era siniestra. El aire quedó
ligeramente envenenado. Se desprendían los murciélagos
desde sus escondites, sus cuevas ocultas caían a los platos,
como rosas, como ratones que volvieran del infinito,
todavía, con las alas.
Por protegerlos de algún modo, enumerábamos los seres y las cosas:
"Las lechugas, los reptiles comestibles, las tacitas...".
Pero, ya los arados se habían vuelto aviones; cada uno, tenía
calavera y tenía alas, y ronroneaba cerca de las nubes, al alcance
de la manos pasaron los batallones al galope, al paso. Se prolongó
la aurora quieta, y al mediodía, el sol se partió; uno fue hacia el este,
el otro hacia el oeste. Como si el abuelo y la abuela se divorciaran.
De esto ya hace mucho, aquella vez, cuando estalló la guerra,
arriba de las calas.


De "Los papeles salvajes" 1991

miércoles

Enero es un poco de vae parecó

Puedo llamarte a las 2 de la mañana y encontrarme con una mujer que me intercepta el deseo pidiéndome un prefijo,  y yo no sé si estás en salsipuedes o curuzú cuatiá.
Y los chingolos piensan que cuando estás conmigo estás con un símbolo guaraní, una cachipeló o añamenbuí. Lo único que me dejó el litoral fueron malas palabras. Lo único que me dejó paraguay fue el dolor paraguayo, y unas ganas locas de los 27´.
Un viento mueve las nubes y aleja los mosquitos y las juanitas. Pido sfijas mientras pienso en Tucumán como una guerra y mis orejas como sus trincheras. Vinchas y bambula. Chalecos naranjas y los únicos carteles en el pueblo, que dicen contramano. Las canciones de fogón siguen siendo las mismas, aunque yo siempre haya preferido la máquina de hacer pájaros. Un momento, a veces, sólo es descriptible desde los insectos que (me) lo  violentan. Veo un abejorro y me voy a los 90`, a una pupera y un corpiño para unas tetitas incipientes que tiemblan ante el pinchazo. No traje papeles ni libros propios: no quería pecar de pelotuda. Pero acá estoy, escribo mapas y me cruzo una vez más con la mina rubia de anteojos que veo desde que tengo 19. Recién hablé cuando me quedé sin música y necesitaba estacas para el huracán: mi voz salió como de una alcantarilla. Y esta vez juro que no hay un dijo, hay unos envases por los que entra la luz de un reflector lleno de bichos que no conozco, y tres horas de sueño con la espalda torcida; hay un pibito que para en la plaza de mi casa y me dice que viene del whisky y va por un porro. Y para qué decir cualquier cosa, si me ayuda con los parantes. A veces el sueño se me acumula en treinta y siete años, a veces sólo puedo comportarme como un animal atravesado por un montón de historias inconexas, de escenas contradictorias. Pero todo termina cuando cae el jabón en la bañadera y te veo llegar, ahora, mientras las calles de tierra sobrevuelan furiosas.
Se ha producido un error en este gadget.
(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

en Cobstrucción

en Cobstrucción
¡Cuidado! Hombres Trabajando