martes

¿Sos puta o sos borracha? me habría preguntado el señor de la barra, si hubiera habido un señor en la barra

Una de esas tardecitas en las que se secan las esquinas y el viento caliente se amontona en el vértice de la pared blanca del bar y se cuela por el agujero de madera ensanchada para llegar al fondo de la barra, a la anteúltima botella del tercer estante que se tambalea dos o tres veces, y estalla en el suelo.
Un pueblito de polvo de ladrillo que se mete en las uñas y entre los dedos de los pies, de los días de tierra en la cara y el pelo revuelto. Y empujo la puerta del bar de la esquina del vértice que está hinchada de humedad y de tierra y de historias de borrachos y de putas, de putas con borrachos y de borrachas que se emputecen. Y antes de que yo me tire con el hombro, estiro los brazos hacia los bordes de la puerta y empujo con todo lo que tengo de furia, de odio, de amor, vergüenza, de vieja, de hipócrita y de verdad. Y cuando el señor de la barra me pregunte que qué tal me va le voy a contestar que bien, que lo estoy dejando todo y cuando me pregunte que qué quiero tomar le voy a pedir té de tilo frío con limón.

4 comentarios:

d dijo...

que sean dos y que al mío le cuele un rivotril.

lurba dijo...

jajaja
volvé en un tiempito o te voy a ir a buscar de los pelos, insolente.

f. m. dijo...

vos y el té de tilo frío

lurba dijo...

ojalá pudiera decir lo mismo de vos, fm de napalm

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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

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