domingo

todos los días pájaros, y los que no, tres tragos

Así de fácil: mientras desparramaba sus miserias en mis brazos abiertos hablaba de la fortuna que acechaba en todo lugar donde arremetieran las puntas de mis dedos.  Me impresioné, lo admiré y al final no le creí nada.
Lo primero que supe es que era uno más de esos que toman tres tragos sólo para poder entrar a la casa y decir, como al pasar, hola. Después pensé en la obligada flecha entre los tres tragos y como al pasar.
Pero entonces poco importaba hablarle de la plenitud o del olor a la mañana del once de enero. Sólo podía pensar en los tres tragos y en la estrella que me atribuía. Poco importaba que yo quisiera mostrarle todo lo que había aprendido o le contara de esos pocos minutos en el mundo en que me deshago en átomos y alguien lo nota. Y él en seguida dijo que entonces ese alguien debe morir porque ahora y desde ese momento sabe demasiado. Y creo que por eso me quedé. Por eso y para contarle que así cualquiera quiere tostadas todos los días y luz entre las persianas.

5 comentarios:

Fede dijo...

"o le contara de esos pocos minutos en el mundo en que me deshago en átomos y alguien lo nota" eeeh, esta es linda frase. beso

lurba dijo...

eee gracias fede!

f. m. dijo...

fortuna q acecha!! eso es miedo al éxito!!

f. m. dijo...

fortuna q acecha!! eso es miedo al éxito!!

lurba dijo...

¿me estás apurando dos veces mich?

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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

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