sábado

citadel o los aliados

Hablaba de la revolución pero a veces había noches en las que sabía que se iba a dormir con ganas de agarrar un palo de amasar y salir a tomar un rancho en la punta del límite de la frontera de algún lugar, una parada en medio de la ruta que ni siquiera simule ser una terminal improvisada. Después comía un tostado y cantaba los últimos tres minutos y medio de un disco antes de se termine la pila mientras caminaba por la calle rogando mendruguitos de música hasta la esquina, al menos. Me dijo anoche "Boluda, cómo no voy a ser el mejor garche? ¡tengo proyector!" y el vino que había empezado a respirar después de andá a saber cuántos años se desparramó desde la copa al sillón, desde mi boca hasta todo lo que pudiera caminar llorar caerse a un pozo. Tomar un rancho y tratar de impedir el estallido del vino que desde un momento se había vuelto inminente, catastrófico a veces: los codos se aflojan y de pronto las rodillas, la luz de mi cuarto a la tarde o un tanque de agua.

2 comentarios:

Dani Trabuchi dijo...

jajajajajajajajaja.

trash y autobiográfico.
qué bueno cuando un iluminado recuerda las frases inmemorables de noches al azar.

lurba dijo...

trash y autobiográfico.
creer o reventar. o creer

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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

en Cobstrucción

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