martes

leave the gun, take the cannoli o los martes en familia

Lo bueno de los italianos es que tienen un corazón grande enorme- dijo una vez mi abuela. Mientras la otra delira poemas porno en un geriátrico de lujo y se enoja porque no los cuelgan en la vitrina -amén de las malas palabras que versifica-, ella enloquece porque ya no tiene quince años y el whisky dejó de amoldarse a su estómago como una guinda. Por cosas como éstas es que los hombres de mi familia mueren primero: llegar a ese punto de no retorno está destinado exclusivamente a las que heredaron tetas y caderas y dos erres y dos efes que, aparentemente, quedarán sólo en nosotras.
Un martes en el que se juntan tres parciales, la separación de una -al parecer apresurada- convivencia y el despido de un trabajo. Mientras mi vieja plancha un pantalón y espera que se enfríe la tarta de verdura (porque la carne ya está más que condimentada), llama por teléfono y dice mi amor no te preocupes, va a estar todo bien, pensá en el parcial. (Lo dice dos veces a dos personas diferentes y por no iguales razones). Entonces cuando cuelga y retoma la plancha me dice que no hay nada peor que te rajen de un laburo. Pero yo le digo que sí, y que es que te rajen de dos y entonces me mira y se le llenan los ojos de lágrimas porque tuve razón, pero me olvidé de decirle que además era una broma (porque me olvido que a veces tengo que justificar las bromas que hago sobre mí).
Entonces mi vieja se baña y yo dejo los atracones del estudio y vacío el mate mientras mi viejo saca una jarra de jugo y una botella de cerveza sólo para que nos sentemos a comer sabiendo que bastan quince minutos para los gritos y las carcajadas de los martes en familia.

2 comentarios:

hoytomate dijo...

las cenas en familia, despliegue de las sobras íntimas del día.
besito

lurba dijo...

vendetta en la plata por mi. beso

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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

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