martes

vermouth con papas fritas

En un momento de la velada de los primeros treinta años de mis padres y justo después de darles mi regalo lo dije y lo aseveré: Bueno, recordarán que tengo planeado irme a la mierda el año que viene, así nuevito empezadito. Mi vieja se quejaba de lo chiclosa que estaba la carne, mi viejo estaba maravillado por lo espumoso que encontró el puré de calabaza. Bueno, está bien - dijeron y de inmediato comenzaron a hacer cuentas. De todos modos no es una pregunta- creo que dije yo. Y mi viejo alzó su espiritosa bebida incolora mientras invitaba a brindar al resto de los comensales y yo, en ese mismísimo instante, cacheteaba la copa y la hacía estallar en el suelo porque brindar con agua trae mala leche. Muy mala leche, dicen.
Más tarde mi vieja no quiso tomar champagne, y mientras mi viejo y yo, con la ropa y las mañas y la cara venida del trabajo, hablábamos de viajes y detectives en la cocina dijo que basta de champagne para pini porque se está trastablillando. Pero yo siempre trastablillé papá. Y mi vieja hablaba de los putos y de los corruptos y del amor a la enseñanza que tienen ciertos profesores. Mi viejo se agarraba la cabeza y repetía el precio del perfume que ella le regaló por sus treinta años pero más que nada porque, por primera y única vez, él no le había regalado nada. Todavía me parece escucharlo detrás de la pared, todavía pienso que está esperando a que ella se duerma para ir a ver cuál es el frasco más vacío, y todas esas cosas que -según mi vieja- es exclusiva de su generación. A mi me parece mal que vayas a trabajar con zapatillas- dice mi vieja y mi viejo asiente con su puré de calabaza. Cuando tengas tu editorial vas a poder andar en patas- replica él. Pero sólo y mientras tanto yo juego para el equipo del mozo, que no retiene nada de nada ni sabe cuándo está cocida una bondiolita de cerdo. MI bondiolita de cerdo. Pero yo juego para él y entonces hago que mis viejos también lo hagan. Y todo sale bien.
Y después lo de siempre: esperamos las burbujas que suben y suben y explotan y en medio de todo eso yo les digo que tienen que viajar más, y ellos a mí que tengo que ser más previsora, y en un momento donde ya no hay retorno me dicen que me quieren y yo les digo requefelices treinta años.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

jaa... ayay nuestros padres...

ruth (yeH)

Anónimo dijo...

los míos, después de los 50, decidieron divorciarse. no habría problemas con eso, si lo cierto no fuera que lo deberían haber hecho a los 30.
besos

fre dijo...

mencanta(s)

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