martes

Papeles encontrados de un paradero desconocido

Sín título*


los astros
las almas
la comunión.
no me tocás en la cama
pero tus talones me rozan.
Puede que en el siglo VII
los súbditos se encolumnaran como dientes,
quizá también hacían el amor.
También y además hacían el amor,
quizá en un país destemplado o
en la apertura inaudita
de una madera que se abre,
se abre
al aire del mundo
y después no puede más.
¿Mi pueblo? Canastos de ropa
adheridos al polvo de ripio.
Mi corazón es un pueblo desgarrado.


*Cecilia Summertime (1957-), nacida en Junín, Buenos Aires. Su último libro El conjuro de los humores (2003) obtuvo una mención especial en el LXVI Congreso de Literatura Alternativa de Barcelona (CLAB). Además publicó Influencias en el día fuera del tiempo (M Editores: 1999) y Recuerdos de Asia (en colaboración con Felipe Taboada).

domingo

FloraYFauno dice que ya empezó la primavera




los invitamos a la Usina Cultural del Sur
porque
aunque no parezca es primavera
y lo festejamos el viernes
con barra a precios populares, la genia de paula trama y
mucha gente linda y soltera.

Viernes 2 de octubre
23 hs
Bulnes 326
entrada: 5pe.

the monster

me dijo anoche que el único problema de estar borracho es que uno cree encontrar la verdad en todos lados.

martes

vermouth con papas fritas

En un momento de la velada de los primeros treinta años de mis padres y justo después de darles mi regalo lo dije y lo aseveré: Bueno, recordarán que tengo planeado irme a la mierda el año que viene, así nuevito empezadito. Mi vieja se quejaba de lo chiclosa que estaba la carne, mi viejo estaba maravillado por lo espumoso que encontró el puré de calabaza. Bueno, está bien - dijeron y de inmediato comenzaron a hacer cuentas. De todos modos no es una pregunta- creo que dije yo. Y mi viejo alzó su espiritosa bebida incolora mientras invitaba a brindar al resto de los comensales y yo, en ese mismísimo instante, cacheteaba la copa y la hacía estallar en el suelo porque brindar con agua trae mala leche. Muy mala leche, dicen.
Más tarde mi vieja no quiso tomar champagne, y mientras mi viejo y yo, con la ropa y las mañas y la cara venida del trabajo, hablábamos de viajes y detectives en la cocina dijo que basta de champagne para pini porque se está trastablillando. Pero yo siempre trastablillé papá. Y mi vieja hablaba de los putos y de los corruptos y del amor a la enseñanza que tienen ciertos profesores. Mi viejo se agarraba la cabeza y repetía el precio del perfume que ella le regaló por sus treinta años pero más que nada porque, por primera y única vez, él no le había regalado nada. Todavía me parece escucharlo detrás de la pared, todavía pienso que está esperando a que ella se duerma para ir a ver cuál es el frasco más vacío, y todas esas cosas que -según mi vieja- es exclusiva de su generación. A mi me parece mal que vayas a trabajar con zapatillas- dice mi vieja y mi viejo asiente con su puré de calabaza. Cuando tengas tu editorial vas a poder andar en patas- replica él. Pero sólo y mientras tanto yo juego para el equipo del mozo, que no retiene nada de nada ni sabe cuándo está cocida una bondiolita de cerdo. MI bondiolita de cerdo. Pero yo juego para él y entonces hago que mis viejos también lo hagan. Y todo sale bien.
Y después lo de siempre: esperamos las burbujas que suben y suben y explotan y en medio de todo eso yo les digo que tienen que viajar más, y ellos a mí que tengo que ser más previsora, y en un momento donde ya no hay retorno me dicen que me quieren y yo les digo requefelices treinta años.

domingo

sobre la velocidad de un minuto en el mundo

Creo que lo que me pasaba en ese entonces era algo así como una fascinación por sus dientes: cuando abría la boca todo mi cuerpo chocaba con ellos sin haberlos tocado. Aunque se coronaran ni siquiera se trataba de eso. No eran perfectos. Eran más que nada amables. Y la amabilidad del azar es como la verdad de ciertas cosas que luego se chocan con otras que no por menos azarosas son menos ciertas. Y fue en esas épocas que, entre todo eso y justo en el medio, estaba yo.



Acercamientos en 2004

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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

en Cobstrucción

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¡Cuidado! Hombres Trabajando