viernes

Aureolas en todos lados

Aceitunas y jugo de manzana. Querer tocarte un martes a las tres y veinte de la mañana. Los talones en verano. Regar las plantas. O tener. Regarlas a la tarde. En medio de una tardecita violeta y rosa (eso cantaron anoche). El aire en los hombros. ¡Devuélvanme el aire en los hombros!- grita una mujer que apunta con un paraguas.
Pero yo preferiría el accidente

lunes

mejor una fiesta de día o nlarinz

¡Pasala, pasala luana!- escucho que gritan pero cuando levanto la vista no veo nada y alguien aprovecha para gritar corner.
Pero antes de eso había metido dos goles, y antes asado y gin tonic, y sol y fernet. Morrones con huevo frito y cerdo. Vino. Vacío y mariposa. Y antes de eso hubo unos colombianos que decían "estoy que me bailo". Y antes de eso no hubo nada.

sábado

Yo había prometido ser puntual

A veces me paro sobre una vereda que, como una mano en el cuello, me deja leer cuando lo único que quiero es ponerme a llorar. Me dijo que se había despertado porque escuchó que ella se picaba a su derecha. Que entre sueños sentía un brazo que, temblando, lo rozaba: desde los hombros hasta la rodilla. Le dije que yo la conocía y que jamás me pareció que tuviera los brazos tan largos como para cubrir todo un hemisferio de su cuerpo. Me dijo que era verdad pero que esa mañana los brazos de ella se habían vuelto kilométricos, kilométricos y muy pálidos, con puntos rojos. Como cuando yo tengo mala circulación. Se estaba picando, me dijo, y temblaba y yo sentía sus temblores en todo el cuerpo: sentía chispazos de electricidad en la panza, pinchazos en los codos, en la pija. Le dije que me parecía un modo sórdido de despertarse, aunque en realidad sabíamos que no hace falta que se piquen a nuestro lado para amanecer horrible. No sé si la volvió a ver. O si ahora es mejor músico o por fin escribió buena poesía. Pero a veces a la noche cuando cruzo de vereda (y sólo puedo llorar cuando en realidad quiero leer) pienso en él y en los temblores, en unos brazos kilómetricos que se sacuden una mañana mientras entre las tablas de la persiana intenta filtrarse (por favor) un poco de luz.
Se ha producido un error en este gadget.
(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

en Cobstrucción

en Cobstrucción
¡Cuidado! Hombres Trabajando