jueves

hay un pueblo en mi cabeza

Todo lo que la pasiflora me da de noche me lo saca a la mañana. Del tilo y la valeriana ni te digo. Cierro la puerta de mi cuarto, bajo un poco la persiana pero las tablas quedan apenas separadas. (Me despierto antes de que se haga de día). Pero todo empieza cuando cierro la puerta de mi cuarto. La frazada se vuelve rarísima a mis codos, el perchero se pone loco: escupe carteras y sacos y bolitas paraguayas y chinas. Al farol le queda un hilo de luz que relampaguea cada tanto y siento en la cara el flash de alguna cámara muy vieja. Salen las personas de las fotos de la plancha de corcho y de pronto en mi cuarto se escuchan pasos y pasos y alguno que tropieza y se abre la pera con la cabecera de la cama. Y me despierto y se enciende la tele y suena el celular y todo se dispone a que no me quede dormida: mi gata maulla desde el cuarto de mi hermana y mi viejo deja la luz de la cocina encendida para que otra vez no me lleve puesto el lechero que una vez mi vieja vio en la feria de no sé dónde y que, aunque no entraba en el auto, ni tenían cambio ni sabía para qué carajo lo quería, hoy te invita a pasar a mi casa.

2 comentarios:

La Duquesa Mermelada dijo...

paraaaa!
Yo también vivo ahí!!
jajajajjaj
excelente
;)

lurba dijo...

ja. liber tenes un piquete en tu cabeza.

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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

en Cobstrucción

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¡Cuidado! Hombres Trabajando