sábado

Cuando ya es muy tarde para que apretes Cancelar Cancelar Cancelar

Me dijo que le molestaba que en la calle algunas personas caminaran tan pero tan cerca de él que parecía que efectivamente caminaban sobre él, que le pisaban el talón de las zapatillas o le bajaban apenas las medias. Después lo pensó un poco y dijo que en realidad no era que le molestara, pero que tampoco sabía exactamente qué era. Volvió a pensarlo. Me dijo que era como una competencia silenciosa entre dos personas que comen personas, que se comen así mismas. Un pleito entre autofagocitadores, me dijo. Y yo dibujé la palabra en mi cabeza, le puse parámetros y me permití dos o tres licencias de asociaciones libres. Me dijo que podían empezar comiéndose un brazo, y que quizá alguno se atragantaría cuando llegara al codo, que incluso podría llegar a ponerse pálido o un poco violeta, que se quedaría sin aire pero sin embargo no dejaría de tragar su propia piel, de tragarse los músculos, las venas, los pelos y los lunares sin siquiera masticarlos. Pero yo no le sugerí que en realidad no se hartaban de sí mismos, porque claro, también están todas las guerras que yo no elijo.

5 comentarios:

flor. dijo...

aY Louana, Louana... ¿Acaso esas "dos o tres licencias de asociaciones libres" fueron las que impidieron apretar CANCELAR a tiempo?

Beso en la frente. Cuídate.

variedad de frutas dijo...

nunca es tarde, y si nadie lo entiende, vos viví tranquila en tus actos cancelados.

después de todo, el infierno son los demás.

lurba dijo...

no, mis asociaciones están bien ruthie. y d, qué manera de dinamitar.

variedad de frutas dijo...

jajajaja.
nono, solo incoherenciar.
no quiero estudiar
NO
NO
NO, quiero ir a correr por el prado no soleado de mi patio con caca de coco y con coco.
perdón, estoy quemada, española 1.

flor. dijo...

ehhh pootopoootoo no me agregá vo' ehhh!!!! agregáme el blog ehhh pootoopooto ehh!!!

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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

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