miércoles

Nuestras ideas sobre vietnam

From: xxxxxxxx@hotmail.com
To: xxxxxxxx@gmail.com
Subjet: Las paredes de la pensión parecían estar hechas de carne. Carne cruda y carne a la plancha, indistintamente*‏

 te propongo:

mañana vamos juntos a lo de juampi? no pudimos hablar solos desde hace más de un mes, y asumo responsabilidad al respecto. Podemos (y seguro nos sucederá) perdernos por florida, y ¿qué puede ser lo peor que nos pase? que charlemos y caminemos un poquito.

otra (y esta rozaría lo garca de no ser porque me conocés) es que si no prestaste la carpa y no te la llevás a ese lugar donde decir "vale más que un perú" tiene tanto más sentido que en muchos otros lugares, me la lleves mañana.

yo voy a estar en casa, así que cualquier cosa llamame.

* me di vuelta para buscarlo

martes

c´mon and love me

forma parte de todo lo eléctrico que es arribar a un campo desconocido, con un dueño que porta una escopeta.
hubo una grada, un reflector y un bajo de veinticinco minutos. una mano en la cintura y una siesta de doce horas.
y lo cierto de todo esto es que no escribo porque no entiendo.
¿te acordás esas noches en las que salías a refugiarte del viento en la esquina de una calle y otra calle?

martes

¿Sos puta o sos borracha? me habría preguntado el señor de la barra, si hubiera habido un señor en la barra

Una de esas tardecitas en las que se secan las esquinas y el viento caliente se amontona en el vértice de la pared blanca del bar y se cuela por el agujero de madera ensanchada para llegar al fondo de la barra, a la anteúltima botella del tercer estante que se tambalea dos o tres veces, y estalla en el suelo.
Un pueblito de polvo de ladrillo que se mete en las uñas y entre los dedos de los pies, de los días de tierra en la cara y el pelo revuelto. Y empujo la puerta del bar de la esquina del vértice que está hinchada de humedad y de tierra y de historias de borrachos y de putas, de putas con borrachos y de borrachas que se emputecen. Y antes de que yo me tire con el hombro, estiro los brazos hacia los bordes de la puerta y empujo con todo lo que tengo de furia, de odio, de amor, vergüenza, de vieja, de hipócrita y de verdad. Y cuando el señor de la barra me pregunte que qué tal me va le voy a contestar que bien, que lo estoy dejando todo y cuando me pregunte que qué quiero tomar le voy a pedir té de tilo frío con limón.

cualquier cosa que pudiera caminar llorar caerse a un pozo

Me preguntó anoche si recordaba cómo era despertarme sin jamás haber tenido miedo,
caminar resuelta y en ojotas por un camino improvisado de piedras lleno de culebras y alacranes.

Cruzabas el alambrado y de antemano y a lo lejos veías al dueño, su boina, la escopeta en mano. Veías a los cebúes romper el alambrado y caminar afuera de tu casa, los ruidos a la noche. Las tardes después de la lluvia: todos los huecos del jardín se inundaban y las tarántulas salían a respirar: veías desde la ventana multitudes peludas que se paraban en dos patas, hacían equilibrio unos segundos para después saltar unos centímetros sin una aparente dirección predeterminada. Y lo sabías porque por primera vez estabas en medio de la nada, y lo primero que viste fue un patio lleno de huecos y con las ramas que caían de los eucaliptos hurgabas y metías y apretabas contra el fondo, para después gritar y salir corriendo cuando se hiciera presente lo que nunca hubieras esperado ver. Lavabas la bici roja con una manguera sólo para aprender, sola y en vivo, que cuando hay agua salen las arañas, y que siempre vienen de a dos.
Manejabas un machete: cortabas una víbora como un salamín. Y ahora te despertás por el sol entre unas persianas de bambú que nada traen de eso. Abrís los ojos, bruscos, y pedís cambiar de sueño, mirás el techo y pedís cambiar de sueño.
Después le contás que querés asaltar un rancho, navegar un pantano o caminar entre maíz, aunque el maíz te lastime las pantorrillas. Ves los pastizales largos y sabés exactamente todo lo que puede haber ahí, y lo que le agregarías. Pero después metés todo eso en ochenta metros cuadrados y las paredes rebalsan porque la pintura se dilata y sólo les queda estallar, romperse en partículas y explotar el chino de abajo, el colegio de al lado, la cruz roja de la esquina. Y si explotan salen víboras y muchas cartas de los noventa, frascos de bichitos de luz y la espada del ojo del augurio, salen todas las camas y todas las veces que te mediste en una pared, y en la misma pared nunca hubo más de dos marcas.
Pero está bien. Abrís los ojos y te bancás lo que venga, porque no te queda otra. Levantás la vista y entonces alguien dice que ve una mancha y víboras y pantalones cortos de flores.

Y está bien.

Abrís el balcón de par en par una tarde cuando el sol está rojoamarillonaranja y ves en ochenta metros cómo explotan todas las paredes de todas las casas: cómo vuelan las víboras, las cartas de los noventa y las primeras veces de todas las cosas de todos.

lunes

los goles de lunes a lunes

Hubieron noches en las que devorábamos las letras de los teclados o la tinta de los boletos de colectivo. Hubieron días en los que nos manchamos con el diario y en seguida nos rascamos la cara:
rompimos cajas de cigarrillos persiguiendo la parte blanca, bajo el designio del mendruguito de la punta del lápiz, rallamos las hojas mientras intentábamos que las biromes tuvieran algo más, por favor, para escupir. Después estaban las que escribían entrecortado.
Hubo noches que fueron grabadas: en pelotas, en la parada de algún colectivo. Hubieron guitarras y cajas de pizza. Hubo mucha cerveza descartable, panfletos, dnis, libros.
Y ahora qué.
Abajo se escucha una batería,
a la mañana un taladro y los chicos de la escuela de en frente que con sus vocecitas gritan lareconchadetumadre o putodemierda,
los goles de lunes a lunes,
las señoras de taco aguja que piden el asiento,
las reuniones de consorcio
y las películas online.

jueves

El fin del club del tránsito es dígale no.

Antes de que esto vuelva en forma de remeras, los formantes, contribuyentes y militantes en carne viva de lo que fue el club del tránsito dicen que pueden, por la adscripción a una extraña travesía o la extremada estupidez, decir dígale no.

a los solemnes
a ciertos gorros en ciertos personajes
a continuar la etapa del tránsito pasivo
a retrasar la caída del proceso de tránsito
a los cuartos como cajas
a las personas como cajas
a las carlitas
a los misteriosos y cortantes planos a cámara de todos los pauls
a los líderes pedorros
al espíritu de la escalera

sábado

citadel o los aliados

Hablaba de la revolución pero a veces había noches en las que sabía que se iba a dormir con ganas de agarrar un palo de amasar y salir a tomar un rancho en la punta del límite de la frontera de algún lugar, una parada en medio de la ruta que ni siquiera simule ser una terminal improvisada. Después comía un tostado y cantaba los últimos tres minutos y medio de un disco antes de se termine la pila mientras caminaba por la calle rogando mendruguitos de música hasta la esquina, al menos. Me dijo anoche "Boluda, cómo no voy a ser el mejor garche? ¡tengo proyector!" y el vino que había empezado a respirar después de andá a saber cuántos años se desparramó desde la copa al sillón, desde mi boca hasta todo lo que pudiera caminar llorar caerse a un pozo. Tomar un rancho y tratar de impedir el estallido del vino que desde un momento se había vuelto inminente, catastrófico a veces: los codos se aflojan y de pronto las rodillas, la luz de mi cuarto a la tarde o un tanque de agua.

domingo

todos los días pájaros, y los que no, tres tragos

Así de fácil: mientras desparramaba sus miserias en mis brazos abiertos hablaba de la fortuna que acechaba en todo lugar donde arremetieran las puntas de mis dedos.  Me impresioné, lo admiré y al final no le creí nada.
Lo primero que supe es que era uno más de esos que toman tres tragos sólo para poder entrar a la casa y decir, como al pasar, hola. Después pensé en la obligada flecha entre los tres tragos y como al pasar.
Pero entonces poco importaba hablarle de la plenitud o del olor a la mañana del once de enero. Sólo podía pensar en los tres tragos y en la estrella que me atribuía. Poco importaba que yo quisiera mostrarle todo lo que había aprendido o le contara de esos pocos minutos en el mundo en que me deshago en átomos y alguien lo nota. Y él en seguida dijo que entonces ese alguien debe morir porque ahora y desde ese momento sabe demasiado. Y creo que por eso me quedé. Por eso y para contarle que así cualquiera quiere tostadas todos los días y luz entre las persianas.

viernes

Antes los pibes nos cortejaban: ahora y a veces se caen de minita

Caminamos por Córdoba con minch en medio del verano y con dos helados del futuro. Pero antes nos habíamos visto en un espejo público mientras añorábamos ciertas facetas de los dieci.Y antes de eso alguien dijo: vos sos una mujer-ave, pero sólo después de haber dicho: yo soy un gato-nutria-volador. 




(Y eso es como decir, hoy y más que siempre, una línea recta hacia).

martes

cinco cervezas y dos años y medio después

Me preguntó anoche si recordaba lo que era levantarme en medio de un cerro,
ver la cumbre para anticipar la tormenta o las tardes húmedas de sol.

Salías al balcón de un primer piso y veías el cerro ¿no extrañás eso?, me preguntó anoche.
Le dije que sí, y que además recordaba haber llegado a una ciudad desierta un diez de enero, le dije que también me acordaba cuando, de un momento a otro, la ciudad desierta se pobló de chicos con bombuchas que mientras me acorralaban me miraban el culo. Al principio me incomodó hablar porque delataría mi condición de forastera. Pero después les dije que iba al hospital y casi sin darme cuenta (y gracias al juego de quemar las retinas) mantuve el simulacro hasta la puerta de la Clínica Modelo.
El cerro siempre nos volvió locos. El baúl de un renault dieciocho rural provisto para una cantidad de personas infinito puntito rojo respecto de Sebastián y de mí. Hablar de Germán, de las cartas previas a un viaje a Brasil.
Cuando nos dábamos cuenta siempre era de día: en el cerro, en la terraza, en mi balcón, en los banquitos de abajo de casa. Siempre una guitarra y siempre fernet. Y yo odiaba el folclore y en ese entonces lo que el fernet le hacía a mi estómago.
Sí, me acuerdo el momento exacto en que pasó todo lo que pasó:
El ruido del balde que se llenaba y escuchar desde la cama que abajo y siempre a las siete en punto Juan no cerraba nunca bien la canilla,
ir al video póker de Muñecas y comer sanguchitos de miga y coca o fernet en vez del colegio,
ratearme y encontrármela a mi vieja de frente en la calle,
ver llegar a mis hermanos,
abrir la clase de historia durante dos años seguidos porque la Mataca deducía que como yo era porteña entonces:
puta
drogadicta
jipi
prepotente.

Y que entonces debía pagar por eso.

Me acuerdo de Agustín, y de cómo una noche y pocas semanas antes de irme vino a casa y recién después de cinco cervezas y dos años y medio dijo que no quería ser mi amigo, que nunca había querido ser mi amigo. Y yo le dije que era un tarado. Así que no fuimos amigos por el tiempo que quedó: poco más de un mes entre cajas, preparando matemática, pegada a los banquitos, agarrada del pasto del cerro y caminando de la mano. Era verano y nos tirábamos en la galería de mármol que daba a plaza Urquiza, en ese momento lo único en Tucumán que no llegaba a los cuarenta y dos grados.
Me dijo que se acordaba de mis desmayos, y de lo ridícula que me veía con el frasquito de sal gruesa. Y qué querías que hiciera, veía todo negro y de pronto me estabas levantando del suelo. Que una vez casi me desnuco, y que él empezó a ponerse nervioso y fue un momento horrible.

Me preguntó si recordaba lo que era levantarme en medio de un cerro,
ver la cumbre para nunca haber anticipado ni la tormenta ni las tardes húmedas de sol.


viernes

domingo

yo me muevo entre las cosas

Te quiero explicar:
Sucedió un día como hoy, que es como decir hoy, y decirlo dos veces:
Una luz me daba de lleno.
Algunos no podían dejar de dejarlo todo.

jueves

en flores y en sandías

Me pongo una pollera
y no construye ningún puente.
Me pinto los ojos
y no es buen músico.
Le digo basta papafrita, no te lo digo más.
Y cuando no se lo digo más
escribe los mejores cuentos,
inventa los mejores lugares
y se convierte en un genio.
Lo que dice es tan lindo
que cuando habla quiero que se callen todos.
Que todo se quede en silencio y lo
escuche.
Pero no a mí,
no quiero que vean cómo muevo los pies
en ese momento.
Espamos chiquitos como rápidos.
(Estiro la punta de los dedos, como para alcanzarlo, como para cubrirlo y agarrarlo con la punta de los dedos de los pies).
Y ya no quiero puentes:
no quiero música
ni poesía.
Quiero una bici.

martes

leave the gun, take the cannoli o los martes en familia

Lo bueno de los italianos es que tienen un corazón grande enorme- dijo una vez mi abuela. Mientras la otra delira poemas porno en un geriátrico de lujo y se enoja porque no los cuelgan en la vitrina -amén de las malas palabras que versifica-, ella enloquece porque ya no tiene quince años y el whisky dejó de amoldarse a su estómago como una guinda. Por cosas como éstas es que los hombres de mi familia mueren primero: llegar a ese punto de no retorno está destinado exclusivamente a las que heredaron tetas y caderas y dos erres y dos efes que, aparentemente, quedarán sólo en nosotras.
Un martes en el que se juntan tres parciales, la separación de una -al parecer apresurada- convivencia y el despido de un trabajo. Mientras mi vieja plancha un pantalón y espera que se enfríe la tarta de verdura (porque la carne ya está más que condimentada), llama por teléfono y dice mi amor no te preocupes, va a estar todo bien, pensá en el parcial. (Lo dice dos veces a dos personas diferentes y por no iguales razones). Entonces cuando cuelga y retoma la plancha me dice que no hay nada peor que te rajen de un laburo. Pero yo le digo que sí, y que es que te rajen de dos y entonces me mira y se le llenan los ojos de lágrimas porque tuve razón, pero me olvidé de decirle que además era una broma (porque me olvido que a veces tengo que justificar las bromas que hago sobre mí).
Entonces mi vieja se baña y yo dejo los atracones del estudio y vacío el mate mientras mi viejo saca una jarra de jugo y una botella de cerveza sólo para que nos sentemos a comer sabiendo que bastan quince minutos para los gritos y las carcajadas de los martes en familia.

lunes

un montón de minutos que pudieron haber sido un viaje

Dijo que no sabía exactamente en las cosas en las que se detenía. No entendí. Volvió a decírmelo. Le pedí que cambiara las palabras. Hablaba de detalles, y al hablar de detalles se explayaba como nunca nadie lo hizo antes nunca. Ah, los huecos los lunares los huesos las muecas de la boca el modo en que sostiene un vaso o un cigarrillo o a mí? Sí. Eso mismo. Le dije que hubiera empezado por ahí, que me hubiera dicho que de pronto en cualquier lugar y en cualquier momento, aparece. ¿Un minuto en el mundo?. Sí! un minuto en el mundo, dije. Ah, pero hubieras empezado por ahí: los huecos los lunares los huesos las muecas la forma de agarrar un vaso, un cigarrillo o a mí.

jueves

el lado b (parte II)

Están los pequeños gestos de grandeza y también los gestos de mierda. Los domingos de asado al mediodía en una terraza con amigos y los domingos rotos. Existen los jueguitos pedorros y también plantarse e ir de frente,
la limonada maldonado en botella de vidrio
existe el cerro san javier (porque yo lo ví)
existen los momentos de verdad
y todo el resto de los momentos.
existe la explosión de una mochila en un colectivo y existe un amigo que te la arregla con dos pajitas violetas. existe que (al fin y por primera vez en el día) te rías y le digas que encima te combina con lo que llevás puesto.
Están las cervezas en la vereda y acurrucarte en invierno. Existe taparse por miedo con una sábana cuando hay 35°. Están además los roces
de pieles
de miradas
de manos
de piel de gallina
de sábanas (otra vez).
También los aniversarios,
los buenos y los otros.
Existe ponerte fucsia
Existe decir creo que quiero todo con vos y curtite te vas a la mierda.
Existen los mendruguitos de música una noche de frío mientras volvés a casa
Están los semáforos en rojo.
Los banquitos de sarmiento, el terror en la cancha de atlético, la culpa, las mejores palabras, las limitaciones, el verano y los viajes y los detectives. Lo rancio. Existe deshacerse en átomos un minuto en el mundo. Existe un lugar que se llama el cementerio de elefantes y un momento en el que todas las sillas pierden una pata y caes de espaldas, los lunares y las fotos, la cerveza con amigos, y respirar.

martes

Papeles encontrados de un paradero desconocido

Sín título*


los astros
las almas
la comunión.
no me tocás en la cama
pero tus talones me rozan.
Puede que en el siglo VII
los súbditos se encolumnaran como dientes,
quizá también hacían el amor.
También y además hacían el amor,
quizá en un país destemplado o
en la apertura inaudita
de una madera que se abre,
se abre
al aire del mundo
y después no puede más.
¿Mi pueblo? Canastos de ropa
adheridos al polvo de ripio.
Mi corazón es un pueblo desgarrado.


*Cecilia Summertime (1957-), nacida en Junín, Buenos Aires. Su último libro El conjuro de los humores (2003) obtuvo una mención especial en el LXVI Congreso de Literatura Alternativa de Barcelona (CLAB). Además publicó Influencias en el día fuera del tiempo (M Editores: 1999) y Recuerdos de Asia (en colaboración con Felipe Taboada).

domingo

FloraYFauno dice que ya empezó la primavera




los invitamos a la Usina Cultural del Sur
porque
aunque no parezca es primavera
y lo festejamos el viernes
con barra a precios populares, la genia de paula trama y
mucha gente linda y soltera.

Viernes 2 de octubre
23 hs
Bulnes 326
entrada: 5pe.

the monster

me dijo anoche que el único problema de estar borracho es que uno cree encontrar la verdad en todos lados.

martes

vermouth con papas fritas

En un momento de la velada de los primeros treinta años de mis padres y justo después de darles mi regalo lo dije y lo aseveré: Bueno, recordarán que tengo planeado irme a la mierda el año que viene, así nuevito empezadito. Mi vieja se quejaba de lo chiclosa que estaba la carne, mi viejo estaba maravillado por lo espumoso que encontró el puré de calabaza. Bueno, está bien - dijeron y de inmediato comenzaron a hacer cuentas. De todos modos no es una pregunta- creo que dije yo. Y mi viejo alzó su espiritosa bebida incolora mientras invitaba a brindar al resto de los comensales y yo, en ese mismísimo instante, cacheteaba la copa y la hacía estallar en el suelo porque brindar con agua trae mala leche. Muy mala leche, dicen.
Más tarde mi vieja no quiso tomar champagne, y mientras mi viejo y yo, con la ropa y las mañas y la cara venida del trabajo, hablábamos de viajes y detectives en la cocina dijo que basta de champagne para pini porque se está trastablillando. Pero yo siempre trastablillé papá. Y mi vieja hablaba de los putos y de los corruptos y del amor a la enseñanza que tienen ciertos profesores. Mi viejo se agarraba la cabeza y repetía el precio del perfume que ella le regaló por sus treinta años pero más que nada porque, por primera y única vez, él no le había regalado nada. Todavía me parece escucharlo detrás de la pared, todavía pienso que está esperando a que ella se duerma para ir a ver cuál es el frasco más vacío, y todas esas cosas que -según mi vieja- es exclusiva de su generación. A mi me parece mal que vayas a trabajar con zapatillas- dice mi vieja y mi viejo asiente con su puré de calabaza. Cuando tengas tu editorial vas a poder andar en patas- replica él. Pero sólo y mientras tanto yo juego para el equipo del mozo, que no retiene nada de nada ni sabe cuándo está cocida una bondiolita de cerdo. MI bondiolita de cerdo. Pero yo juego para él y entonces hago que mis viejos también lo hagan. Y todo sale bien.
Y después lo de siempre: esperamos las burbujas que suben y suben y explotan y en medio de todo eso yo les digo que tienen que viajar más, y ellos a mí que tengo que ser más previsora, y en un momento donde ya no hay retorno me dicen que me quieren y yo les digo requefelices treinta años.

domingo

sobre la velocidad de un minuto en el mundo

Creo que lo que me pasaba en ese entonces era algo así como una fascinación por sus dientes: cuando abría la boca todo mi cuerpo chocaba con ellos sin haberlos tocado. Aunque se coronaran ni siquiera se trataba de eso. No eran perfectos. Eran más que nada amables. Y la amabilidad del azar es como la verdad de ciertas cosas que luego se chocan con otras que no por menos azarosas son menos ciertas. Y fue en esas épocas que, entre todo eso y justo en el medio, estaba yo.



Acercamientos en 2004

viernes

que me bailo, digo

En realidad quiero las cuestiones simples, las que después de
ir y
venir
y
volver y
enredar
y
pinchar
siempre y desde un principio estuvieron ahí a mano
.

lunes

y las azucenas


humor de superhéroe dice:
que están durmieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeendo
los naaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaRdos
y las azuceeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee-eeenas
d. dice:
jajajajajajajajajaj
luloaaaaana
como va?
humor de superhéroe dice:
bien y vos dunga del futuro?
d. dice:
jajaja
bieeen
haciendo mi pagina web
es un laburon boluda
humor de superhéroe dice:
y si. pero es para vos, culosucio
d. dice:
of course
espero ser famosa pronto
porque me estoy rompiendo el culito
humor de superhéroe dice:
of course
espero ser famosa pronto
porque me estoy rompiendo el culito
dejame usarlo
d. dice:
obvio
todo tuyo
humor de superhéroe dice:
claro. Y de paso ayuda a tu famosidad
porque yo soy half famosa como vos
d. dice:
jajajajajajajajaja
la famosidad obra de maneras misteriosas
humor de superhéroe dice:
!

d. dice:
jajajajajaja
humor de superhéroe dice:
somos geniales d
nunca nadie nos lo va a quitar

d. dice:
jajajajaja
espero
mira si mañana viene alguien
y nos lo quita
humor de superhéroe dice:
nah. entre tanta minita nosotras pasamos desapercibidas
nadie se dio cuenta todavía
d. dice:
jajajajajaja
nos tapa XXXXXX
humor de superhéroe dice:
ponele

viernes

Sí, sí. Está bien. Lucía y sus crónicas de universidad pero una seguidilla de mails entre Lucre y J.S (...)







Lucrecia es una estudiante de Letras que no necesita de encuentros. Este es el primer acercamiento al perfil de un plagio que sólo es inmoral por innecesario.

25 de julio

Hola, Lucrecia. Primerísimo: confirmar que lucnarinas@gmail.com es la dirección electrónica de Lucrecia Pérez Laguna (nunca intercambiamos e-mails). Si no, mis disculpas. Si sí, aquí va: Estoy cerrando el paquete del cuatrimestre: evaluaciones y notas. Y encuentro que no tengo ningún registro de que me hayas entregado el trabajo escrito. ¿Se trata de algo que se me traspapeló o nunca lo entregaste? Necesito respuesta urgente. Si se trata de una omisión mía, mis disculpas, pero con la misma urgencia mandame el trabajo. Si la omisión fue tuya… bueno… Cordial, y a la espera.
Julio S.

27 de julio
Hola, Profesor. El trabajo fue entregado el miércoles 10/07. Entonces, definió mi trabajo como "un juego sugerente pero por momentos oscuro y caprichoso". Tal vez la oscuridad haya provocado el olvido. Adjunto el trabajo.
Saludos, Lucrecia

27 de julio
Gracias, Lucrecia, por la pronta respuesta. Querrás decir que lo entregaste el 10/06. ¿Yo lo definí así? ¡Las cosas que uno dice/escribe! No recuerdo las circunstancias en que lo leí, tal vez junto con otros seis escritos (dirás que siendo trabajos de una página –aunque muchos duplicaban y triplicaban la extensión–, ese total no hace demasiado bulto). La cosa es que ahora, releído, solo, sin apuro, me parece precioso, producto de una fina sensibilidad, si se admite el adjetivo poco fino. ¡Cuántas injusticias cometeremos los que evaluamos, sometidos a diversidad de factores condicionantes de nuestras falibles decisiones! Hoy mi retórica está insufrible… Es la química de los calmantes (en el prospecto, entre los efectos secundarios, advierten, junto a mareos y náuseas, “anacronismos de estilo”). Sólo tropiezo en esta frase (más allá de algún subrayado que repara en la sintaxis): “Es en el traspaso de la metáfora a la imagen, sin embargo, que la nostalgia se le escapa al tango” etc. No porque me moleste el “traspaso” donde esperaría “paso” ni la serie de los que galicistas, donde la lengua solicita como, sino porque no sé de dónde sacás que donde está la imagen hubo o pudo haber una metáfora. Y anoto, además, que no es la pareja de baile la que cierra los ojos (igual tu enumeración es muy buena): ¡iría derecho a la colisión con otra pareja o con una mesa!, sino la mujer, para “dejarse llevar” mejor (horror del feminismo) y entrar en una especie moderada de trance danzante. Olvido todo, oscuridades y alumbrados: sólo me salva la persistencia de mis apuntes y la retención de la copia electrónica o papel. Pasa que se me extravió.
Cordial, Julio S.

27 de julio
Gracias por las devolución. Creo que fui un poco injusta en el mail anterior no recordándole que el trabajo le había gustado en su primera corrección y que las observaciones me parecían por demás acertadas. En cuanto supere la etapa intuitiva, le escribiré nuevamente para consultarle sobre la monografía.
Saludos, Lucrecia

27 de julio
¡Ah! Ahora sí.
J.

miércoles

al teléfono un día estúpido a una hora todavía más estúpida

divertido hasta que ladeás la cabeza una vez. La primera.
Increíble hasta que lo hago yo.
Después uno se queda con la luz que pasa por entre las persianas, y detalles pelotudos por el estilo.
Y está muy bien.

viernes

Aureolas en todos lados

Aceitunas y jugo de manzana. Querer tocarte un martes a las tres y veinte de la mañana. Los talones en verano. Regar las plantas. O tener. Regarlas a la tarde. En medio de una tardecita violeta y rosa (eso cantaron anoche). El aire en los hombros. ¡Devuélvanme el aire en los hombros!- grita una mujer que apunta con un paraguas.
Pero yo preferiría el accidente

lunes

mejor una fiesta de día o nlarinz

¡Pasala, pasala luana!- escucho que gritan pero cuando levanto la vista no veo nada y alguien aprovecha para gritar corner.
Pero antes de eso había metido dos goles, y antes asado y gin tonic, y sol y fernet. Morrones con huevo frito y cerdo. Vino. Vacío y mariposa. Y antes de eso hubo unos colombianos que decían "estoy que me bailo". Y antes de eso no hubo nada.

sábado

Yo había prometido ser puntual

A veces me paro sobre una vereda que, como una mano en el cuello, me deja leer cuando lo único que quiero es ponerme a llorar. Me dijo que se había despertado porque escuchó que ella se picaba a su derecha. Que entre sueños sentía un brazo que, temblando, lo rozaba: desde los hombros hasta la rodilla. Le dije que yo la conocía y que jamás me pareció que tuviera los brazos tan largos como para cubrir todo un hemisferio de su cuerpo. Me dijo que era verdad pero que esa mañana los brazos de ella se habían vuelto kilométricos, kilométricos y muy pálidos, con puntos rojos. Como cuando yo tengo mala circulación. Se estaba picando, me dijo, y temblaba y yo sentía sus temblores en todo el cuerpo: sentía chispazos de electricidad en la panza, pinchazos en los codos, en la pija. Le dije que me parecía un modo sórdido de despertarse, aunque en realidad sabíamos que no hace falta que se piquen a nuestro lado para amanecer horrible. No sé si la volvió a ver. O si ahora es mejor músico o por fin escribió buena poesía. Pero a veces a la noche cuando cruzo de vereda (y sólo puedo llorar cuando en realidad quiero leer) pienso en él y en los temblores, en unos brazos kilómetricos que se sacuden una mañana mientras entre las tablas de la persiana intenta filtrarse (por favor) un poco de luz.

jueves

Las cartas de amor

de mamá

Hace un mes:


Luciana:
Ordená tu cuarto y sacá todas tus cosas del comedor porque hoy hay visitas. Tenés cinco abrigos en el comedor: guardá ALGUNO. Sacá los apuntes del escritorio porque el final lo rendiste hace 3 meses. No hay nada para comer. Me fui a yoga. Besos, mamá.-

Hoy:

Pini:
No dejes MAS ropa tirada en tu cuarto así lo mantenés x lo menos ordenado. Yo te levanté la ropa del piso. Hay ropa tuya en la cocina. POR FAVOR guardála. Almorzá lo que quedó de la lasagna de verdura. Me fui a pileta.-

viernes

los traidores o los momentos de vergüenza

Todo bien con los borrachos, pensé anoche. Pero todo mal cuando cada vez que estoy en un momento de verdad vienen a charlar o a pedir algo y le dicen al que está conmigo que vea cómo me río, qué plena que me veo, que qué fuertes son mis ojos, que qué bien que nos vemos cerca. Y me tira toda la estrategia al carajo.

jueves

hay un pueblo en mi cabeza

Todo lo que la pasiflora me da de noche me lo saca a la mañana. Del tilo y la valeriana ni te digo. Cierro la puerta de mi cuarto, bajo un poco la persiana pero las tablas quedan apenas separadas. (Me despierto antes de que se haga de día). Pero todo empieza cuando cierro la puerta de mi cuarto. La frazada se vuelve rarísima a mis codos, el perchero se pone loco: escupe carteras y sacos y bolitas paraguayas y chinas. Al farol le queda un hilo de luz que relampaguea cada tanto y siento en la cara el flash de alguna cámara muy vieja. Salen las personas de las fotos de la plancha de corcho y de pronto en mi cuarto se escuchan pasos y pasos y alguno que tropieza y se abre la pera con la cabecera de la cama. Y me despierto y se enciende la tele y suena el celular y todo se dispone a que no me quede dormida: mi gata maulla desde el cuarto de mi hermana y mi viejo deja la luz de la cocina encendida para que otra vez no me lleve puesto el lechero que una vez mi vieja vio en la feria de no sé dónde y que, aunque no entraba en el auto, ni tenían cambio ni sabía para qué carajo lo quería, hoy te invita a pasar a mi casa.

lunes

El Jueves 18


















Nuestra querida
FLOR
se hizo cargo y finalmente nos presenta Parrhesia.

Además van a leer libertad la fructuosa
la porno petit y sofi britos (?)

y dani va a proyectar fotos ¿del grupo de amigos?

El jueves 18 de junio a las 20 hs
En el bar Goyeneche: Santa Fé 1375 - Martínez

jueves

hasta los huesos

Si te vas por más de dieciseis horas y volvés y te esperan con una lasagna que aunque de verduras, es una lasagna. Te sirven vino y te preguntan cómo te fue mi amor, pero vos lo único que querés es llenar la bañadera hasta que quedes arrugada, hasta que te duelan las yemas de los dedos, que se vuelvan punteagudas, que adivines la forma que van a tomar. O cuando piensa que no puede retenerte ni un segundo más, que te vas como arena y él cae como plomo. Que cruzas el río, que no lo dejás jugar en tu vereda, que es una vereda de mierda. Hasta los huesos. Hasta los huesos de llenar la bañadera y taparte a la noche con lo que puedas, de que los talones no te den más desde que suena un despertador que ni siquiera es tuyo. Pero de pronto, como si nada, un momento de verdad.

Lo aislás, lo guardás como. Después el despertador y los talones y las yemas de los dedos, pero a veces y cada tanto pensás que si no es el soplo es un momento de verdad. Y el cuerpo no espera. Está atento.

lunes

Flora y Fauno dice: Rearte presenta + Cella lee + La Forma y Linda-Linda tocan + Al ver verás hace música para ver y más


Viernes 12 de junio
21 hs

Juan Rearte presenta: últimos 55 min de la mañana

invita a leer a Susana Cella
invita a tocar a La Forma y Linda Linda
invita a performar a Al ver verás


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Usina Cultural del Sur | Bulnes 326
Esperamos verlos ahí



domingo

los tobillos, la cintura y el cuello o un manto de piedad para mí, por favor






















No me chicanees ni me hables de algoritmos o del cerro san javier. Estoy asfixiándome, dijo ella hace unos minutos y yo me vi enredada entre cinta de video: los tobillos, la cintura y el cuello. Ojalá me atraparan así, de ese modo, otras cosas.
Así que para mí, aceitunas con morrón, y mortadela sin pimienta, por favor.

viernes

camisetas y pelusas o lo estrictamente personal

No vamos a apagar incendios ni a pegar el azulejo roto del baño que con su punta filosa me destruye los pies todas las mañanas en todo lo que hago. Decís que llegás tarde a la revolución porque tu jefe te pide que te quedes cuarenta minutos más en el trabajo para que hagas-cortes-pegues-plastifiques un cartel para la oficina de su jefe. Y cuando salís ya estallaron las bombas y los pocos que se animan caminan convalescientes y hay heridos y la calle está caliente, la calle que no puede más. Llevas una trincheta y una escuadra pero estás descalzo y lloras entre el humo de unas bombas que no entendés de qué se hacen. Te mudas a mil doscientos kilómetros sólo porque yo lo hice primero, y claro, después están todas las bombas que no interrumpís y todas las veces que no me tocas con tus dedos llenos de pólvora porque no llegaste a tiempo.

sábado

Cuando ya es muy tarde para que apretes Cancelar Cancelar Cancelar

Me dijo que le molestaba que en la calle algunas personas caminaran tan pero tan cerca de él que parecía que efectivamente caminaban sobre él, que le pisaban el talón de las zapatillas o le bajaban apenas las medias. Después lo pensó un poco y dijo que en realidad no era que le molestara, pero que tampoco sabía exactamente qué era. Volvió a pensarlo. Me dijo que era como una competencia silenciosa entre dos personas que comen personas, que se comen así mismas. Un pleito entre autofagocitadores, me dijo. Y yo dibujé la palabra en mi cabeza, le puse parámetros y me permití dos o tres licencias de asociaciones libres. Me dijo que podían empezar comiéndose un brazo, y que quizá alguno se atragantaría cuando llegara al codo, que incluso podría llegar a ponerse pálido o un poco violeta, que se quedaría sin aire pero sin embargo no dejaría de tragar su propia piel, de tragarse los músculos, las venas, los pelos y los lunares sin siquiera masticarlos. Pero yo no le sugerí que en realidad no se hartaban de sí mismos, porque claro, también están todas las guerras que yo no elijo.

domingo

La buena noticia sos vos

Todo el hombre de un hambre que camina, con los pies pesados, sobre unas baldosas de lugares comunes, sobre un piso que no tiene relieves ni huecos ni granito ni nada. De unas palabras detrás que dicen cosas que yo adivino pero que no siempre entiendo. Todo hombre que camina tras de mí pero sólo uno que tiene algo que es mío, encerrado en una flor encontrada con colores fuertes y vivos y jóvenes y caducos, pero una flor que no conozco, que no nombro porque no sé cómo se llama, porque no sé cómo le pusieron.
Arriba y abajo, te elijo entre los huecos y los remolinos, entre las aureolas de la pata de la cama, entre la silla que cae, inevitable, y raja el piso que no tiene relieves ni huecos ni granito ni nada.

martes

A la mañana, un bretel, media espalda. Vos tenías que ser hermosa; yo había prometido ser puntual.

Un montón de huesos debajo del amor en unas sábanas usadas que tienen otra caligrafía. Te corrés a la derecha para estar más a la izquierda, y si me tomo un minuto en el mundo estoy atravesada, enredada entre las sábanas, cubierta de huesos, cubierta de deseos y cajitas de esqueletos de mandarina.

sábado

Soy una iguana, una flor

Te desintegras, se te dilatan los poros, te deshaces en átomos y moléculas y astillas y aire a cada rato de cada noche cada vez que te tomás quince minutos. O algo así.

jueves

¿Que qué me pasa a mí cuando un momento se detiene, se detiene y se detiene? te veo y estoy en casa

Una de las patas de las sillas de todo el mundo desaparece (la gente cae, incomprensible, en el mismo instante), no podemos pedir perdón por las mujeres de todo el mundo. Sí, sí, ya lo sé. Basta. Ya entendimos todo eso, zaraza.

martes

El grupo de amigos o la despedida de gente que no sabe muy bien por qué está ahí

Al día siguiente, ya cuando anochecía, todos se arreglaban y algunos dudaban todavía si aparecer para despedir a la entrañable Juana Orozco. Urtiña había decidido llevar una corbata que le habían regalado hacía algunos años y que jamás había usado, Cecilia había cambiado un vestido con escote por otro más decoroso, Taboada buscaba algún par de medias limpias en el lavadero, Mangione prendía y desprendía los botones de su saco al ver que siempre quedaban irregulares y, al final, Juana Orozco se quitaba con papel higiénico los rastros de un lápiz labial demasiado intenso.

domingo

Con amor

No voy a discutirlo: alguien que se detiene en los veinticinco es una persona que no esquiva la amargura, aunque la síntesis que hago sea injusta y tan simplista. Es como hablar de si la gente escribe con o sin amor. Escuché que dijo que ella se parecía tanto, tanto a su protagonista que no sólo había dejado de merecerlo sino que él además había dejado de quererla. Y después hay un héroe en cada barrio y todos pelean por el pito más grande y sin embargo, ella es la única que sobrevive y siempre, siempre los sobrevivirá a todos. Las mujeres mueren después, las mujeres morimos tarde. No puedo pedir perdón por todas las mujeres de la historia, dice una Cecilia que se apellida Summertime. Soy estúpida y soy fácil, pero brillo, dice una mujer que tiene diecinueve uñas y arrastra un zapato por toda la ciudad mientras le cuenta a todos que es detective privado.




lunes

entre las calles

Entre todas las casas y entre todas las sábanas, yo elijo. Y aunque me pinte las uñas y no construyas ningún puente, me ponga una pollera y no seas un buen músico. Entre todos tus huecos y todas las portadas, yo elijo. Hay un cacharro que se vuelca pero que no derrama nada. Yo elijo. Yo elijo entre todas las calles.

viernes

Vendrá una escalera y una puerta, después un escenario enfrentado a cien butacas de terciopelo rojo, o Carlita.

Miércoles. Dos minutos antes de que Carla encabece lo que ciertas mujeres identifican como una guía del comportamiento femenino, guarda su cuaderno y descansa los párpados sólo un instante. Luego vendrá una escalera y una puerta, después un escenario enfrentado a cien butacas de pana rojo:
-Bienvenidas al Club del Tránsito- dice apoyada sobre el escritorio de un anfiteatro que antes había sido utilizado para encuentros de una religión alternativa proveniente de Brasil.
A los once años, Carla escribió un ensayo acerca de la influencia cabalística en la poesía gauchesca y, tanto La Academia como los medios de prensa ponen en duda, aún hasta el día de hoy, si la magnánima obra del nobel Joaquín Rodríguez Puenza, El gaucho y la cábala, fue inspirada en el texto de la pequeña. Aún así, Carla decidió que su camino habría de forjarse con andamios de otro tipo:
-Carla, hola, soy Patricia. Estoy en pareja hace tres años y no veo ninguna señal que indique que mi novio vaya a pedirme casamiento. Tengo treinta y ocho y quiero tener un hijo.
Carla siempre había odiado el comportamiento de su género ante las estúpidas inclemencias del sexo masculino, ante la bobería y la crueldad. Su punto fuerte de crítica eran las amas de casa:
-Entiendo, Patricia. Apuralo, llegás a tu casa y lo planteas pero no pierdas más el tiempo. Los hombres no son indecisos, sólo son unos perfectos evasores. ¿A qué te dedicás?
-Soy ama de casa.
-Bien. ¿Alguien más?
-Sí, Carla, me llamo Noelia. El sábado fui al cine y a cenar con un chico y estamos a jueves. Mis amigas dicen que ya me va a llamar, que se hace el difícil, pero yo ya no sé, y a mi me gustó mucho.
- Bueno, lo que… - no termina de decir Carla cuando, incontinente, una mujer de voz suave decide tomar la palabra:
-Pero también hay que considerar las situaciones extraordinarias, mirá por ejemplo si perdió tu teléfono, o tuvo algún accidente, o si le cuesta expresar lo que le pasa.
-¿Cómo te llamás? –pregunta Carla a la eterna fabricadora de nubes.
-Liliana.
-Bien. Noelia, olvidate de todo lo que acaba de decir Liliana. Los teléfonos no se pierden y las personas no se accidentan, y el ochenta y nueve por ciento de los hombres con los que debe estar acostumbrada a salir terminaron la primaria, así que no es un tema de expresión. No le debés haber gustado tanto, y eso no es malo, pero no por eso vas cerrarte a una sola posibilidad, tenés que salir y seguir adelante.
El público reacciona satisfecho ante la lucidez de esta mujer que pareciera quitar, una y otra vez, el velo de sus ojos. El Club del Tránsito fue, gracias y a partir de Carla, un compendio filosófico en la vida de toda mujer que se encontrara entre los veintisiete y los cuarenta y tres, y rebasar los límites de esta franja era inadmisible para Carla porque ella no tomaba en serio a las mujeres de menos de veintisiete y no veía solución para las de más de cuarenta y tres.
A la noche, después de cenar y mientras toma café, Carla dedica tiempo a la lectura de aquello que fue la esencia del Club del Tránsito: un pequeño cuaderno con una cinta roja que describe, con relevantes observaciones, veintiséis mujeres, veintiséis sentencias acerca de las mujeres que alguna vez frecuentó su ex novio Fabián. Cuando decidieron terminar la relación Fabián olvidó, entre tantas cosas, el diario que había llevado toda su vida y que dedicaba exclusivamente a las mujeres. Veintiséis eran las descripciones, veintiséis casos diferentes, pensó una vez Carla y luego pensó que en realidad las esencias originales eran seis o siete y el resto combinaciones del tipo A-B, B-X-, C-F.
Hasta el momento sólo se había permitido la lectura de los primeros dieciocho casos, y las conclusiones eran deducidas de notas como: Nadia, le gusta acurrucarse, cuatro llamados al día, el quinto con voz ronca y vengativa. Soledad, quiere hijos, no le gusta su culo, virgen. Así, Fabián había removido el velo de los ojos de Carla, por eso cuando se enfrentaba a una multitud de mujeres sedienta de técnicas y lógicas de una filosofía del comportamiento femenino Carla no vacilaba en realizar las combinaciones en su cabeza luego de una pregunta: G-H y un poco de E, pensaba antes de contestar a la mujer que, si expresaba su deseo de ser madre, no debía perder el tiempo, usar más polleras y perder la timidez.
Miércoles. Vendrá una escalera y una puerta, después un escenario enfrentado a cien butacas de terciopelo rojo:
-Bienvenidas, veo menos gente, eso es bueno –dice Carla y el público ríe conforme.
-Carla, me puse de novia luego de dar vueltas por un tiempo y mi novio me dice que tiene ganas de extrañarme, que quiere tener momentos de espontaneidad y que no necesitamos saber todo el tiempo lo que el otro está haciendo. No sé, pienso que quizá está con otra y eso me genera una doble inseguridad que hace que esté más encima de él y todo se vuelve un círculo vicioso, no sé qué hacer.
-Los hombres se sienten acogotados de la nada, una se olvida una hebilla en el lavatorio y ellos empiezan a sentir que les invadimos el lugar, que nos queremos casar y pintar las paredes de rosa. Alejate, que te extrañe, concentrate en vos y en lo que querés.
-Si, perdón, vos, la de la remera verde, estabas con la mano levantada- dice Carla mientras estira el cuello para poder observar a la aún desconocida víctima victimaria.
-Sí, Carla, me llamo Belén, pero a mí me pasa lo mismo que a la chica que preguntó recién. Y lo entendí.
El aire de pronto se encuentra plagado de miradas de aprobación, de alivio. Carla no suspira, sólo mueve un poco el pie derecho, lo hace resbalar sobre la alfombra. A nadie parece haberle pasado algo diferente o nuevo y entonces Carla decide saludar y salir de ahí.
M-N-K-H piensa Carla mientras lee los casos diecinueve, veinte, veintuno y veintidós. En las anotaciones observa que comienzan a filtrarse comentarios poco útiles: hay una Florencia que no se depila, una Valeria que no se da cuenta y vive con lagañas en los ojos. No sirve, Carla no puede sacar nada de ahí, después piensa en las cosas que Fabián tendrá de ella, en si lo que tiene le servirá para algo.
Lunes. Carla enciende y apaga la tele, pone y saca películas de la videocasetera, lee un capítulo de siete libros diferentes, se recuesta sobre el sillón y luego descuelga la ropa. Antes de acostarse lee los casos veintitrés, veinticuatro veinticinco, y se lee a ella misma. Fabián escribió: Carla, tabique torcido, le gusta andar descalza, más inteligente que yo. Eso conduce a una flecha y debajo dice no.
Miércoles. A las siete de la tarde nadie toma el ascensor, tampoco a las nueve. Habrá una Liliana, una Belén, una Patricia. Llueve y en el subte está concentrada toda la ciudad, los vidrios empañados, los paraguas colgando. Vendrá una escalera y una puerta, después un escenario enfrentado a cien butacas de terciopelo rojo, o no.

domingo

Puedo batirte un café

Saco un poco del tabaco de mi cigarrillo, me pongo una remera y salgo al balcón. En la esquina luces y gritos y bailes y bombas y el micrófono en una mano equivocada. Mi vecino el guitarrista toca un poco de set me free pero al segundo se queda en silencio y después me parece escuchar el televisor.
Después pienso que no quiero que me llamen más desde la cárcel, ni que vos me pidas que sea puta y decente.

viernes

Un momento por favor

Me pide que me tome un momento para ver lo que pasa y cuando me detengo me tiemblan las rodillas y veo que debajo de un cielo rosa estoy yo.
Me pide que le de la mano para caminar porque está borracho y no ve nada de noche en el bosque y cuando le doy la mano un hilo de voz intenta decir algo antes de tropezar con una piedra para caer y, al final, desaparecer en la oscuridad.
Después ya no me pide más nada.

jueves

Sacate la franela, dijo y yo no podía dejar de pensar que había dicho franela.

El primer café que pidieron al aprender yo a manejar una cafetera fue una lágrima. No puedo imitar las veloces voces que siguen a una propaganda radial. Franela, dijo franela. Después seguro viene y me dice que su banda de rap se llama Genocidio Cero. Y en vez de pensar que acaba de decir franela pienso que preferiría estar en pollera revoloteando las piernas, con pequeños espasmos que al mismo tiempo son suficientes.
Un personaje entra a un bar cualquiera y pregunta ¿Es esto Barcelona? Y después el capítulo del cuento habla de calles y luces y un policía que se coge a una pelirroja en una habitación barata y no tanto. Y ella lo llama mi verdadero y único amor, aunque quizá sea al revés.
Me da mucha risa cuando me decís con tono solemne que los playmobiles no tienen rodillas, Gavin.

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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

en Cobstrucción

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