sábado

Y que esté bien

Llegar a mi casa es escribir un poco y comer algo parecido a un lemon pie envasado. Por lo menos hoy, y este mismo día pero de la semana pasada, y de la anterior a esa. Se me cayeron encima todas las hojas de un árbol en una parada donde sacarse un auricular con disimulo no era -en lo más mínimo- tener precaución.
Quiero dormir, dormir, dormir, dormir, dormir. Después levantarme y andar en remera; estar nueve horas, treinta y dos, y que esté bien. Subir una persiana o dejar todo a oscuras. Hacerte té o mate, batirte un café.
Quiero llegar y apoyar los bolsos para luego sacarme los zapatos. Quiero reírme y tocar el banjo, y tocarlo mal y que esté bien. Después quiero acostarme y dormir dormir dormir dormir.

2 comentarios:

flor. dijo...

Yo creo que, en realidad, todo eso es lo que está bien (el lemmon pie, dormir ochenta horas y bajar persianas) y el resto del mundo, totalmente equivocado, lo vive con culpa porque todavía no se dio cuenta. Ah! Yo una vez, a los cuatro años, rescaté a un pichón de ser desgarrado por un gato. Como supuse que estaba sediento y muerto de calor -era verano-, sumergí su cabeza en un vaso de agua. (Glup!)

lurba dijo...

jaja

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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

en Cobstrucción

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¡Cuidado! Hombres Trabajando