martes

Pasar el brazo por detrás de tu espalda en un semáforo en rojo y llamarte mi amor

Urtiña y Liliana Flux no dijeron nada, sólo se retiraron y él la ayudó a subir al auto. Mangione, al parecer, hacía rato que ya no estaba con ellos, y ninguno supo determinar en qué momento se fue. Juana Orozco y Eugenio Tucson dijeron que sus teléfonos estaban en la agenda de Mario Flux (esto le sugirió a Taboada un comentario anterior a su aparición, un murmuro entre dientes de Liliana Flux sobre la agenda) y le dijeron que los llamara. Luego presentaron una última reverencia a la tumba y se despidieron. Esa tarde Taboada caminó hasta su casa: el traje que con esmero había preparado para la aparición en público se volvió insulso y desgarbado, el cuello de la camisa percudida, la corbata irregular. Cuando entró, Cecilia estaba en bombacha y tenía algodón entre los dedos de los pies. Miraba televisión mientras se pintaba las uñas en el sofá y tarareaba alguna canción.

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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

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