martes

¿Y qué vas a hacer cuando le caiga sangre desde la frente y ya no quieras tocarla?

Como si la piel pudiera caerse, como si la carne se abriera y como si eso bastara, me dijo una noche el estúpido mientras me bajaba la presión, empezaba a ver todo negro y me daba la cabeza contra la punta de la mesa de luz.

jueves

la palabra pija y la palabra napoleón

Qué es lo que me llevaría en caso de poder elegir sólo una cosa. Pienso en un disco pero después me decido por el buzo azul. Me subo el cierre de la campera mientras imagino la casa: ella debe estar en bombacha sentada en el piso del baño y debe tener frío en el culo, pero se queda ahí. A esta altura ya debe haber dejado de llorar, bastan dos minutos y una imagen en su cabeza para que lo vuelva a hacer. La cama debe estar toda revuelta y la luz de la cocina encendida.
Me fui, me quedan cinco cigarrillos y tengo tres pesos en el bolsillo, y no me importa, ella debe haber destrozado mi casa y tampoco me importa, una vez soñé que Napoleón gustaba de mí, no que me quería coger, sino que le gustaba, que quería pasar tiempo conmigo y cuando me despertaba lo único que podía imaginar era abrir la heladera y encontrar mi pija envuelta en papel film al lado de la carne cruda para hacer albóndigas, y al principio me gustaba levantar la almohada y ver la remera que me había robado para dormir, pero después los corpiños y bombachas en la canilla de la ducha, yo no quería ver una bombacha lavada en el caño, no quería llegar y que estuviera depilándose las cejas, ni ser testigo todo el día de su menstruación y de su comida dietética, de mi heladera llena de su comida dietética, y me fui, no dije nada, qué iba a decir, me fui, y ahora está en el piso del baño y seguro llora y yo solamente quiero mi buzo azul.

domingo

la bola de papel glasé

todo lo que sos, todo lo que amás y decís amar
reducido a un cacharro de plástico
donde ponés tus palabritas en francés y te volvés sádico
donde te regocijas cuando estás solo
aunque también quisieras ser observado
en calzoncillos y con las rodillas adheridas al pecho
mientras te mirás las uñas sucias de los pies
grandes, redondas, con mordidas imperfectas,
y el empeine y el tobillo.
también ponés tus pedazos de uña y escupís.
y ya no distinguís qué cara iba con qué tetas,
todo junto, revuelto y lleno de saliva
en un cacharro de plástico que se vuelca,
que se cae al piso y no derrama nada.
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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

en Cobstrucción

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¡Cuidado! Hombres Trabajando