sábado

So how come you just sit there and laugh, and laugh and laugh and laugh ?

Cecilia también se sintió de vuelta. Tiempo atrás ella hubiera relacionado el momento con una conexión cósmica, imperceptible y suprema de dos entidades hasta entonces disparejas, del alma, el espíritu y la plenitud. Taboada, en cambio, la hubiera vinculado con las iniciales de Flux, con las piernas de Noelia y hasta con la misma Juana Orozco, pero hoy ya no: los kilómetros ahora realmente no existían, ni las postales, o las escenas vacías llenas de palabras disfrazadas de otras palabras. Taboada le habló a Cecilia, le contó todo. Después de verla junto a él tuvo la urgente necesidad de decirle todo lo de Flux, lo de Flux y Orozco y luego, pero sólo cuando se sintió lo suficientemente borracho y vulnerable, le dijo lo de Mangione.

sábado

Sentada en bombacha en el piso del baño.

Abrió Tus piernas de Celofán en una página cualquiera y comenzó a leer: una tarde en el jardín de mi casa, R. se sentó en una reposera y se puso unos lentes oscuros que yo no conocía. Mientras tanto yo preparaba limonada. Cuando salí a sentarme junto a ella, vi que llevaba ropa interior algo raída pero sugerente y que tenía las piernas más abiertas que de costumbre, noté además que había dejado de depilarse y me asustó que entreabriera las piernas. En ese momento supe que R. ya no me amaba. Taboada cerró el libro de un modo brusco que no supo identificar si era consecuencia del sueño o algo más. Permaneció en silencio unos instantes frente al escritorio, luego caminó por la sala, se acercó a la biblioteca, miró los títulos de los libros y quizá hojeó alguno. Luego se dio cuenta de que había empezado a amanecer y volvió a la cama.Cecilia continuaba en la misma posición, quizá sólo movió apenas los brazos, pensó Taboada mientras intentaba determinar la trayectoria del cambio. Taboada extendió un brazo y luego los dedos de la mano hasta alcanzar la pierna de Cecilia, pero ella no respondió. Luego volvió a hacerlo y obtuvo el mismo resultado. Se alejó un poco para observarla mejor y notó que Cecilia tenía las piernas entrabiertas. No quiso detenerse en el rigor de la depilación porque quizá no podría soportarlo. Más tarde se durmió.

Cuando veo el recorrido del colectivo pienso que debería dejar de salir por donde salgo porque no hay más que pinchazos de colores y de olores.

o de si cierro los ojos o no cuando me abrazás, cansado y borracho y asustado.

jueves

domingo

El episodio del hombre desnivelado

En la barra y junto a él había un señor mayor de aspecto desprolijo: llevaba un traje que en un principio parecía mal abrochado, pero luego Taboada advirtió que la postura torcida del señor desequilibraba el nivel de los hombros y convertía su espalda en una línea diagonal:
-Bienvenido al insomnio- dijo de pronto el hombre desnivelado. Taboada le sonrió y levantó el vaso hacia él, luego bebió lo que quedaba de whisky y se marchó a su habitación.
A las pocas horas de comenzar el viaje se quedó dormido y al despertar no supo determinar si había soñado algo o no. De pronto recordó el funeral de Flux: Tucson tomaba la mano de Liliana Flux, a unos pocos metros Juana Orozco fumaba sola y en silencio; más allá, Urtiña lo tomaba del hombro a Mangione y le decía algo al oído. Recordó el escenario, las líneas de las miradas. Le pareció que en un momento Liliana observó a Juana y ella bajó la mirada. Estaba sola en un rincón y fumaba y al advertir a Liliana bajó la mirada. Curioso, pensó Taboada. Después y hacia la noche se dio cuenta de que compartía viaje con el señor desnivelado: lo vio caminar por el pasillo y pasar junto a él entre la oscuridad mientras se sostenía de los respaldos de los asientos, como si estuviera borracho o cansado o como si no viera absolutamente nada. Más tarde lo vio bajar, retirar los bolsos, y quedarse en medio de la ruta, en una parada invisible que ni siquiera se esforzaba por simular una terminal improvisada.

viernes

Lo estúpido del problema de lo absurdo de lo espeluznante o darte cuenta de que sos una vecina

lurb dice:
what if podría sonar tan temerario como fuck off.
lurb dice:
(recien te desconectaste y casi no te lo digo!)

Has enviado un zumbido.

M dice:
Mi nombre es peligro!
lurb dice:
jaj bien ahi el signo de admiración.
lurb dice:
era un atisbo de la respuesta que esperaba encontrar
M dice:
atisbo
M dice:
Estás muy letrada
lurb dice:
ay, te diría chupala pero es tan grosero.
lurb dice:
y tan rolinga al mismo tiempo
M dice:
ja

sábado

En una reposera con las piernas apenas abiertas

Cuando llegó al hotel tenía un mensaje de Cecilia que preguntaba cómo estaba. Al dormirse soñó con un cuarto donde se percibían unas largas piernas blancas en las que se apoyaba el libro de los libros, y Taboada escuchaba risas y veía, de a ratos, a las piernas que se movían hasta volver a encontrar la posición adecuada y a los dedos de los pies que, escalonados, se estiraban mientras las páginas pasaban y pasaban.

viernes

¿Que yo qué? Soy detective privado- dice una chica que tiene diecinueve uñas y lleva a rastras un zapato por toda la ciudad.

sábado

ok, forty six / forty seven

a veces seseo, o tiemblo, o tartamudeo, o separo las sílabas de un modo inusitado, muevo los pies, o sólo sostengo una mirada mientras busco algún punto ajeno que me haga bajarlo a la tierra del mismo modo en que me caí yo. Algún seseo, tartamudeo o el dragón rojo que tiene en el brazo, muerto y rojo.

jueves

Pero Claro

lurb: te vas?
M:
no
M: O algun lugar noviero.
lurb: ja desde cuando las opciones son "no o a un lugar noviero"?
M: Desde que el abanico de opciones se REDUJO
M: Drásticamente
lurb: nah, dejate de joder, eso ya pasó de moda. si lo noviero REDUCE no es noviero.
M: Reduce algunas cosas, obvio
M: Vamos. Vos sabés de esto.
lurb: pero las opciones no son así de radicales
M: Mas o menos. Uno no puede decir bueeeeeeeeno
M: Todo muy rico
M: Me voy a europa un mes.
lurb: qué se yo, te podés ir con tu novia.
lurb: ya sé que no se puede vivir del amor
lurb: pero como poder, podés, te fijas.
M: Claro pero se va a complicar mas atender a las chicas que se acerquen.
lurb: cierto.
lurb: ay, qué mujer que soy.

Sólo un poquito de Flux

Taboada pensó que hablaba de Mangione, pero le resultó más interesante pensar que todas las mujeres de Flux le pertenecían a Orozco; Liliana también. Quizá Liliana era todo lo masculina que a Flux le faltaba ser, obstinado en entender a las mujeres, en formar parte de ellas sólo para robarles lo que él creía que era la perceptibilidad suprema. Quizá por eso Orozco y Cecilia se habían hecho amigas y Liliana se había distanciado con prudencia y determinación, quizá Tucson creía que Flux era marica o sólo que era bueno y no lo sabía, y se creía descubridor y explotador de esa sensibilidad que tanto le gustaba a Flux. Quizá Tucson había sido la razón del exilio de Minardi, quizá, pensó Taboada, a su manera todos pedían perdón, perdón o poder, o sólo un poco de Flux, quién sabe.

lunes

No siempre va a haber un señor que te diga: niña, niña, no vayas por ahí porque te pueden asaltar.

Taboada pensó que ella se veía descansada y fresca, hermosa y espontánea y que él tenía la frente sudada, la mano temblorosa, las ideas confusas. Cecilia tenía los codos sobre la mesa de la cocina y alrededor había dispersado lo que pensaba que sería el libro de sus libros. Taboada vio notas sueltas y por un instante deseó que fueran las de Mario Flux, luego tomo algunas hojas y las leyó. Mientras lo hacía, Cecilia comía tostadas que se deshacían en el aire y caían en la mesa mientras lo miraba con ojos más abiertos de lo acostumbrado. Taboada, aunque atento a las hojas, percibía la mirada de Cecilia que parecía suplicar por un comentario favorable, primero sintético, después extendido y quizá luego un detalle a corregir, pero sólo soportable en ese orden.
-Me parece que vas muy bien, me gusta, lo hacés interesante- dijo Taboada mientras se acercaba a ella y la tomaba de los hombros.
-Igual es un borrador- dijo Cecilia antes de que Taboada frunciera el ceño.
-Sí, ya sé, pero me gusta.
Eso fue todo. No hubo detalle, Taboada omitió el detalle que en realidad era más grande que un continente y que Cecilia denominaba filosofía alternativa. Más tarde abrieron una botella de vino y miraron una película en el sofá del comedor, con intervalos de caricias y miradas de intimidad porque la noche anterior Taboada había decidido que los kilómetros y las ciudades ya no existirían. Después la llevó al cuarto, le quitó la ropa y se durmió junto a ella.
Cuando Taboada abrió los ojos, su mano acariciaba a Cecilia y se preguntó si lo había hecho entre sueños o si había sido el primer impulso al despertar. En el desayuno le habló sobre su libro mientras ella tomaba té y la taza le ocultaba la nariz, parte la boca y el borde de arabescos era el marco inferior de los ojos y entonces el velo perfecto que, sin embargo y desde hacía dos noches, se había vuelto innecesario.

martes

peripecias del árbol necrológico o si no veo el cuerpo no está muerto

Hace muchos años cuando en una cena me senté a la mesa, Liliana abrió la conversación: qué queríamos que hicieran con nuestros cuerpos, pareció al principio una consigna espeluznante o, en ese entonces y para mí, una fachada de intimidad familiar. Después le di importancia pero sólo porque me dieron un papel donde toda la familia detallaba sus deseos o sólo me cargaba los muertos a los hombros. Les dije que creer en la muerte cronológica era absurdo y pensar que yo iba a cumplir todos sus deseos lo era aún más. Pero todos dijeron que yo me iba a morir última, y es probable que yo también lo crea hoy. Liliana dijo que quería que la cremaran y la tiraran al río como a su padre, Pedro dijo que mientras mis hermanos y yo discutíamos qué hacer mientras la urna estuviera en la mesa del comedor al lado de ceniceros llenos de colillas, yo aprovechara la disputa de los otros dos para correr al baño y después tirar la cadena. Cuando lo dijo, Liliana lo miró fijo, pero yo lo miré más y mejor y supe que hablaba en serio. En la nota faltaba el deseo de Pedro J., pero eso creo que es porque está enamorado y no cree que vaya a morir, o no le importa.
El sábado a las tres y media mientras yo estaba en la puerta de un bar y miraba la hora Zulma justo se estaba muriendo. Ahora la conversación espeluznante de mi fachada familiar no parecía tan absurda, aún más cuando Zulmita llamó por teléfono con el cuerpo al lado. Sea como fuere, Zulma debía estar maquillada. Zulmita se sentó a la mesa y discutió con el resto sobre qué hacer, qué hubiera querido su madre. Nadie lo supo. Entonces ahora la no conversación era un problema, porque Zulma estaba entrando en estado de descomposición y en unos minutos más ya ni siquiera iba a poder ser maquillada. Eugenio dijo que la noche anterior había ido con Zulma a una fiesta de quince y ella le había pedido daikiris de todo tipo y color y había bailado la lambada. Me dijo que Zulmita había dicho que Zulma murió mientras dormía, pero a Eugenio le pareció que se murió porque no podía más del pedo que tenía. Un miércoles de hace unos años eran las siete de la mañana y me bajé en la estación de Boedo. El cáncer, además de ser cáncer, se presta a situaciones estúpidas. Perder veinte kilos en trece días puede hacerte confundir de sala velatoria y notarlo recién cuando no ves a ningún conocido, hasta que Tomás te chista desde la sala de al lado y cuando entras se ríen los pocos que se animan.
Hace unos años una señora me dijo que si no veo los muertos, no lo están. Tuvo razón, pero a medias: dos veces mi madre me dijo por teléfono que estaba en una reunión en la que, entre otros, estaba María Inés, y yo suspiraba y le decía mamá María Inés está muerta y ella decía tenés razón y yo sabía que del otro lado del teléfono se pegaba en la frente con suavidad. Pero yo lo vi a Germán muerto, y aunque estaba enterrado en realidad estaba en todas partes y era horrible. Cuando Zulma se murió Juana estaba callada, no sólo porque era Zulma, sino porque se está quedando sola. Ella sabe que yo sé que ella piensa que es la próxima, y puede que tenga razón. Ya no se ríe mientras me cuenta de todos sus novios en todas las esquinas ni me pregunta cuántos novios tengo hoy: no dice nada y entonces la llevo al casino y tomamos un vaso de wisky que como una guinda se acomoda en su estómago pero al mío lo quema, lo abre al medio y todo queda expuesto. Tengo la lista, ¿pero y entonces yo? A mí me da igual.

sábado

diálogo a la noche

Por lo general, cuando dormían cada uno a un extremo de la cama, Cecilia buscaba a Taboada con el pie y él se acercaba a ella para, al final, enredar las piernas y las manos. Cuando el que buscaba era Taboada extendía un brazo y los dedos de la mano hasta alcanzar la pierna de Cecilia y así traerla hacia él. En la mitad de la noche Taboada extendió el brazo pero volvió a dormirse al no recibir respuesta. Cecilia, unas horas más tarde, buscó a Taboada con los dedos de los pies y tampoco lo encontró.

domingo

también somos así

Me dijo que le había dicho que fue a una marcha y que era peronista. Me advirtió y yo me puse nerviosa, entonces cuando él apareció apenas pude alzar mis dedos en forma de V. Después como no tenía bolsillos porque estaba con pollera puse el vuelto de la limonada con vodka en las medias can-can, y cuando me desvistió llovieron billetes de dos pesos.

sábado

Y que esté bien

Llegar a mi casa es escribir un poco y comer algo parecido a un lemon pie envasado. Por lo menos hoy, y este mismo día pero de la semana pasada, y de la anterior a esa. Se me cayeron encima todas las hojas de un árbol en una parada donde sacarse un auricular con disimulo no era -en lo más mínimo- tener precaución.
Quiero dormir, dormir, dormir, dormir, dormir. Después levantarme y andar en remera; estar nueve horas, treinta y dos, y que esté bien. Subir una persiana o dejar todo a oscuras. Hacerte té o mate, batirte un café.
Quiero llegar y apoyar los bolsos para luego sacarme los zapatos. Quiero reírme y tocar el banjo, y tocarlo mal y que esté bien. Después quiero acostarme y dormir dormir dormir dormir.

viernes

Estar aterrada es algo más que tener, de forma deliberada, un tramontina en el cajón de la mesa de luz

La primera vez que supe lo que era (o no era) instinto maternal fue cuando chica:había encontrado un pajarito lastimado y lo había cuidado atendiendo a detalles como que tuviera calor y comida, como si el afecto brindado fuera el de otro pajarito.
Mi mamá (sabia en todo lo que concierne a maldades en pijamas party pero versadora de la maternidad) sólo dijo que lo había cuidado en vano: el pajarito ya tenía mi olor y había perdido su olor a pajarito. Su madre lo abandonaría y él pronto estaría muerto, sin importar el amor y el calor y la comida que yo versara.

sábado

Como cuando confirmás que tus noches son tres momentos y un asterisco

Y si viniera ahora y dijera que tiene una foto de ese momento exacto ¡Es la foto de lo más lindo! Indefectiblemente tendría que seducirlo. (*)
Quiero zapatos de payaso. (Aunque me hagan acordar a los tucanes).
Estaba en el vano que dividía la sombra de la estación. Y se acercó a la sombra, sabiendo que no iba a volver. ¡Sabiéndolo!
No puedo pedir perdón por todas las mujeres de la historia.
(*) Tengo la ventura de la satisfacción.

humor de superhéroe

¿por qué sentiste que tenías que llamarme? no sé. el último día mientras algo vuele, yo voy a tomar un tren. pero sólo en el último minuto.

martes

Pasar el brazo por detrás de tu espalda en un semáforo en rojo y llamarte mi amor

Urtiña y Liliana Flux no dijeron nada, sólo se retiraron y él la ayudó a subir al auto. Mangione, al parecer, hacía rato que ya no estaba con ellos, y ninguno supo determinar en qué momento se fue. Juana Orozco y Eugenio Tucson dijeron que sus teléfonos estaban en la agenda de Mario Flux (esto le sugirió a Taboada un comentario anterior a su aparición, un murmuro entre dientes de Liliana Flux sobre la agenda) y le dijeron que los llamara. Luego presentaron una última reverencia a la tumba y se despidieron. Esa tarde Taboada caminó hasta su casa: el traje que con esmero había preparado para la aparición en público se volvió insulso y desgarbado, el cuello de la camisa percudida, la corbata irregular. Cuando entró, Cecilia estaba en bombacha y tenía algodón entre los dedos de los pies. Miraba televisión mientras se pintaba las uñas en el sofá y tarareaba alguna canción.

sábado

Cvalda is here o sólo te di un beso porque daba

Se hace el poético y todos sabemos que sólo quiere coger, le digo a alguien mientras a mi amigo el músico lo reflejan unas luces diacroicas interferidas por el humo de las chicas peludas de la primera fila. Cruzar puente saavedra no es entrar a Tijuana. Dijo una vez sin preámbulos y se convirtió en la sensación necesaria en el momento justo. Sí, todos hacemos todo para que nos quieran un poco más. Me vuelvo fácil. Brillo

miércoles

Sentirse plena es algo más que una balada y un i love you panzón

¿Siempre vas a tener algodón entre los dedos? estás en bombacha y te enredas mientras tarareas algo. Decís que el tiro del pantalón te corta la elasticidad . ¿Elasticidad? no seas estúpida. Es esmalte.
Vas a perder las llaves. Lo sé, dice. Vas a perder el micro. Lo sé. Se te ocurre dejarla por mail siendo eso el nuevo rancimodo de cortar por teléfono. Hola, conocí a alguien, y tengo que estar donde tengo que estar. Así. Vas a hacerla llorar, en bombacha y en el piso del baño. Me pinto las uñas, pero no te conviertas en escritor. Bailo en bombacha, pero no te conviertas en músico. Es algo más que dormir en pelotas o reírse de uno mismo.

domingo

el que no sabe copypastear no sabe guardar como

De nada te sirve que te digan que sos igual a Cher si llegás a tu casa y comés dos sanguches de mayonesa, ni que en un auto espaciosísimo quemes el techo de pana o terciopelo o gamucita. (los nardos y las azucenas).
Sí, vivo a seis cuadras de la escuela rosa- digo y mis pestañas jamás estuvieron tan largas y oscuras.

martes

¿Y qué vas a hacer cuando le caiga sangre desde la frente y ya no quieras tocarla?

Como si la piel pudiera caerse, como si la carne se abriera y como si eso bastara, me dijo una noche el estúpido mientras me bajaba la presión, empezaba a ver todo negro y me daba la cabeza contra la punta de la mesa de luz.

jueves

la palabra pija y la palabra napoleón

Qué es lo que me llevaría en caso de poder elegir sólo una cosa. Pienso en un disco pero después me decido por el buzo azul. Me subo el cierre de la campera mientras imagino la casa: ella debe estar en bombacha sentada en el piso del baño y debe tener frío en el culo, pero se queda ahí. A esta altura ya debe haber dejado de llorar, bastan dos minutos y una imagen en su cabeza para que lo vuelva a hacer. La cama debe estar toda revuelta y la luz de la cocina encendida.
Me fui, me quedan cinco cigarrillos y tengo tres pesos en el bolsillo, y no me importa, ella debe haber destrozado mi casa y tampoco me importa, una vez soñé que Napoleón gustaba de mí, no que me quería coger, sino que le gustaba, que quería pasar tiempo conmigo y cuando me despertaba lo único que podía imaginar era abrir la heladera y encontrar mi pija envuelta en papel film al lado de la carne cruda para hacer albóndigas, y al principio me gustaba levantar la almohada y ver la remera que me había robado para dormir, pero después los corpiños y bombachas en la canilla de la ducha, yo no quería ver una bombacha lavada en el caño, no quería llegar y que estuviera depilándose las cejas, ni ser testigo todo el día de su menstruación y de su comida dietética, de mi heladera llena de su comida dietética, y me fui, no dije nada, qué iba a decir, me fui, y ahora está en el piso del baño y seguro llora y yo solamente quiero mi buzo azul.

domingo

la bola de papel glasé

todo lo que sos, todo lo que amás y decís amar
reducido a un cacharro de plástico
donde ponés tus palabritas en francés y te volvés sádico
donde te regocijas cuando estás solo
aunque también quisieras ser observado
en calzoncillos y con las rodillas adheridas al pecho
mientras te mirás las uñas sucias de los pies
grandes, redondas, con mordidas imperfectas,
y el empeine y el tobillo.
también ponés tus pedazos de uña y escupís.
y ya no distinguís qué cara iba con qué tetas,
todo junto, revuelto y lleno de saliva
en un cacharro de plástico que se vuelca,
que se cae al piso y no derrama nada.

sábado

Un no tengo ganas que basta para mi basta para todos.

lo que no se es

Ay lu, tengo miedo. No seas pelotuda. Entra, dale entrá. Esto es para Luana ¿Para Luana?, preguntamos las dos. Para Luana, contestá el del bandoneón. Bueno. Sí, qué bueno, dijo ella despues. Tus lugares no son mejores sin mí. No digas eso, no seas conchuda. Si, es verdad.

domingo

tiempos de sandía

¿Sabés que si no venís sos una garca, la mierda de las mierdas, no? Sí. Bueno, listo, sólo quería asegurarme. Trong. Hubiera sido peor que no lo supieras. La hora, la otra, a la otra. Tengo una guía t en un lugar a la ele donde no veo la calle: cada esquina es una nueva frustración. No hay carteles. Tengo el poder y no la herramienta, pienso, y después lo corrijo y lo llamo envión. Cuando paso se callan, y me acuerdo que casi siempre cuando me están por robar me provoco lágrimas, o no, solamente los hago mirarme a la cara que antes tenía ojos secos por el viento (que me deja respirar pero me queda como el culo) y ahora están rojos, y las ojeras, y la boca más roja y pongo mirada de glaucoma. Los hombres no pueden soportar ver llorar a una mujer. Yo no puedo soportar verlas llorar. A nadie. Nadie. Si el envión o no depende de vos es demasiado, a las cinco y media de la mañana en una calle que no tiene cartel. Usé las mangas de mi saco como si fueran alas y cuando una canción decía que la gordita metía panza me encontré, de pronto, haciéndolo. Y no me molesta correrme aunque ahora opongo algo de resistencia. Algo.
En el colectivo mientras el de quince que tiene traje se duerme en el asiento del pasillo veo que todos los chicos hoy se dividen entre los que se parecen a jim morrison o a ringo star, a jesús o a alguno de los snorckels. Pienso que en cualquiera de las paradas puede subirse alguien de quien me quiera esconder, a quien no quiera hablarle, entonces cuando veo el recorrido del colectivo pienso que debería dejar de salir por donde salgo porque no hay más que pinchazos de colores y de olores y de si cierro los ojos o no cuando me abrazás.
Cuando entro todas las luces están prendidas. Un estadio de fútbol. Y entre lo que podía esperar o recordar mis viejos desayunan. Y miro la hora, y llevo una coca, un alfajor y un paquete de cigarrillos nuevo (mi no kioskero amigo se negaba a dejar de baldear la vereda para venderme, dale, llego a mi casa y no hay absolutamente nada. Un comprador ¿Vos sos una chica k, no? Sí, es la nueva pregunta a: sí, siempre vengo acá).
Y cuando llego están repartiendo el diario, y me siento feliz pero después pienso que recién lo voy a leer el martes, cuando esto sea otra cosa, y sea martes y a la vez sea igual, con lo mismo. ¿Estoy bien con la campera? Sí, má, está lindo afuera. (Nunca te vas de viaje, nunca te vas a las cataratas). Y es igual como cuando en medio de un sanguchito me dijo que había albóndigas. Pero yo ahora subo la apuesta y le digo qué caripela y ella contesta que se acaba de levantar y que llama el ascensor y que la ayude con el bolso. No ma, estoy doblada. Y cierra la puerta quizá sabiendo que todavía no pasaron los quince años y que no es momento para decirme felices doce años mi amor.

jueves

Y rojo.

Era alto y tenía gingivitis. Quiero todo, todo. Aunque tenga un dragón rojo en el brazo. Muerto y rojo. Quiero todo, todo: ella mira por entre sus piernas, la cámara mira por ahí. Muerto y rojo. Quiero todo. Me pongo medias can-can y me pinto los labios; ellos construyen puentes y se hacen buenos escritores. Me pinto las uñas y los labios; ellos se hacen músicos. Me corto el pelo; ellos se aprenden el compás del momento. Quiero todo, así, muerto y rojo.

M-N-K-H

Vendrá una escalera y una puerta, después un escenario enfrentado a cien butacas de pana roja. Había escrito donde decía que ella quizá era más inteligente que él. Después eso condujo a una flecha y debajo decía no. M-N-K-H o B-X-, C-F. Luego vendrá una escalera y una puerta, después un escenario enfrentado a cien butacas de pana roja, o no.

sábado

el chico de fin de semana

Hoy soñá un poquito conmigo- dijo mientras enredaba los dedos en la sábana y al día siguiente se lo decía a una rubia, y el anterior a una pelilarga. Llevaba un cuaderno donde anotaba a quién le hacía el culo y a cuáles les gustaba acurrucarse. Memorizaba algunos lunares y le gustaba Luz Casal.

martes

Sobre cómo evitar disputas con un nazi que te tiene entre sus dedos

La kinesióloga nazi dice: si te ves unos moretoncitos no te preocupes porque son mis dedos, la vida del deportista es así; y cuando estas cosas pasan hay que seguir haciendo deporte, pero cada movimiento tiene que ser perfecto, no hay margen de error.
Y para qué decirle lo de deportista si siente mi cuerpo fofo, y para qué hablar de jabalinas si sólo fue el espejo de un ascensor.

jueves

Es la misma parada - dijo mientras me prestaba su buzo porque llovía

Se le prende fuego la pollera a mi negra.
Acompañanado de un corazón rojo de neón, y el fondo violeta.
No sé, los vi colgados y supuse que eran los pantalones de mi abuela.
(Aunque ella y mi soga de colgar se hayan visto cuatro veces).
Es como preguntarse por qué ella entra ahí y se tapa con esas sábanas.

sábado

Gorda constipada que roba un cinturón de seguridad y te mira ofendida, indignada. Que llega a la mañana y tiene gaseosa y usa vestidos. Que roba carteras y las llena con sus cosas aunque el cierre indique que no.

viernes

tanto, que ahora cuando como un sanguche-pan.lactal-mayonesa-milanesa siento que es lo mejor de mi vida y de ahí dos pasos y avalancha:
Sé que sos distante sólo para no pecar de noventoso, de cursi que sos.
Sé que de alguna forma soy el George de tu relación John-Paul con M.
Hoy empezó desde temprano.
Los parisiennes fueron terribles, fueron lo peor de los momentos.
Bajas la tapa.
Una viñeta que no dinstigo en la historieta de nuestro fondo.

sábado

¡Esto es Nlarinz!

Creo que las cosas se resumen un poco a que me molesta sólo poder VER corriendo el cursor.Recién, mientras la pava y el jarro hervían, me pasó. No es un taxi ni una libreta. Ni tapitas de agua ardiente. No es pinchar una rueda en medio del desierto y tener cuatro pesos. Ahora en la sala de scrabble polaco hay dieciocho jugadores. Y yo, que no hablo polaco. ¡Fumás corteza de los árboles!. Trabar la mandíbula. Pero sólo porque pasa. Ahora tenés tetas nuevas y hablás de pitos. Le ponés una cucharada de vaselina a tu ensalada. Si, mamá. Ya lo sé, soy una estúpida.

viernes

Sobre el error que cometió Sir Gladiolo al comprar un jarrón griego en vez de sábanas de algodón egipcio

Oh, Lady Marian, sé que el matrimonio con Sir Gladiolo es provecho por donde tu familia pueda verlo, pero te marchitarás, tendrás diecisiete y parecerás de veinticuatro. Y así perderás tu juventud, tu luz, y yo, sólo once años más viejo que tú, tendré que casarme con alguien ordinario, alguien con caderas gordas como Lady Connie. Puedo prometerte cenas nocturnas y vestidos amarillos, reuniones de sociedad en las que te pasearás de mi brazo por sobre los ojos de Sir Gladiolo, y a él lo acompañe algún trasto viejo, una mujer de su edad con un corsette que deje ver lo decrépito de sus senos, y él la paseará con su mano llena de pecas, y ella sonreirá con el pecho lleno de pecas. Nosotros no tenemos pecas Lady Marian, nosotros tenemos la piel tersa y los tobillos esbeltos. Para qué envejecer antes de tiempo. Son sólo once años de diferencia, luego yo tendré pecas, pero podrás disfrutar de mi cuerpo hasta antes de tenerlas. Yo disfrutaré de tu cabello rojizo como el sol de una tarde, tus piernas blancas y frescas, y tu figura que, ante mis ojos, nunca tendrán pecas.
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(No porque la puerta suene significa que hay que abrirla -se excusó luego Sir Gladiolo ante la fila de sirvientes que se hubieran burlado de él tan sólo con una mirada)

sábado

¿Puede ser para regalo? Perfecto. Gracias. Y levanto la vista y es él. ¡Es él!. Cierto que él. Y ya me puse colorada. Me ve colorada. Basta, no seas torpe, pienso yo. Bajo la mirada. Me ve bajar la mirada. Ya está. Perdí. Me muero de calor. Mis cachetes se prenden fuego y la mano se adormece. Ya está. Está bien. Esta vez perdí yo. Pero tengo que levantar la vista otra vez, eventualmente. Pienso en algo feo o patético. Se normalizan los cachetes. No más rosas de lo que deben ser. Pero otra vez me pongo colorada. Basta. Basta. Pensá en otra cosa, me digo, y veo salir de su brazo el tatuaje de un dragón. Siempre son amarillos y rojos. Y, ese momento por lo menos, lo implícito declara un empate.

viernes

lista de lavandería

Che, me parece que vos estás más alta-dice en un intento de realizar un saludo inmejorable y logrando, en cambio, realizar uno donde la infamia irradia desde todas partes.
No, me corté el pelo.
¡Gorda!
Sos una genia. Todo lo que compraste es de vital gratificación.

martes

mess with me, carrying a gun

Entre obtuso y pequeño.
Cuánto hay de libertad y cuánto de “así es la única forma que puedo lidiar con vos”.
Cuánto sé y cuánto me entero. Qué me duele más y qué me desestabiliza menos.
Hasta cuándo aguanto. Hasta qué.
Si la estructura es buena y lo otro te raja, qué importa la estructura.
Te raja.
Hasta qué. Hasta cuándo.

lunes

Uno

La puta que te parió Pablo Paniagua, que te vaya como el culo -dice mientras toma la foto del grado y encierra una cabeza con birome, una y otra vez.

miércoles

el lado b

¿Vas a ponerte a llorar como un pelotudo o me vas a decir todo lo que quiero escuchar?, pregunta ella antes de hacer lugar en el placard para uno más. Quizá en el subte se siente la más linda del vagón, y lo dice en voz baja. Para ella. Sólo queda la gente fea. Si alguien la escuchara le desearía un accidente, quizá agua hirviendo en la pierna o aceite, y en la cara lepra, pozos de acné, algo que la haga llorar a la noche. O quizá sólo sientan lástima. Yo preferiría el accidente.
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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

en Cobstrucción

en Cobstrucción
¡Cuidado! Hombres Trabajando