sábado

un moco, una bolita, a la boca.


hormigas y ratas y papel higiénico. Mientras cogían él la sostenía con una mano y con la otra -sin atinar siquiera a hacerlo por debajo de las sábanas- se comía los mocos. Ella podía entender que en algún momento él los hubiera querido filmar, o, luego de tantos intentos frustrados - pero sólo porque a ella nadie nunca le llamó lo suficientemente la atención- incluir un tercero. Coger en un baño no era gran cosa; a ella también le calentaba. Los pallieres de un edificio de los noventa era explicable, no era excluyente en lo cualitativo, no importaba. Pero se comía los mocos, ahí, sobre ella: mientras cogían -mientras él se la cogía- se metía un dedo en la nariz, escarvaba en lo menos íntimo de sí mientras hacía lo mismo con ella, con lo más. un moco, una bolita, a la boca. Ella no miraba, suspendió los ojos un momento, otro foco, el pito de él quizá, cualquier cosa. Qué carajos, pensaba ella mientras lo esperaba. No soy ninguna paqueta, le dijo al fin, pero dale.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

el que come y no convida tiene un sapo en la barriga

lurba dijo...

o tira los mocos en la barriga del otro, al parecer.

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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

en Cobstrucción

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