domingo

Pongamos que hablo de mí

Hay un lunar en mi nariz que no marca un antes o un después de nada. Hay una constelación vulgar en mi espalda que no define ninguna figura. No define. Hay una plancha de corcho con fotos que no me atrevo a sacar. Varias fotos que no me atrevo a poner. Discos que quiero escuchar y no puedo. Hay una cierta necesidad que no sabemos si se corresponde con lo que me pasa o con mi orgullo. ¿Para qué? Si nadie nos ve. Quise que me dijera eso una noche, cuando había sido el momento justo para tirar la bomba que nunca explotó. Creo que yo movía la boca como con las canciones que no sé y quiero saber. No me esfuerzo, lo verán. Lo vieron.
Una noche de hace años estuve perdida y triste y borracha en una parada del 168. No lloré pero me morí de frío. Tenía los labios violetas. Nunca más esperé el colectivo en el mismo lugar. Con o sin intención. No importa.

Bienvenidas al club del tránsito. Porque todas somos mujeres. Mujeres estúpidas. Con o sin piernas jugosas. Más o menos putitas. Más. O menos.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Pongamos que hablo de mí... ¿Sabés hablar de otra cosa?
Es la segunda que entro a este blog, supongo que por error, ya que evidentemente asume que todos los que lo leen están tan enamorados de la dueña como ella misma. Es imposible.

lurba dijo...

jaj. no porque diga mí quiere decir yo, anónimo.

gymnopedie dijo...

las paradas de colectivo y el invierno me hacen morir a mí también...
y después de eso uno transita otras cosas y otras muertes, pero esa, al menos, ya está.

beso lürf.

Anónimo dijo...

a otro perro con ese hueso!

lurba dijo...

jaj

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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

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