sábado

Con y sin polleras

Me compró vestidos y polleras. Hablaba de la libertad de mis piernas o algo así. Tiempo después entendí que en realidad hablaba de la libertad de sus piernas. Pero (en ese entonces) mi piel era como una chica estúpida: la miman y brilla. Se vuelve suave, cada día le nacen lunares. Es fácil. Es barata. Pero qué importa: brilla. Como un cuento que leí sobre los antepasados (siempre le gustaron los saltos temporales). Él cerraba los ojos, con las manos se cubría los oídos y repetía: no me escondo, no me escondo. (Casi como) encaprichado con las palabras, que en un antes y un después de pronto se volvieron paradoja.
Quizá cuando sea grande siga utilizando el francés para conseguir chicas. O haga comentarios brillantes. Y ellas usen polleras (las que tienen un vuelo humilde). Cuando coma jamón o pele una naranja, cuando pise una baldosa floja un día de lluvia y nadie esté ahí con él. Y tenga que guardarlo, sólo porque sabe que cuando lo cuente le va a faltar eso. (Como conmigo). Lo mismo que siente en sus conductas secretas. Sé que antes de iniciarlas levanta la vista, se asegura de que nadie vea. (Yo me río cuando se cae el jabón, me río sola, estúpida. Me río en serio, y es estúpido, pero no por estúpido menos en serio). Cuando escuche una base que sabe me hace salir del letargo.
El cuento hablaba de la fisonomía de las psicópatas del cariño. Una forma en la espalda, los dedos angostos, las piernas blancas. Esas son. (Con y sin polleras). (Y paradojas). Ahí no hay nada para mí, parece. De espalda negra y maciza pero con hombros que sostienen una remera. No llevaba pantalones, pero parece que ahí no hay nada para mí.
Sin embargo, en un escalón y con el día de fondo, yo me abrazaba a su cuello. Lo olía, lo enfrentaba a mi boca, apenas un roce. Él besaba mis hombros, me sostenía de la cintura con fuerza, no como si fuera a caerme, sólo con fuerza.
El cuento hablaba de viajes por Europa, la fisonomía como parte de esos viajes, como legado que la protagonista no quería para ella. Y si a ella la definía Europa o alguna forma en particular, en mi caso la cara no dejaba de gesticular reacciones que indicaban incertidumbre, no metafísicas, quizá algo resignadas, pero ni tanto. Y no son cosquillas ni cucharas de metal, no es aleteo o raspadura. Es vibración, es un hijo que nunca terminás de abortar (o bueno, está bien, de parir). No tengo forma de pollera y mis piernas están atadas al suelo. No son libres. No son libres. (Podría taparme los oídos). (O podría recordar que el otro día conocieron al primer bichito bolita que no pudo hacerse bolita). Yo no soy ese bicho bolita.
Ahora veo un montón de ventanas. Creo que me ven y por eso apagan las luces. Yo también las apago. No soy una hormiga, pero tampoco un bichito bolita, ni una pollera, ni europea. Ni siquiera mis piernas son libres. Pero no soy difícil. Si mi piel se vuelve suave, yo me vuelvo fácil, me vuelvo barata. Brillo.

miércoles

astillas

Una tarde, sentadas en un banco en Tucumán, nos quisimos morir. El piso estaba lleno de hojas enormes, amarillas. Y nosotras nos quisimos morir. Era Octubre o Noviembre, con hojas amarillas. Nos quisimos morir. Pero hace poco -en un Julio- nos encontramos en la situación de elegir entre el pantalón azul, el hombre o el cigarrillo. Ninguna pudo contestar. Sabíamos que no podíamos tenerlo todo. Dijimos iloveyoupanzón dos o tres veces. Desafinamos una canción, que no importaba porque era nuestra. No hay culpa sobre lo nuestro. Ni pudor (privado). Era invierno y caminé quince cuadras, muerta de frío. Pero me compré un helado de menta. Sabía que iba a llorar. Todos sabían que iba a llorar, por la menta, por el frío,o porque me sentí estúpida.

sábado

preludio o nada

Can I borrow a piece of your chicken?. And then you just took it...
without waiting for an answer .
It was so intimate.
Puedo tocar tus pezones como si fueran tambores- dijo mientras yo sólo pensaba en otra cosa. Me enamoré de tu mamá, me enamoré de tu hermano. Sólo para acercame a ella y, en tu caso, a él.
Me llamaba desde el celular: Estoy en casa, si querés llamá acá- decía y él cortaba y sonreía sin que yo pudiera verlo porque pensaba que por eso esa noche me iba a coger. Y yo sólo quería que no gastara plata.
[anoche escuché que cantaban "¿qué quiero? ya no lo sé, sólo buscaba darte placer" (o algo así) y mucho nesquik y besos en los brazos que no iban. lo demarcamos. lo remarcamos. no iban. tenés un nombre que nunca decís, y yo no quiero que sea el mío. lo admito. no iban. en serio.
tu mamá me compraba helado de limón y venía siempre con un bombón de fruta. siempre tocaba de frutilla. pero no guardamos el palito. no entraba en la lata llena de boletos de colectivos. que se borraron. ¡se borraron! claro, ¿por qué no habrían de borrarse?
todo sucedió mientras él comía, en la cocina, del frasco de cereales gástricos de mamá. al día siguiente me dijo que tenía diarrea. y claro, no me quiso preguntar, no quiso interrumpir. perdoná tu diarrea, tuve que decirle y realmente lo sentía. todo para que una noche, en un cerro, nos tirarámos en el baúl de su renault dieciocho rural. era demasiado romántico y común. había mucho para tomar y hablar, y hubo un beso por el escenario. pero sólo fue por el escenario.
tapitas de agua ardiente. agustín me dio un beso y me sentí plena. más adelante. nos tiramos en un sillón, mis pies contra su pecho. se hizo de día. eramos amigos. blah, amigos. ni que fuéramos tan amigos, dijo él]. yo estuve de acuerdo.

lunes

m

Cuando despierta no duda si llamar o no, hacer rin raje, esperar el primer tono del teléfono para cortar. No enciende la tele ni se hace un té. No es la convergencia de cinco personas, no es cinco estupideces diferentes. No es ratas ni hisopos, ni alicates ni acuarela. Sí, piensa si es un pantalón blanco o un escote. Piensa que si la vincha, que si lo agarra mirándola. Y lo agarra mirándola. Y dentro de sí la satisfacción. De la mirada. Una porquería. Obsoleto. De mala mina, de pendeja trucha. De femme fatal sin ele. Dice que no quiere, y puede que sea cierto. Dice que todo lo hace por ella, y parece que es mentira. Setecientos pesos en una semana. ¿Y para qué? Té de tilo con limón y hielo. Para eso.
No corta, no llama, no dice, no se calla, no pregunta, no quiere nada. No puede tenerlo.
Una noche escuchó que leían “Estoy harto de que todo lo que no soy me señale con el dedo, me arrincone en un lugar del que no puedo salir”. (O algo así). No se siente intimidada por el dedo índice. Ni por las miradas pretenciosas, y sin embargo. Obsoleto. Es cierto. No corta ni llama. Sólo té de tilo con hielo y limón. Para eso.

sábado

un moco, una bolita, a la boca.


hormigas y ratas y papel higiénico. Mientras cogían él la sostenía con una mano y con la otra -sin atinar siquiera a hacerlo por debajo de las sábanas- se comía los mocos. Ella podía entender que en algún momento él los hubiera querido filmar, o, luego de tantos intentos frustrados - pero sólo porque a ella nadie nunca le llamó lo suficientemente la atención- incluir un tercero. Coger en un baño no era gran cosa; a ella también le calentaba. Los pallieres de un edificio de los noventa era explicable, no era excluyente en lo cualitativo, no importaba. Pero se comía los mocos, ahí, sobre ella: mientras cogían -mientras él se la cogía- se metía un dedo en la nariz, escarvaba en lo menos íntimo de sí mientras hacía lo mismo con ella, con lo más. un moco, una bolita, a la boca. Ella no miraba, suspendió los ojos un momento, otro foco, el pito de él quizá, cualquier cosa. Qué carajos, pensaba ella mientras lo esperaba. No soy ninguna paqueta, le dijo al fin, pero dale.

jueves








A la mañana, un bretel, media espalda. Vos tenías que ser hermosa; yo había prometido ser puntual.







(Encontré seis pestañas en una caja de esqueleto de mandarina. Cinco son para vos, y tres deseos para mí, que son siempre los mismos.)

martes

Vas a ir corriendo por los montes, hiriéndote los pies.

Me pides que no te llore más,
que no te llame más
que te deje ir, que si te llamo venís
y que vos estás por pasar a dejar de ser.
Pero yo sé que no es por vos que no te debo llamar
Habrá que olvidar y bueno,
y bueno pasará
y todo también pasará.
Pobre, tan solo te voy a dejar sin saber nada,
ni el olor de donde estás,
sin siquiera reconocer el olor de donde estás.
Mi corazón late,
sin tu mano enorme en mi cara,
tu mano gigante en mi cara, gigante, enorme.
Ya no lloro más, debo dejarte ir. (tengo de qué reir)
Mirá acá, tocá acá,
acá tocá acá.
Tu mano enorme en mi cara,
gigante tocá mi cara.

domingo

Me dijo anoche: ¿boluda qué pasó acá? en una época los pibes cortejaban, ahora nos agitan el techo del auto.

viernes

Pequeñas anécdotas

portero: decile a tu mamá que se murió la señora B. del 5to c.
l: ah. bueno.(contestador) "ma, se murió una vieja del edificio, me dijo Luis que te avisara, qué se yo, por ahí es amiga tuya"
(1 am)
mamá: ¡¿qué quién se murió?! nunca más me dejes esos mensajes.
l: bueno che. no sé, una mina del 5to.
mamá: ah, no tengo idea quién es. ¿Cómo te fue en latín?
l: bien
mamá: bueno, me voy a dormir porque mañana esquiamos en copahue. besos
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ro: ¿cómo les fue ?
l: bien; yo le gusté a una chica que era terrible. x se levantó a dos chicas lindas.
ro: ¿alguna se la tranzó?
l: no, básicamente fue como sabés: conquistábamos chicas para que nos compraran cerveza y luego las abandonábamos como todo hombre viril.
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Señora de la calle: ¿Qué hacés en ojotas fumando el la puerta con este frío?
l:No puedo fumar en los pallieres, y no quiero apagar el cigarrillo. La señora de la calle saca de su cartera un particular
S.D.C- ¿No te dejan fumar en tu casa, no?
l: Sí, si me dejan.
S.D.C: No sé eh, si te dejaran no estarías acá con este frío.
La señora se acomoda al lado mío y me cuenta de su difunto marido.Pasan quince minutos.
S.D.C: ¿No saben tus padres, verdad?
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Señora del prendedor de Flor: ¿Me diría cuánto cuesta este producto, señorita?
l: No trabajo acá señora
S.P.F: ¿Me lo averiguás?
l: No trabajo acá señora
S.P.F: Siempre tan mala atención en estas perfumerías de mierda.


domingo

Pongamos que hablo de mí

Hay un lunar en mi nariz que no marca un antes o un después de nada. Hay una constelación vulgar en mi espalda que no define ninguna figura. No define. Hay una plancha de corcho con fotos que no me atrevo a sacar. Varias fotos que no me atrevo a poner. Discos que quiero escuchar y no puedo. Hay una cierta necesidad que no sabemos si se corresponde con lo que me pasa o con mi orgullo. ¿Para qué? Si nadie nos ve. Quise que me dijera eso una noche, cuando había sido el momento justo para tirar la bomba que nunca explotó. Creo que yo movía la boca como con las canciones que no sé y quiero saber. No me esfuerzo, lo verán. Lo vieron.
Una noche de hace años estuve perdida y triste y borracha en una parada del 168. No lloré pero me morí de frío. Tenía los labios violetas. Nunca más esperé el colectivo en el mismo lugar. Con o sin intención. No importa.

Bienvenidas al club del tránsito. Porque todas somos mujeres. Mujeres estúpidas. Con o sin piernas jugosas. Más o menos putitas. Más. O menos.
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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

en Cobstrucción

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¡Cuidado! Hombres Trabajando