viernes

diez días a sanguche de mayonesa y aceitunas verdes.
seis horas de catorce días sólo con la nariz colorada.
cuatro mil quinientas horas de estrategias malabarísticas, mal hechas.
siete veces hacer malabares con ocho cosas que se rompen.
cinco mañanas con las mismas medias de payaso.
mucha pollera, mucho saltito pedorro.
debería ser el enano de un circo que va a todas partes y no para en ningún lugar. pero no. ni siquiera el domador de castores. soy la mujer barbuda de mi propio circo.

domingo

jueves

Automático. Inevitablemente automático. Pero está bien. Es como que se muera la nena más linda de Cuzco. Podemos. A eso y con el adoquín que falta. Jugar. En Murature. O en Seguí. Ya no lo sé. Como cuando lo vio y se le cayeron los hombros. No se podían sostener ni con la musculosa azul. Pero tampoco fue tan grave. Casi como la primera vez que bailó un lento. Ni tanto. Ni poco. Ni idea. Anillos de humo.
El mono trabando la mandíbula. Yo mirando, brillosa. Brillando para. Aureola en el café. La mancha de la pared. Mis manos en la cabecera de la cama. Aureolas, eso veo. Techo que se olvidó. O mejor el pegamento. O yo del pegamento. Aureolas en el lento. Aureolas en tu hombro. En tu nariz. Aureolas en mis pezones. En mis cachetes. Enormes. Brillosas. Aureolas en los ojos. Oscuras y miopes. Sobre los pasos que vamos dejando en el piso. En el sur. En el edificio redondo. En la barranca. Frente a la laguna. Sol y panza al aire. Remera levantada. Ternura. Palabra horrible. Fiel. Y panza y botella con pescado. Yo con botella. Y pescado conmigo. No te devuelvo nada al mar. Pero tampoco te guardo. Sólo la imagen de vos. Sólo mi escozor. Y yo durmiendo la siesta. Quejándome. Yo que para vos cogida, para vos hermana y para vos boluda que jamás supo entenderte. Ahora, vos no sé. ¡Movés los pies!. Y me descubrieron. Insert coin. Australes. Miles de. Australes sin aureolas. Cachetes con aureolas borroneadas. Aureola de ojos. Brillante. No. Baldosas sin aureolas.
A la noche. Llegaron y me preguntó si era feliz. Lo vio en mis ojos, me dijo. Sí, mamá. Y era cierto. Yo te vi a los ojos. Vi que quería que me miraras así siempre. Y tenías razón. Pero ni tanto. Superstición. Tres erres a los diecinueve. Aureola. Pero guantes de boxeo y volviste. Yo ya sabía que ibas a volver. Y sin embargo bajé a hablar con vos. Como si no supiera lo que iba a hacer. ¿Me das tu mejor lágrima?.Y lo miré casi sonriendo. Aunque él no me importara. El momento era mío. Y bajé los ojos, como cuando le dije que ya no lo quería. Como en el auto, cuando pasamos por ahí. Nadie dijo nada. Fue triste. Bajé la mirada. Aureola. Ojos sin aureola. Aureola que es cafetera. No fue la mejor lágrima. No fue ni la de un miércoles. Ni siquiera de los sábados. Como esa noche. La de consolaciones púberes. Como cuando otro. Un sábado que se hizo domingo. Y foto en la ventana. Contacto de labios. ¡Aureola que explota!. Cinco menos diez. Nueve y cuarto. El vení para la foto. Uno de los cuartos de la galería. Oscuro. Mis ojos brillantes. Aureolas en todas partes. En. Desde. No, no quiero ir a tu foto. Asesina de aureolas. Sádica. A caminar, a no imitar estatuas de la plaza. Perdón. Te rompí la guitarra. Mentira. Forra. Aureolas en Bariloche. Aureolas de granadina. Manos sobre la cabecera de la cama. Como en Reloj de Plastilina. Justo esa parte. Necesariamente.

miércoles




Echó el café
En la taza
Echó leche
En la taza de café
Echó azúcar
En el café con leche
Con la cucharilla
Lo removió
Bebió el café con leche
Dejó la taza
Sin hablarme
Encendió
Un cigarrillo
Hizo aros
Con el humo
Echó la ceniza
En el cenicero
Sin hablarme
Sin mirarme
Se levantó
Se puso
El sombrero
Se puso
La capa de lluvia
Porque llovía
Y se fue
Bajo la lluvia
Sin una palabra
Sin mirarme
Y yo tomé
Mi rostro entre las manos
Y lloré.
Desayuno, Jacques Prévert

lunes

Dijo

No tiren de la soga, no rompan más las bolas, no hay planchas voladoras, no hay chicas que no lloran. No es el fin.

jueves

Tomo helado de limón. Raspo el telgopor y en ese momento en Madrid él compra en el Corte Inglés un prendedor igualito al que una vez me vio puesto. En la primera parada del San Javier empieza a disiparse la llama de un cigarrillo que, al parecer, jamás terminó de apagarse. En la avenida Argentina al quinientos, una chica se confunde de casa y no le emboca a la llave. En el monoblock “B” de Sarmiento asesinan a una vieja justo después de una mudanza. En Honduras suena la alarma de un ascensor y en Chos Malal una chica hace el amor por primera y única vez. En un 9no un grupo de personas recibe una noticia devastadora, un sábado a la noche. En Plaza Irlanda sacan el adoquín que tanto señalabas. En un grabador suena el cassette que nunca me devolviste. En el teclado de una oficina de Berlín deja de funcionar la k. En Barranquilla reciben una nota que sólo tiene kas. En el baúl de un renault dieciocho rural una chica se enamora de su amigordo mientras un techo aplasta a la nena más linda de Cuzco. En Amenábar reciben una carta equivocada; en Migueletes se resignan de esperarla. En ese mismo instante una pareja en Ginebra se saca una foto que mañana ya no va a significar nada.

martes

Hola. Me llamo Ana; tengo un problema. Lucía, mi hermana, dice que tengo registro de recuerdos que recorren setenta y tres años. También dice que tengo lagunas mentales, que soy muy coherente. Que mi memoria es exacta. Dice que soy disléxica y que hago la i griega al revés.
En los ochenta egresé de un colegio, en los sesenta tuve a Agustín y en el medio investigué la etimología de mi nombre. Dice que me encorvo con facilidad pero que mi postura es envidiable. Nunca voté en blanco, pero a v3ces me desmay0. Dice que cuando me pregunta la hora me detengo a pensar si contestarle cuatro menos veinte o tres cuar3nta. Que hasta el día de hoy sigo poniéndome zapatillas al revés. Dice que recuerdo las cosas como yo quiero. Que digo que El Flautista de Hamelin es maniobra del consumismo frente a las masas. Que Hanna es hebreo. Dice que la cintita roja del preescolar no me sirvió. Que tengo veintidós. Que el ómnibus es un 3rror, porque no es para todos, sino para todos aquellos que cuentan con un mínimo de setenta y cinco centavos. Que mis argumentos son bajos, pero ella es la que hasta el día de hoy se chupa el dedo. Que soy siniestra, y por eso me mancho con tinta la mano.
-Pero Ana, ¿tu hermana no murió en el cincuenta y ocho?
-¡No! Esa fui yo. En fin, te decía que el hombrecito del azulejo no me gustó y que jamás me dio miedo.

domingo

Anoche soñé con una amiga de la infancia. Teníamos once años, y yo le decía: “Vos Lupe vas a terminar a los veintiuno casada y con un hijo”. Ella no respondió nada, no me pegó, ni se río. No hizo nada, y el no hacer nada incluyó no invitarme a su casamiento.
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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

en Cobstrucción

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¡Cuidado! Hombres Trabajando