miércoles

Es como pretender que no sea necesario raspar mis tostadas o que te diga como me dicen desde chiquita. No te lo voy a decir. O que no me exploten los ovarios, que no sienta que me remueven la carne viva con una cuchara metálica, haciendo un ruido sutil pero horrible. El más feo, el menos soportable. El que me da escozor y me deja la piel con gusto a metal. Como pensar que puedo llegar a tener manos lindas. No, no hay esmalte con cianuro que lo arregle. Pretender que sea mejor amante que mejor amiga. O viceversa. No soy de cabotaje. Tampoco de mentira ni de celofán. Y me anoto cosas en el cuerpo. Tengo millones de fechas. Esto me lo hice ese verano. Eso es una quemadura que me hizo él. Esto es una promesa que tuve que cumplir sola porque no me quedó más remedio. Y de aquello sólo tuve ganas. Pero no me molesta. Estos lunares no están dibujados.

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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

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