sábado

Con y sin polleras

Me compró vestidos y polleras. Hablaba de la libertad de mis piernas o algo así. Tiempo después entendí que en realidad hablaba de la libertad de sus piernas. Pero (en ese entonces) mi piel era como una chica estúpida: la miman y brilla. Se vuelve suave, cada día le nacen lunares. Es fácil. Es barata. Pero qué importa: brilla. Como un cuento que leí sobre los antepasados (siempre le gustaron los saltos temporales). Él cerraba los ojos, con las manos se cubría los oídos y repetía: no me escondo, no me escondo. (Casi como) encaprichado con las palabras, que en un antes y un después de pronto se volvieron paradoja.
Quizá cuando sea grande siga utilizando el francés para conseguir chicas. O haga comentarios brillantes. Y ellas usen polleras (las que tienen un vuelo humilde). Cuando coma jamón o pele una naranja, cuando pise una baldosa floja un día de lluvia y nadie esté ahí con él. Y tenga que guardarlo, sólo porque sabe que cuando lo cuente le va a faltar eso. (Como conmigo). Lo mismo que siente en sus conductas secretas. Sé que antes de iniciarlas levanta la vista, se asegura de que nadie vea. (Yo me río cuando se cae el jabón, me río sola, estúpida. Me río en serio, y es estúpido, pero no por estúpido menos en serio). Cuando escuche una base que sabe me hace salir del letargo.
El cuento hablaba de la fisonomía de las psicópatas del cariño. Una forma en la espalda, los dedos angostos, las piernas blancas. Esas son. (Con y sin polleras). (Y paradojas). Ahí no hay nada para mí, parece. De espalda negra y maciza pero con hombros que sostienen una remera. No llevaba pantalones, pero parece que ahí no hay nada para mí.
Sin embargo, en un escalón y con el día de fondo, yo me abrazaba a su cuello. Lo olía, lo enfrentaba a mi boca, apenas un roce. Él besaba mis hombros, me sostenía de la cintura con fuerza, no como si fuera a caerme, sólo con fuerza.
El cuento hablaba de viajes por Europa, la fisonomía como parte de esos viajes, como legado que la protagonista no quería para ella. Y si a ella la definía Europa o alguna forma en particular, en mi caso la cara no dejaba de gesticular reacciones que indicaban incertidumbre, no metafísicas, quizá algo resignadas, pero ni tanto. Y no son cosquillas ni cucharas de metal, no es aleteo o raspadura. Es vibración, es un hijo que nunca terminás de abortar (o bueno, está bien, de parir). No tengo forma de pollera y mis piernas están atadas al suelo. No son libres. No son libres. (Podría taparme los oídos). (O podría recordar que el otro día conocieron al primer bichito bolita que no pudo hacerse bolita). Yo no soy ese bicho bolita.
Ahora veo un montón de ventanas. Creo que me ven y por eso apagan las luces. Yo también las apago. No soy una hormiga, pero tampoco un bichito bolita, ni una pollera, ni europea. Ni siquiera mis piernas son libres. Pero no soy difícil. Si mi piel se vuelve suave, yo me vuelvo fácil, me vuelvo barata. Brillo.

miércoles

astillas

Una tarde, sentadas en un banco en Tucumán, nos quisimos morir. El piso estaba lleno de hojas enormes, amarillas. Y nosotras nos quisimos morir. Era Octubre o Noviembre, con hojas amarillas. Nos quisimos morir. Pero hace poco -en un Julio- nos encontramos en la situación de elegir entre el pantalón azul, el hombre o el cigarrillo. Ninguna pudo contestar. Sabíamos que no podíamos tenerlo todo. Dijimos iloveyoupanzón dos o tres veces. Desafinamos una canción, que no importaba porque era nuestra. No hay culpa sobre lo nuestro. Ni pudor (privado). Era invierno y caminé quince cuadras, muerta de frío. Pero me compré un helado de menta. Sabía que iba a llorar. Todos sabían que iba a llorar, por la menta, por el frío,o porque me sentí estúpida.

sábado

preludio o nada

Can I borrow a piece of your chicken?. And then you just took it...
without waiting for an answer .
It was so intimate.
Puedo tocar tus pezones como si fueran tambores- dijo mientras yo sólo pensaba en otra cosa. Me enamoré de tu mamá, me enamoré de tu hermano. Sólo para acercame a ella y, en tu caso, a él.
Me llamaba desde el celular: Estoy en casa, si querés llamá acá- decía y él cortaba y sonreía sin que yo pudiera verlo porque pensaba que por eso esa noche me iba a coger. Y yo sólo quería que no gastara plata.
[anoche escuché que cantaban "¿qué quiero? ya no lo sé, sólo buscaba darte placer" (o algo así) y mucho nesquik y besos en los brazos que no iban. lo demarcamos. lo remarcamos. no iban. tenés un nombre que nunca decís, y yo no quiero que sea el mío. lo admito. no iban. en serio.
tu mamá me compraba helado de limón y venía siempre con un bombón de fruta. siempre tocaba de frutilla. pero no guardamos el palito. no entraba en la lata llena de boletos de colectivos. que se borraron. ¡se borraron! claro, ¿por qué no habrían de borrarse?
todo sucedió mientras él comía, en la cocina, del frasco de cereales gástricos de mamá. al día siguiente me dijo que tenía diarrea. y claro, no me quiso preguntar, no quiso interrumpir. perdoná tu diarrea, tuve que decirle y realmente lo sentía. todo para que una noche, en un cerro, nos tirarámos en el baúl de su renault dieciocho rural. era demasiado romántico y común. había mucho para tomar y hablar, y hubo un beso por el escenario. pero sólo fue por el escenario.
tapitas de agua ardiente. agustín me dio un beso y me sentí plena. más adelante. nos tiramos en un sillón, mis pies contra su pecho. se hizo de día. eramos amigos. blah, amigos. ni que fuéramos tan amigos, dijo él]. yo estuve de acuerdo.

lunes

m

Cuando despierta no duda si llamar o no, hacer rin raje, esperar el primer tono del teléfono para cortar. No enciende la tele ni se hace un té. No es la convergencia de cinco personas, no es cinco estupideces diferentes. No es ratas ni hisopos, ni alicates ni acuarela. Sí, piensa si es un pantalón blanco o un escote. Piensa que si la vincha, que si lo agarra mirándola. Y lo agarra mirándola. Y dentro de sí la satisfacción. De la mirada. Una porquería. Obsoleto. De mala mina, de pendeja trucha. De femme fatal sin ele. Dice que no quiere, y puede que sea cierto. Dice que todo lo hace por ella, y parece que es mentira. Setecientos pesos en una semana. ¿Y para qué? Té de tilo con limón y hielo. Para eso.
No corta, no llama, no dice, no se calla, no pregunta, no quiere nada. No puede tenerlo.
Una noche escuchó que leían “Estoy harto de que todo lo que no soy me señale con el dedo, me arrincone en un lugar del que no puedo salir”. (O algo así). No se siente intimidada por el dedo índice. Ni por las miradas pretenciosas, y sin embargo. Obsoleto. Es cierto. No corta ni llama. Sólo té de tilo con hielo y limón. Para eso.

sábado

un moco, una bolita, a la boca.


hormigas y ratas y papel higiénico. Mientras cogían él la sostenía con una mano y con la otra -sin atinar siquiera a hacerlo por debajo de las sábanas- se comía los mocos. Ella podía entender que en algún momento él los hubiera querido filmar, o, luego de tantos intentos frustrados - pero sólo porque a ella nadie nunca le llamó lo suficientemente la atención- incluir un tercero. Coger en un baño no era gran cosa; a ella también le calentaba. Los pallieres de un edificio de los noventa era explicable, no era excluyente en lo cualitativo, no importaba. Pero se comía los mocos, ahí, sobre ella: mientras cogían -mientras él se la cogía- se metía un dedo en la nariz, escarvaba en lo menos íntimo de sí mientras hacía lo mismo con ella, con lo más. un moco, una bolita, a la boca. Ella no miraba, suspendió los ojos un momento, otro foco, el pito de él quizá, cualquier cosa. Qué carajos, pensaba ella mientras lo esperaba. No soy ninguna paqueta, le dijo al fin, pero dale.

jueves








A la mañana, un bretel, media espalda. Vos tenías que ser hermosa; yo había prometido ser puntual.







(Encontré seis pestañas en una caja de esqueleto de mandarina. Cinco son para vos, y tres deseos para mí, que son siempre los mismos.)

martes

Vas a ir corriendo por los montes, hiriéndote los pies.

Me pides que no te llore más,
que no te llame más
que te deje ir, que si te llamo venís
y que vos estás por pasar a dejar de ser.
Pero yo sé que no es por vos que no te debo llamar
Habrá que olvidar y bueno,
y bueno pasará
y todo también pasará.
Pobre, tan solo te voy a dejar sin saber nada,
ni el olor de donde estás,
sin siquiera reconocer el olor de donde estás.
Mi corazón late,
sin tu mano enorme en mi cara,
tu mano gigante en mi cara, gigante, enorme.
Ya no lloro más, debo dejarte ir. (tengo de qué reir)
Mirá acá, tocá acá,
acá tocá acá.
Tu mano enorme en mi cara,
gigante tocá mi cara.

domingo

Me dijo anoche: ¿boluda qué pasó acá? en una época los pibes cortejaban, ahora nos agitan el techo del auto.

viernes

Pequeñas anécdotas

portero: decile a tu mamá que se murió la señora B. del 5to c.
l: ah. bueno.(contestador) "ma, se murió una vieja del edificio, me dijo Luis que te avisara, qué se yo, por ahí es amiga tuya"
(1 am)
mamá: ¡¿qué quién se murió?! nunca más me dejes esos mensajes.
l: bueno che. no sé, una mina del 5to.
mamá: ah, no tengo idea quién es. ¿Cómo te fue en latín?
l: bien
mamá: bueno, me voy a dormir porque mañana esquiamos en copahue. besos
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ro: ¿cómo les fue ?
l: bien; yo le gusté a una chica que era terrible. x se levantó a dos chicas lindas.
ro: ¿alguna se la tranzó?
l: no, básicamente fue como sabés: conquistábamos chicas para que nos compraran cerveza y luego las abandonábamos como todo hombre viril.
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Señora de la calle: ¿Qué hacés en ojotas fumando el la puerta con este frío?
l:No puedo fumar en los pallieres, y no quiero apagar el cigarrillo. La señora de la calle saca de su cartera un particular
S.D.C- ¿No te dejan fumar en tu casa, no?
l: Sí, si me dejan.
S.D.C: No sé eh, si te dejaran no estarías acá con este frío.
La señora se acomoda al lado mío y me cuenta de su difunto marido.Pasan quince minutos.
S.D.C: ¿No saben tus padres, verdad?
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Señora del prendedor de Flor: ¿Me diría cuánto cuesta este producto, señorita?
l: No trabajo acá señora
S.P.F: ¿Me lo averiguás?
l: No trabajo acá señora
S.P.F: Siempre tan mala atención en estas perfumerías de mierda.


domingo

Pongamos que hablo de mí

Hay un lunar en mi nariz que no marca un antes o un después de nada. Hay una constelación vulgar en mi espalda que no define ninguna figura. No define. Hay una plancha de corcho con fotos que no me atrevo a sacar. Varias fotos que no me atrevo a poner. Discos que quiero escuchar y no puedo. Hay una cierta necesidad que no sabemos si se corresponde con lo que me pasa o con mi orgullo. ¿Para qué? Si nadie nos ve. Quise que me dijera eso una noche, cuando había sido el momento justo para tirar la bomba que nunca explotó. Creo que yo movía la boca como con las canciones que no sé y quiero saber. No me esfuerzo, lo verán. Lo vieron.
Una noche de hace años estuve perdida y triste y borracha en una parada del 168. No lloré pero me morí de frío. Tenía los labios violetas. Nunca más esperé el colectivo en el mismo lugar. Con o sin intención. No importa.

Bienvenidas al club del tránsito. Porque todas somos mujeres. Mujeres estúpidas. Con o sin piernas jugosas. Más o menos putitas. Más. O menos.

miércoles

lurba, lurben, luba, maluba, malurba, juan manuel.

Así de angulosa y tosca denota y esconde simultáneamente todos los seres que habitan en ella.Dependiendo (precisamente) del ángulo desde donde se mire, la posición del viento y el sol, sus demonios salen a la luz o simplemente sigue siendo L.La polifonía se vuelve histérica, su cabeza late así como su voz se transforma hasta asimilar al ser de turno.Cambia su tez y la expresión de su cara.Los músculos se contraen y los ojos cobran arrugas (de esas que no denotan experiencia). De este modo, agita los pies y trona sus dedos mientras L descansa en el fondo, con los demás.

martes

no la mames chabón.

perdí un anillo. perdí un aro. no la mames chabón. poto. poto. me corté el labio. hice un clavado en la arena. temblaron por mí. d se sacó el mejor 00.00 y comprobamos que La Plata queda en otro lugar.




















jueves

Memorias de autostop o me bajé mal del micro.

Tenía hongos en la espalda y besaba bien. Así me gusta recordar a Mariano. Lo conocí en el micro de un viaje de mil ochocientos kilómetros. Días atrás yo había terminado con mi novio y ya no tenía ganas de atender el teléfono. Agarré el primer micro en Retiro. Tenía doscientos pesos para diez días que luego se convirtieron en un mes y medio.
Mariano subió al micro a las cinco horas de haber arrancado, en un pueblito sinnombre donde había una estación de colectivos que parecía cualquier cosa menos una estación de colectivos. Yo estaba en el asiento de la ventana. Sacó el pasaje mientras me miraba y buscaba su asiento. Al final apoyó las cosas a mi lado. Saludaba a alguien por la ventana, así que le cedí un espacio para que pudiera ver. Si bien yo mantenía la vista hacia un punto ciego -que en realidad no era ningún lugar-, pude ver que abajo estaba su familia: padres, hermanos, tíos, primos y abuelo. Desvié la mirada en cuanto vi que el abuelo le guiñaba un ojo a Mariano y me señalaba a mí. Sentí mucha vergüenza; vergüenza que sin embargo se desvaneció al ver la cara de Mariano. Estaba fucsia.
Cuando el micro arrancó, Mariano comenzó a acomodar sus cosas. Traía una mochila y una guitarra. Mariano era torpe. Básicamente torpe. No manejaba las dimensiones. No sabía lo que era una dimensión. Me golpeó en la cabeza con el mango de la guitarra dos veces. Disculpame, me decía. No, está bien, pero terminá de acomodarte ya, pensaba yo.
Nos mantuvimos en silencio hasta la cena. Trajeron dos bandejas de plástico con un sanguche, un alfajor y tres caramelos. Te cambio el alfajor por mi sanguche, dijo Mariano. Por favor, le contesté. Siempre preferí lo salado a lo dulce. Mariano empezó a caerme bien. Hablamos de todo. Hablamos de nada. En dos oportunidades amagó con sacar la guitarra. No recuerdo cuáles fueron mis excusas para retenerlo. Pero fueron efectivas.
Mariano dibujaba bien. En un momento de la noche mencionó la seña que había hecho el abuelo. Yo no me hice la estúpida, pero me reí. Me pidió un sacapuntas. No, no tengo sacapuntas. Tengo desodorante y medias y remeras y repelente de mosquitos. Pero un sacapuntas no Mariano.
En el viaje no pasaron películas. De hecho creo que es probable que ni siquiera haya habido pasajeros. Para mí sólo estábamos Mariano y yo, ignorándonos al mismo tiempo en que tratábamos de seducirnos. Mariano era tres años menor que yo. Me contó cuál era el motivo de su viaje. Nunca pude recordarlo. Si en el momento no me interesó lo perdí para siempre. Cuando preguntó por mis motivos tampoco tuve ganas de contarle. Mariano era daltónico. En un momento fue al baño y se escucharon gritos. Una vieja estaba haciendo pis. Mariano no distinguió el cartel. La señora le pegó un portazo en la cara. Mariano -sin haber ido al baño todavía- subió riéndose, sólo para contármelo. Se paró en el pasillo y con las manos en la ingle se atropellaba contra las palabras. Tenía los ojos brillosos. Nunca pude prestarle atención a un hombre si mientras me habla se agarra los genitales. Mariano daba saltos de incontinencia. O quizá sólo se sentía feliz.
Al momento de dormir subieron los aire acondicionados. Yo estaba en ojotas y musculosa. No tenía abrigo a mano. Mariano me dio un buzo y más tarde, entre sueños, escuché que temblaba. Lo abracé y nos dormimos. Cuando me desperté Mariano ya no estaba. Busqué la guitarra y no la vi. Su bolso. A él. Yo tenía su buzo. Le pregunté al chofer si lo había visto y me dijo que se había bajado dos paradas atrás, hacía cuatro horas. Subí a mi asiento. Me hubiera querido despedir. Pero sólo porque no nos habíamos despedido. En su asiento había un sacapuntas. Mariano tenía hongos en la espalda y besaba bien.

martes

El filtro mediano o nunca te ayudé a cocinar

(Mi mamá está cocinando y yo estoy sentada en la mesada)

Yo- Ma, ¿Patricia es tu amiga?
Mamá-Si.
Yo- ¿Y Mónica?
Mamá-No, ella es una conocida.
Yo- ¿Cómo? No entiendo. ¿Por qué ella es conocida y Patricia amiga?, si todas se conocen y salen juntas.
Mamá-Si, pero sólo Patri es mi amiga.
Yo-Ay, nada que ver. Todas son tus amigas y me querés confundir. Si cuando te invitan a tomar algo vas toda contenta. Entonces ¿sos falsa?
Mamá-No. No soy falsa. Voy, pero no son siempre amigas.
Yo- ¿Si salís con todos conocidos y un solo amigo te aburrís?¿no les contás cosas?
Mamá- Si, bueno hija. La pasás bien. Son conocidos.
Yo- Mónica es la mamá de Caro y Caro es amiga mía. Tendrías que ser su amiga. Por Caro y por mí. La mamá de Caro es re buena como Caro.
Mamá-Si hija. Pero la mamá de Caro no es mi amiga. Todos elegimos quién es nuestro amigo y quién no. Y no tiene nada que ver Caro. Yo puedo ser amiga de quien quiera. Vos también.
Yo-Mentira. Yo tengo amigos o enemigos. No tengo conocidos ma.
Mamá- ¿Quiénes son tus enemigos?
Yo- Magui y Coni. Las odio. Son re forras.
Mamá-Bueno, pero ya vas a ver. Nadie es tan malo. Hay amigos y hay conocidos…
Yo-Todos son mis amigos ma. Y los que no, los odio. ¿Entonces odiás a los conocidos?
Mamá-No hija. No los odio. Lo que pasa es que… Bueno, dejá, no importa. Cuando seas grande vas a entender la diferencia.

jueves

Mostré la hilacha: moví los pies.

Estoy convencida. Hoy es el cumpleaños de alguien.
F me dijo un domingo que todas las canciones hablaban de mí. Me gustó tanto que sólo tuve que convencerme. Una vez, corriendo mientras llovía, D me preguntó qué clase de gente me gustaba: la que la lluvia le queda bien. El otro día me retó un nene de dos años: vino a mi casa, corrió por el pasillo hasta una puerta y gritó: ¡está todo tirado mamá! ¿quién duerme acá?. Acá duerme L, contestó la mamá. Entonces el enano dijo: pensé que era de un nene, tenés que juntar las cosas. Mis juguetes son mejores que los tuyos.
Nunca pude empezar un aplauso concurrido. Me cuesta pronunciar palabras que empiecen con tr. Se cae el jabón y me río. Ahora resulta que todas se llaman L y todos cumplen el once de enero. Hubieran avisado antes. En la playa, con la palita y el rastrillo. Un helado de menta, australes en el wonder boy. La fiesta de la vendimia. Se me escapó el globo de helio. Nunca me lo advirtieron. Yo estaba contenta porque ya sabía atarme los cordones sola. El globo salió en la tele, cuando mostraban la fiesta de la vendimia. Así que lloré. Y después me compraron uno común, de esos que tienen todos. Y era rojo. Lo pinché. Lo odiaba.
Unas noches atrás estaba en el baño, sentada en el banco, mirando el suelo. En un momento escuché un ruido y vi a mi gata trepada al lavatorio tratando de tomar agua. Me miró. La miré. Fue tan buena que me abrió la canilla.

domingo

Siempre con un ejemplo real bajo la manga.

Anoche pensé en lo sensacional que era que todavía me faltara terminar el trabajo, por todas las cosas interesantes que podría escribir. (Creo que hasta sonreí). Al minuto me sentí increíblemente estúpida.

sábado

Lo ineludible de mi lurgaridad

De pronto, cuando nos habíamos alejado del tumulto de la fiesta, me dijo: Che, Lu, quiero tener piernas jugosas como esas que son medio putitas.
Viva, eh.
Ahora, muy de madrugada, la veo en el ascensor: una vecina de –pongámosle- cuarenta y uno, coquetona y canchera. Jamás la había visto. Igual jamás vi a nadie del edificio.
Viste que no andan los porteros- me dice, toda rubia ella mirándome a los ojos y emitiendo juicio que desconozco. Sí, una pena- respondo sin entender de qué habla.
Veo la malicia en sus ojos ¡juro que la veo! Dice: Es que el del primero hizo una conexión ilegal y rompió todo el cableado de los porteros.
Y claro, hipnotizada por su maldad qué más espero de mí: ¿Pero entonces lo va a pagar el consorcio o él?

(Igual, antes cuando ella me dijo eso, pensé en las veces que empecé a escribir diariamente. Y esta es la tercera, en mi lurgaridad. Primero fue en 1998 y después en 2002. Y lo que me impresionó fue que recordé cada razón).

domingo

El cortejo en francés o cómo sobrevivir un terremoto

Una noche, justo antes de irme de su casa, se enteró que a mí me gustaba Prévert. Fue hacia la biblioteca mientras me retenía en el umbral de la puerta. Me acuerdo que tenía la primera edición de Palabras. Estaba apoyado sobre la biblioteca; yo en el marco. A él lo secundaba un montón de nombres y colores; yo a lo sumo sobreviviría un terremoto.
Leyó Desayuno en francés. Alternaba los ojos entre la hoja y mi boca. Volvía a la hoja porque de tanto mirarme se olvidaba cómo seguía. Volvía a mi boca sólo para cerciorarse de que fuera lo suficientemente linda como para leerme en francés, en el umbral de la puerta, a las seis de la mañana. Yo también miraba su boca. Cómo se movía, cómo cambiaban las formas y los sonidos. Mientras lo miraba pensé en cerveza y en que me dolía la espalda.
Pensé en una vez que diluvió sobre avenida sarmiento y yo tuve que cruzarla luchando contra la corriente que se había formado. En ojotas. Estaba muerta de miedo y tenía ganas de llorar. Estaba un poco borracha, pero también estaba triste. Pensé en un invierno en la casa de m. Era de día y habíamos estado hablando toda la noche. Mis papás me llamaron a las nueve de la mañana desde la puerta de mi edificio con el auto cargado. Hace tres días que no venís a casa. Me pareció entender en el teléfono que mi mamá supo que me sentía plena. Y se fueron al sur.
En un martes a la noche cuando caminábamos y él me decía que no quería morir en un hotel. Me acuerdo que al principio me reí, pero sólo porque yo se lo había dicho un momento antes.
Pensé en una vida entre cajas y supe que era la mía. En el conejo que fue picado por una víbora. O cuando agarramos el auto y nos fuimos de viaje a Purmamarca. Teníamos dos pesos y no sobrevivimos.
Mi mamá se sentó a los pies de mi cama y me dijo que no hablaba desde hacía diez días. Y qué se yo, qué te voy a decir.
Escuché

Ma tête dans ma main
Et j'ai pleuré.
Y me fui.

sábado

Cada día te parecés más a un personaje de Tim Burton- me dijo con los ojos serios en un momento de la escena. Indefectiblemente tuvimos que reir toda la noche por lo cierto, por lo no cierto, y todo lo demás.

martes

(Se cuenta que tal era su inclinación hacia el amor que, cuando conocía a una mujer que le agrabada, trataba de obtener sus favores)

Siempre hay una pendeja que es medio putita. Tiene piernas cortas, blancas y jugosas. La usan y al mismo tiempo la aman. Le tienen lástima. No suele ser asociada con palabras con ele como femme fatal. Usa jumper. Se coge a gente más inteligente que ella. El sexo no le parece bueno; es bastante mediocre a decir verdad. Pero el momento después. El cigarrillo –porque, claro, fuma-. Saben que se la cogen si antes le leen algo de Apollinaire. Si mientras leen le tocan la pierna. Si la miran fijo y ven sus ojos. Saltones. Con sed de todo. De Apollinaire, de camas y más camas. De cigarrillos.

(Si no lo lograba la pintaba y se ese modo apagaba su ardor)*

domingo

Lo que me enseñaron


Mentir está -relativamente- mal (1991)
Cajera- ¿Con tarjeta o efectivo?
Mamá- Tarjeta
Chick chack check
Cajera- Muy bien, necesito su firma y un teléfono de contacto.
Mamá- 4771-897…3
Yo- Má, es 72.
Mi mamá me fulminó con la mirada y bajó los ojos en señal de “dejémosla pasar”. No sé, quizá la mentira está sobrecriticada.

No con todo se puede hacer un paracaídas (1995)
Cecilia- Luciana, eso un tampón, sirve para otra cosa.
Luciana- ¿Para qué?
Cecilia- Para…
Luciana- Ugh! Qué asco (tirando el paracaídas y suicidando al pin y pon).

Un amigo una vez me enseñó algo que no termina de sorprenderme (1994)
Alejandro escupe.
Luciana- Sos un chancho de mierda.
Alejandro- No seas tonta, si me lo trago es peor: me puede dar sinusitis y capaz me muero.

La primera canción (1988)
Papá- Vamos hija: “Eee-lla toma el ascensor---a la noche sin temor a que se caiga…”.
(Yo cantaba fuerte con él).
13 años más tarde
Papá- Vamos hija “Eee-lla toma el ascensor ---a la noche sin temor a que se caiga…”.
Luciana- ¡Pa! La primera canción que aprendí es re triste. Cómo me vas a hacer cantar a los tres años esa canción. Es re triste.
Papá- Pero hija, ¡yo te la enseñé sólo para que hiciéramos con el piano la onomatopeya del ascensor cayendo!, a vos te salía re bien, y hasta te reías cuando lo hacías. Verte reír haciendo eso era bárbaro.
Luciana- Pero… ¡se muere ella y se suicida él!
Papá- Bueno hija (trivializando el asunto). Pasa.

A escribir (1991)
¡Aprendí a escribir! ¡Aprendí a escribir!- gritaba mientras corría al comedor a contárselo a todos. Sé escribir palabras, lero-lero. Ahora soy como ustedes. Ahora voy a entenderlo todo. Lero-lero.
Cecilia y Pedro- Nosotros te queríamos enseñar a escribir el otro día.
Luciana- ¿Y qué pasó?
Cecilia y Pedro- Mamá no nos dejó. Supo que el lunes en el aula antes que llegara tu señorita ibas a llenar el pizarrón de PUTA PUTA PUTA PUTA.
Luciana- No me importa, yo ya sé cómo se escribe.

Acerca de la discriminación (1992)
Mamá me pasa a buscar por la escuela.
Mamá- ¿Y? ¿Cómo te fue hoy pinuni? ¿Qué hicieron de divertido?
Luciana (llorando)- Mamá, cuando jugamos a las barbies con mis compañeritas se rieron de la mía.
Mamá- ¿Por qué?
Luciana- Porque es negra y tiene pelo negro y las barbies de ellas son todas rubias de ojos celestes y tienen re linda ropa. Mami comprame una barbie linda. No quiero volver a la escuela, me hacen burla.
Mamá- No les tenés que hacer caso hija. Tu barbie es hermosa. Mirala bien. Además es la única. Pensá que las de tus compañeritas son todas iguales, y la tuya es diferente, entonces es especial.
Luciana- Mami, ¿podemos ir a comprar una Xuxinha o la barbie cristal?
Mamá- No.
Luciana- Entonces quiero un b&n de bagley, pero que sea blanco, porque a mí me gusta el chocolate blanco.

La importancia de respetar a los mayores (1992)
Abuela- Pinuni, vamos a dormir que es tarde.
Luciana- No quiero, estoy mirando tele.
Abuela- No me importa, vamos a dormir porque sino tus papás se van a enojar conmigo.
Luciana- Sos una forra abuela, una cabaretera.
Abuela- Si, pero la diferencia es que a mí cuando me acueste no me va a atacar el diablo.

sábado

Como reggae o trash.
Como capicúa o impar.
Como John Smith o Trent.
Como A-A-B-B-B-A o A-A-A-A-b-A.
Como 2´ o Quicksand.
Como amarillo o azul.
Como umbrella o paraguas.
Como feliz cumpleaños o feliz día de los muertos.
Como con marihuana o cocaína.
Como Mario o Luigi.
Como 4771-8972 o 422-4702.

martes

pequeñas desventuras

explotó la computadora y el técnico dijo: puedo ver si quizá recuperamos algo, pero cada cd que necesite para los 459405690 (medida grande) de memoria le va a salir $50.
así que eso significó perder varias fotos y documentos.

cuando asfalten amenábar podrían avisar así yo no salgo corriendo de mi casa porque llego tarde al laburo y se me hunden las zapatillas en la brea. hoo-la pueden poner un cartelito de "obra en cobstrucción" o algún tipito que me grite "salí de ahí estúpida, estamos asfaltando". ahora amenábar tiene mis pies, y yo la tengo a ella en los mios.

explotó el celular.

-me voy a bañar, no abran canillas.
-bueno hija.
(a los 2 minutos, en toalla, en la cocina)
-¡¿ qué parte de "me voy a bañar no abran canillas" no entendieron?!
- bueno che, qué histérica.

pero bueno, feliz primavera. ¿vieron que nevó?

sábado

gusto de vos. yo también gusto de vos. ya no gusto más de vos. qué bueno, porque tampoco yo de vos. bueno, entonces ahora yo sí.

Los de la mesa de enfrente se buscan.
Fíjense.
Si ven por debajo de la mesa, ella mueve los pies. Apenas un roce de los tobillos. Los propios. Los que después él va a tener (,) sin detenerse. Ni él ni ella. Se gustan. Lo vemos. Se corta el aire. Se ponen colorados. No bajan la mirada. Sólo pierden el foco un momento. Uno sólo. Piensan en algo repulsivo. Piensan en alguna persona con la que estuvieron y con la que no sintieron nada. Afuera este rubor. Afuera la lengua que se traba y las manos que transpiran. Afuera los golpes en su pecho, desde adentro. Cada vez que los siente, ella cree que todos lo notan. Porque el suelo se mueve. Una de las patas de las sillas de todo el mundo desaparece. Y es todo tan inestable. Inútil adivinar cuál va a ser. Cuando te diste cuenta ya caiste de espaldas. Algoritmo inútil. Pero también afuera la sacudida. O no. Que siga, pero que no todos lo noten. Él mira el lunar que tiene en el cuello. Apenas perceptible. Para él, un elefante rosa. Cómo no verlo. Es lo primero que quiere tener de ella. ¡Y no vio sus tobillos! No los vió. Tampoco los va a ver. Hasta que ya no los tenga, y tampoco un lunar del que agarrarse.

viernes

conversaciones con papá




P- Terminé el libro que me prestaste. Es una cagada, no lo entendí. lo termine de leer y no lo entendí. Es una cagada.
L- Pero entonces el libro no es una cagada, la cagada sos vos por no entenderlo.
P- ¡No! la cagada sos vos por habérmelo prestado.

jueves




lo escuché gritar: mi corazón es un pueblo desgarrado. más adelante, ella: estamos muriendo todos. tomaba alcohol y se reía de ebriedad por tristeza. y era un poco cierto, un poco falso. y simpático.

miércoles

conversaciones con mamá

M: Hija, vení que te quiero saludar.
L: Pero mamá, falta una hora para mi cumpleaños.
M: Ya sé, pero en una hora va a cambiar todo entre nosotras y quiero que hablemos de eso.

L: ¿Por qué?
M: A partir de mañana todo va a cambiar, hija. Vas a empezar a odiarme, a encerrarte en tu cuarto sin dejarme entrar...
L: ¡Ay má!...
M: Pará, dejame terminar. Vas a empezar a pensar y decirle a tus amigos que yo soy mediocre, una hija de puta, una mina de mierda. Voy a escucharte decirme cinco veces al día que soy la peor mamá del mundo. Te vas a flagelar todo lo que puedas y vas a esconder las marcas. Vas a dejar de creer en Dios y nunca vas a tomar la Confirmación, y tu papá y yo lo vamos a recordar algún que otro domingo, mientras intentamos seguir almorzando en familia, y vos estés en musculosa, dormida y de mal humor, con los ojos llenos de rimel corrido. Cuando yo me vista de verde vos te vas a vestir de negro, y cuando yo me vista de negro vos te vas a vestir de amarillo, y así. Vas a mentirme, mentirme mucho mucho hija. Así por quince años. En los que yo te voy a decir sólo y cada tanto, para que no me odies más, que te quiero. Pero está bien. Es necesario y lo entiendo. Quince años es mucho tiempo, hija, por eso quería hablarlo hoy con vos. Cuando terminen los quince años vamos a volver a ser amigas como cuando eras chiquitita ¿te acordás? Más te vale. Yo no me voy a morir teniéndote lejos ¿me escuchaste? Ahora sí, ya es once, felices doce años mi amor.
L: Gracias eh, me cagaste el cumpleaños.

martes

no me violenta

Vas a querer censurar mis muecas porque te ponen melancólico. Eso me vas a decir, porque eso me dijeron todos. “Estás linda, te cortaste el pelo”,vas decirme, quizá sin saber que eso lo dijeron todos, con una mirada melancólica como la tuya. Me molesta. Me molesta. No me violenta pero me molesta. No me inmoviliza pero me molesta. Vas a decirme que yo era demasiado intensa, o muy fría. Yo voy a mirarte. Sin melancolía. Firme. Labios que no tiemblan. Voy a decirte que sos especial, que fuiste el primero de muchas cosas. Sólo para que saques esa mirada. Pero es verdad. Además es verdad. Mientras lo diga te voy mirar, aunque vos me respondas con los ojos melancólicos. No es vidrioso. Se barniza. Me molesta. No me violenta pero me molesta. Vas a preguntarme si estoy con alguien, y cómo me va en la facultad. Te vas reír conmigo, de lo que digo, del cómo. Vas a reconocer cada mueca. Puede que te transportes y pongas esa mirada, otra vez. Puede que sepamos que cuando dijimos que nos queríamos estábamos pensando en otra cosa. Puede que te des vuelta y pida otra cerveza. Puede que no. Vas a saber que si me pongo un vestido arriba de la rodilla se va a ver mi cicatriz. Y aunque no digas nada, por dentro te vas a sentir especial por ser el único que sabe que tengo una mancha en el ojo. Vas a verme abrir las puntas florecidas del pelo, y vas a pensar que en parte lo hago para vos, y en parte no. Y es verdad. Cuando hable vas a decirme “Dale, si yo te conozco”, mientras bajas un poco la mirada y hacés algo raro con la boca. Vas a hacer eso o vas a estar hablando con una chica, mirándome a distancia, cuidándome como si fuera tu hermana en una especie de cápsula imperceptible que apenas va a cortar el aire, y a ella la vas a mirar como a una mujer y a mí con mirada melancólica. Y está bien.

lunes

morir en un hotel

imaginate. prefiero que me coma un pez a morir en un hotel. ¿morir en un hotel? pará boluda, me hace temblar. pensá, con ventana o sin, es lo mismo. no me quiero morir en un hotel lu, no quiero. en un hotel no. quemarme vivo sí. ahogarme sí. que me rompan el corazón, pero que eso no me lleve nunca a un hotel. ¿pero boluda, te pusiste a pensarlo? ¡es un hotel! cómo te vas a morir en un hotel. es triste. es ajeno. más ajeno que morirte en el medio de la calle. prefiero que una escalera mecánica me coma la pierna, que se caiga un ascensor. pero un hotel no. imaginate. blanco. o amarillo. olor a viejo. olor a que sólo tengo quince pesos y es lo único que puedo conseguir. morirte en uno de dos estrellas. de cuatro. es lo mismo. siempre va a ser morir en un hotel- me dijo una vez a lo largo de diez cuadras, con los ojos llenos de derrames.

domingo

Con héroes, con tumbas, y menos predecible. Aproximemos el relato a unas doce horas, trece quizá. Una casa recién comprada en Caballito, antigua, deshabitada y llena de moho. Igual estoy feliz, se acábó el departamento y aspiro a cuatro paredes aisladas. Es amarilla. Últimamente estoy siendo detective: reviso los espacios de la casa, y subo las escaleras de un colegio entrevistando a los sospechosos del asesinato de Romina. Todos desaparecieron, y mi investigación está al borde del abandono.
Pero.
La casa es amarilla, tiene escaleras y ocupa poco espacio en la calle. Adentro es inmensa. Terraza y cuartos ocultos, con una leve entrada de luz. Nos mudamos y mi mamá usa el sótano para sus clases de autoayuda para carenciados y suicidas (todos al mismo tiempo). Yo no entiendo, pero participo en las actividades. Se oye un grito y veo una nena apuñalada en la galería. Corremos, lloran un poco, y la sangre aún está fresca. Subimos a la terraza y armamos una ronda, invocando a alguien. Comienza a llover, con relámpagos y todo el espectáculo, pero nos quedamos inmóviles, agarrados de las manos, mirando hacia arriba, desafiando a algo.De a poco van muriendo todos misteriosamente, y yo no entiendo nada.


-Hija, a comer
tic tac tic tac

-¿No vas a comer?
-Pará, estoy en algo importante. Después como


Me zambullo en una pileta llena de verdín a luchar con las serpientes de agua, hay también una cabeza de alce. Mato a dos o tres, y se aproximan unas setenta, nadando velozmente sobre el agua. Grito y corro, desaparezco unos meses (quizá se olviden de mi). Llego a un pueblo, ahí también asesinan nenas. Vamos a investigar.Totalmente deshabitado. Se ven las aureolas de las cervezas en la barra de la pulpería, y la radio sigue prendida.
Con esta colaboración no voy a poder resolver nada.Vuelvo a la casa amarilla. Pasaron algunos meses, o años. Yo no estoy envejecida, y la nena sigue intacta en el suelo. Recorro los cuartos y encuentro a mis abuelos, ya muertos en la cama. Escucho un portazo y empiezo a seguir el ruido sigilosamente. Subo las escaleras mientras los escalones crujen, camino en puntas de pie mientras sigo oyendo el ruido. Cierro los ojos y tiemblo. Otro portazo. Entro al cuarto y están todos allí, mirando, llorando, con sangre, algunos muertos ya, y...


ring ring!! : -Luciana, es Cecilia
-Ce, qué hacés?
-Lu, todo mal, Ale bla bla bla bla.
-Bueno, no le des pelota, hacé la tuya y después ves (?).
-Si, ya veré qué hago. ¿Dormías?.
-Y, si.
-Son cuatro y media boluda.
-Y bue.
-Perdoná que te haya despertado, ya me siento mejor.
-Bárbaro.
-¿Nos vemos el jueves?.
-Dale.
-Besos nena, cuidate.
-Chau.


Y es que así no se puede.

sábado

bla bla bla bla historia bla bla bla bla no no no-no bueno bla bla bla batman bla
bla bla puta bla bla sadica bla asesi bla no blah.

martes

El problema comienza cuando con el pie dormido, corro escandalosamente por la casa para atender el celular, y no sólo no llego, sino que en el camino me caigo, horriblemente, por la inutilidad de mi pierna. Lo absurdo lo sucede cuando mi familia, al verme terriblemente machucada, pregunta si tengo un novio golpeador o si finalmente me agarré a trompadas con Ro.Lo estúpido es que al negarlo yo, ellos me miren juiciosamente pensando que encubro un hecho de violencia, en el que –por lo que muestran mis marcas- yo perdí. Y lo indignante para mi familia, no es el haber sido golpeada y avergonzarme de mis marcas, sino el haber perdido la pelea.

viernes

diez días a sanguche de mayonesa y aceitunas verdes.
seis horas de catorce días sólo con la nariz colorada.
cuatro mil quinientas horas de estrategias malabarísticas, mal hechas.
siete veces hacer malabares con ocho cosas que se rompen.
cinco mañanas con las mismas medias de payaso.
mucha pollera, mucho saltito pedorro.
debería ser el enano de un circo que va a todas partes y no para en ningún lugar. pero no. ni siquiera el domador de castores. soy la mujer barbuda de mi propio circo.

domingo

jueves

Automático. Inevitablemente automático. Pero está bien. Es como que se muera la nena más linda de Cuzco. Podemos. A eso y con el adoquín que falta. Jugar. En Murature. O en Seguí. Ya no lo sé. Como cuando lo vio y se le cayeron los hombros. No se podían sostener ni con la musculosa azul. Pero tampoco fue tan grave. Casi como la primera vez que bailó un lento. Ni tanto. Ni poco. Ni idea. Anillos de humo.
El mono trabando la mandíbula. Yo mirando, brillosa. Brillando para. Aureola en el café. La mancha de la pared. Mis manos en la cabecera de la cama. Aureolas, eso veo. Techo que se olvidó. O mejor el pegamento. O yo del pegamento. Aureolas en el lento. Aureolas en tu hombro. En tu nariz. Aureolas en mis pezones. En mis cachetes. Enormes. Brillosas. Aureolas en los ojos. Oscuras y miopes. Sobre los pasos que vamos dejando en el piso. En el sur. En el edificio redondo. En la barranca. Frente a la laguna. Sol y panza al aire. Remera levantada. Ternura. Palabra horrible. Fiel. Y panza y botella con pescado. Yo con botella. Y pescado conmigo. No te devuelvo nada al mar. Pero tampoco te guardo. Sólo la imagen de vos. Sólo mi escozor. Y yo durmiendo la siesta. Quejándome. Yo que para vos cogida, para vos hermana y para vos boluda que jamás supo entenderte. Ahora, vos no sé. ¡Movés los pies!. Y me descubrieron. Insert coin. Australes. Miles de. Australes sin aureolas. Cachetes con aureolas borroneadas. Aureola de ojos. Brillante. No. Baldosas sin aureolas.
A la noche. Llegaron y me preguntó si era feliz. Lo vio en mis ojos, me dijo. Sí, mamá. Y era cierto. Yo te vi a los ojos. Vi que quería que me miraras así siempre. Y tenías razón. Pero ni tanto. Superstición. Tres erres a los diecinueve. Aureola. Pero guantes de boxeo y volviste. Yo ya sabía que ibas a volver. Y sin embargo bajé a hablar con vos. Como si no supiera lo que iba a hacer. ¿Me das tu mejor lágrima?.Y lo miré casi sonriendo. Aunque él no me importara. El momento era mío. Y bajé los ojos, como cuando le dije que ya no lo quería. Como en el auto, cuando pasamos por ahí. Nadie dijo nada. Fue triste. Bajé la mirada. Aureola. Ojos sin aureola. Aureola que es cafetera. No fue la mejor lágrima. No fue ni la de un miércoles. Ni siquiera de los sábados. Como esa noche. La de consolaciones púberes. Como cuando otro. Un sábado que se hizo domingo. Y foto en la ventana. Contacto de labios. ¡Aureola que explota!. Cinco menos diez. Nueve y cuarto. El vení para la foto. Uno de los cuartos de la galería. Oscuro. Mis ojos brillantes. Aureolas en todas partes. En. Desde. No, no quiero ir a tu foto. Asesina de aureolas. Sádica. A caminar, a no imitar estatuas de la plaza. Perdón. Te rompí la guitarra. Mentira. Forra. Aureolas en Bariloche. Aureolas de granadina. Manos sobre la cabecera de la cama. Como en Reloj de Plastilina. Justo esa parte. Necesariamente.

miércoles




Echó el café
En la taza
Echó leche
En la taza de café
Echó azúcar
En el café con leche
Con la cucharilla
Lo removió
Bebió el café con leche
Dejó la taza
Sin hablarme
Encendió
Un cigarrillo
Hizo aros
Con el humo
Echó la ceniza
En el cenicero
Sin hablarme
Sin mirarme
Se levantó
Se puso
El sombrero
Se puso
La capa de lluvia
Porque llovía
Y se fue
Bajo la lluvia
Sin una palabra
Sin mirarme
Y yo tomé
Mi rostro entre las manos
Y lloré.
Desayuno, Jacques Prévert

lunes

Dijo

No tiren de la soga, no rompan más las bolas, no hay planchas voladoras, no hay chicas que no lloran. No es el fin.

jueves

Tomo helado de limón. Raspo el telgopor y en ese momento en Madrid él compra en el Corte Inglés un prendedor igualito al que una vez me vio puesto. En la primera parada del San Javier empieza a disiparse la llama de un cigarrillo que, al parecer, jamás terminó de apagarse. En la avenida Argentina al quinientos, una chica se confunde de casa y no le emboca a la llave. En el monoblock “B” de Sarmiento asesinan a una vieja justo después de una mudanza. En Honduras suena la alarma de un ascensor y en Chos Malal una chica hace el amor por primera y única vez. En un 9no un grupo de personas recibe una noticia devastadora, un sábado a la noche. En Plaza Irlanda sacan el adoquín que tanto señalabas. En un grabador suena el cassette que nunca me devolviste. En el teclado de una oficina de Berlín deja de funcionar la k. En Barranquilla reciben una nota que sólo tiene kas. En el baúl de un renault dieciocho rural una chica se enamora de su amigordo mientras un techo aplasta a la nena más linda de Cuzco. En Amenábar reciben una carta equivocada; en Migueletes se resignan de esperarla. En ese mismo instante una pareja en Ginebra se saca una foto que mañana ya no va a significar nada.

martes

Hola. Me llamo Ana; tengo un problema. Lucía, mi hermana, dice que tengo registro de recuerdos que recorren setenta y tres años. También dice que tengo lagunas mentales, que soy muy coherente. Que mi memoria es exacta. Dice que soy disléxica y que hago la i griega al revés.
En los ochenta egresé de un colegio, en los sesenta tuve a Agustín y en el medio investigué la etimología de mi nombre. Dice que me encorvo con facilidad pero que mi postura es envidiable. Nunca voté en blanco, pero a v3ces me desmay0. Dice que cuando me pregunta la hora me detengo a pensar si contestarle cuatro menos veinte o tres cuar3nta. Que hasta el día de hoy sigo poniéndome zapatillas al revés. Dice que recuerdo las cosas como yo quiero. Que digo que El Flautista de Hamelin es maniobra del consumismo frente a las masas. Que Hanna es hebreo. Dice que la cintita roja del preescolar no me sirvió. Que tengo veintidós. Que el ómnibus es un 3rror, porque no es para todos, sino para todos aquellos que cuentan con un mínimo de setenta y cinco centavos. Que mis argumentos son bajos, pero ella es la que hasta el día de hoy se chupa el dedo. Que soy siniestra, y por eso me mancho con tinta la mano.
-Pero Ana, ¿tu hermana no murió en el cincuenta y ocho?
-¡No! Esa fui yo. En fin, te decía que el hombrecito del azulejo no me gustó y que jamás me dio miedo.

domingo

Anoche soñé con una amiga de la infancia. Teníamos once años, y yo le decía: “Vos Lupe vas a terminar a los veintiuno casada y con un hijo”. Ella no respondió nada, no me pegó, ni se río. No hizo nada, y el no hacer nada incluyó no invitarme a su casamiento.

miércoles

Es como pretender que no sea necesario raspar mis tostadas o que te diga como me dicen desde chiquita. No te lo voy a decir. O que no me exploten los ovarios, que no sienta que me remueven la carne viva con una cuchara metálica, haciendo un ruido sutil pero horrible. El más feo, el menos soportable. El que me da escozor y me deja la piel con gusto a metal. Como pensar que puedo llegar a tener manos lindas. No, no hay esmalte con cianuro que lo arregle. Pretender que sea mejor amante que mejor amiga. O viceversa. No soy de cabotaje. Tampoco de mentira ni de celofán. Y me anoto cosas en el cuerpo. Tengo millones de fechas. Esto me lo hice ese verano. Eso es una quemadura que me hizo él. Esto es una promesa que tuve que cumplir sola porque no me quedó más remedio. Y de aquello sólo tuve ganas. Pero no me molesta. Estos lunares no están dibujados.

lunes

Qué

Que me gustó ver cómo comían pollo y esperaban lo inevitable. Que Alejandra le pidiera a Dios todas las noches antes de dormir que su tía hipocondríaca se muriera. Que ella lo viera perfectamente, desnuda y boca abajo, por entre sus piernas. Que se haya puesto el impermeable, sin mirar.
Que los anillos de humo. Que tocara el vidrio de un bar sólo para saludarme. Que no es blanca y juega a las estatuas. Que es mentira que cuando pasa el tren yo escucho alguna canción.
Que underwear me recuerda la cama blanca y la ventana abierta. Que te quiero para siempre pero que nunca te elijo.
Filosofía en el tocador a los pies de la cama.
Que te invito a tomar la leche.
Que tetas. Que tetas en tu lunar y lunar en mis tetas.
Que se haya escondido a llorar entre sus piernas. Que chip en tus venas. Que me puse tus calzoncillos. Que un picaporte te lastime la nariz y llenes la puerta de sangre. Que
Ana.
1968.
Que la voz de Artaud me da
mucho miedo.
Mil nueve sesenta y ocho. Que tengo que cruzar cuando llego a esa esquina. Que Hollsworth. Que Lucía. Que nunca sé cuándo es una nota. Que creas que tenés la necesidad
de decirle que estás enamorada. Que sólo sea un momento. Que yo sabía que sábana tenía otra caligrafía.
Que siempre hay una pendeja que es medio putita. Que me dibujaste mientras dormía. Que dice que.
Que tiene la piel suave.
Que inconsciente colectivo
le pertenezca sólo plaza Urquiza. Que perdón. Que veintiuno. Que Nlarinz. Que dijiste que mi boca era perfecta. Que te gustó. Que te gusto. Que me guardás rencor. Que si te morís no tengo en quién corporizar la bronca. Que te sientas linda desde antes de coger. Que ya no tenés olor a cigarrillo. Que cuando tenés bronca te vas a caminar. Que las primeras dieciocho cuadras son a toda velocidad. Que todos se mueren en Agosto. Que vos te suicidaste en Marzo.
Que Muñecas. Que Billinghurst. Que Murature. Que Seguí.

martes



Chico del saltimbanqui- ¿Estás nerviosa?
Yo- Bastante. Espero que no se me corte la soga.
Chico del saltimbanqui- No te preocupes. Tenés que animarte y ser valiente. ¿Firmaste el papel de abajo?
Yo- ¿El que dice que me hago totalmente responsable de mi muerte porque soy mayor de edad? Si.
Chico del saltimbanqui- Bueno, listo. Ya te ajusté las tiras de las piernas. ¿Te empujo o te tirás?
Yo- Me tiro.
Chico del saltimbanqui- Feliz cumpleaños entonces Lu, sé valiente.
Yo- Blah.


(y pum)

lunes


Desde un abril al otro, raspando la piel, cambiando el pelo, agudizando las marcas.
Llevar las ojeras en un bolsillo y ponerse medias sin agujeros.
Apagar un cigarrillo correctamente, sin vestigios de.
Prender la radio en el momento justo y pegarle a la nota.
Un ay.
Una confesión que al minuto es arrepentimiento, y peso, y vulnerabilidad.
Otro ay.
Una conversación sin palabras donde no se ve si mi corpiño tiene aro o no.
Una palabra sin borrón que no te importe: no alejarse, no acercarse.
Lo peor de mí y lo peor de vos, junto, mezclado, amorfo.
Verme en vos o creer que me veo en vos.
Una nariz que cambia de acuerdo al ángulo.
Una persona por nariz, una nariz para todas.
Eso que no es nuestro y que sin embargo sentimos tan cercano.
Nosotros, que nos somos tan ajenos.
Un banco y que te encanten mis besos.
Nunca no sentir nada, siempre odiarte o quererte.
Y odiarme y caerme bien.
Una mirada que baja, pero no porque no pueda apuntar a los ojos.
Mirame de nuevo, pero no me vuelvas a atraer.
No hagamos que nada sea nuestro, o no lo creamos del todo.
Un bolsillo roto y las llaves que suenan en el piso.
La piel que no huele a nada y un olor que encierra todas las pieles.
La patología que no existe, y la creo yo.
Todo desordenado, nada clasificable.
Una foto que ya no me dice nada.
Pero el olor, y pegarle a la nota y decir ay y salir de una boca
que es ajena, pero que en este momento es mía, y que me acomoda
y me baja y me sube. Me es familiar. Un poco de mí,
desde vos, desde lo que quiero que veas y lo que ves sin que muestre.

sábado

Vamos a suponer que nos rige cierta lógica y que sólo se palpan hombros para pedir cigarillos.


bueno (o no).

desde llorar porque estoy comiendo un helado de menta con 6º a bostezar seis veces en una misma palabra. tartamudear mediante mensaje de texto y cantar sobre elegir algo de entre el cigarrillo, el hombre o el pantalón amarillo.

No lo supimos contestar y saltó un "i love you panzón".

desde la maldita "esta es la cancióooon desafinaaaaada" que me da escalosfríos y ganas de morir a entrar a mi casa sin chocarme con ninguna pared.
Basta lurba. no sé cuánto hay de verdad.

miércoles

Hace algunos años, cuando mi abuela se cayó, se operó o se algo, yo fui a cuidarla. Me mandó a la farmacia y en el camino conocí a un chico muy lindo, y mientras yo me hacía la coqueta escondía la bolsa blanca-transparente llena de supositorios.

jueves

el tartamudeo o la aventura de cortar palabras.




Mis papás me dijeron que a los cuatro años cuando conocí el mar empecé a tartamudear. Por lo general tengo recuerdos de mi más temprana edad. Este no es el caso. No recuerdo haberme ahogado o haberme quedado sin palabras frente a la inmensidad del mar. El "... y yo que me sentía grande..." vino mucho después.






No me dejó sin palabras, sino que empezó a cortármelas.




viernes

Seguidilla de sueños

Tuve una seguidilla de sueños: él me quería en todos, yo volvía a no quererlo en ninguno.
Si las biromes seguían sin andar lo hubiera olvidado. ¿A cuántas personas que sufren de piefriítis se les caga la vida?. Habrá que ver quién se adapta mejor.

Si, es verdad.

Y hoy es veinticinco de mayo.

Eso también.

martes


Paso un dedo por la tapa del libro. Paso dos. Los paso y los hago resbalar,los hago rasparla,
los hago estar adheridos de tinta, adheridos de un poco de tu mano.
Lo raspo con un cuchillito, con las uñas de los pies, y no hay nada externo en él: ni
polvo ni olor. Sólo es la tinta, sólo.
Y hay una página donde sábana lleva distinta caligrafía y ahí puede que estés vos.
Puede que estés ahí, ahí y en el silencio interminable que nos sirve de soporte.
Ahí a los pies de mi cama, intentando armar,intentando conversar sin perder de vista la oscuridad, ni la gente que (nos) pasa, ni la música que suena.
Y puede que seamos muy distintas, al mismo tiempo en que bastante nos parecemos, en el mismo eje.



2005

(luba: ¿cómo andás?
luciana: cansada, estaba por armar el bolso.
luba: qué raro vos huyendo, eh.
luciana: no huyo; me voy para precisamente poder volver.
luba: ñaña.
luciana: hoy tuve una epifanía.
luba: ¿acerca de?
luciana: acerca de nosécómoexplicarlo. realmente me inquieta.
luba: suele suceder.
luciana: si, no es consuelo igual.
luba: me extraña que a esta altura esperes encontrar consuelo en mi.
luciana: nunca nada más cierto.)


jueves

Lo que viste es el olor

Acostumbra a sentir lo que quedó de ron en su ropa y echarle un poco de limón, pensando que así el olor cesa, y no –por el contrario, y como ocurre- que el olor viste a la ropa.
Acostumbra también a pensar que todos son como ella, y que no desarman toda la cama cuando se van a dormir. Que el chocolate blanco no es chocolate, y no le importa tanto como no pisar las baldosas flojas cuando llueve.
Que sólo tiene unos zapatos verdes en el placard, acomodados simétricamente, y que los usa cuando se vuelve necesario.
Acostumbra a vestirse de colores cuando no está de humor, y piensa que eso puede disimular las palabras que lleva escritas en su cuerpo, pero una vez más aprende –tarde- que lo que viste es el olor.

Pesadilla IV


En el tren, él –que está conmigo- le da besos a ella y a la otra ella, que son mis amigas. Y yo sentada en el primer asiento, sola, miro de reojo y no entiendo. Pero ellos se ríen, aunque ni siquiera se ríen de mí. No entiendo, me incomodo y me bajo donde estoy.
Aparezco frente a Ciudad. Y es de noche. Camino por las vías en dirección a mi casa y viene casi corriendo una nena de siete u ocho años que está llorando. Primero pasa a mi lado, me mira y sigue; me doy vuelta y vuelve corriendo hacia mí, llorando y abrazándose a mi panza. Le pregunto qué le pasa, y si está sola. Me dice que Pablo es malo, y me señala una ventana del pabellón tres de Ciudad. Es un último piso y está muy oscuro. “Al principio pensé que era un nene, y que estaba encerrado y quería jugar”, me dice. Entro en pánico y me alejo de ella en dirección al bosque, casi corriendo. Ella me corre llorando, pero yo me doy cuenta que ahí la víctima soy yo, entonces con el pie le empujo suavemente la panza y la tiro al suelo, como acostándola. Yo no quiero lastimarla. Se levanta y me vuelve a seguir, vuelvo a acostarla. Y me voy corriendo, sin mirar atrás, pero sabiendo que desde la ventana del último piso del pabellón tres de Ciudad, Pablo tiene la mirada clavada en mi nuca.

sábado

Mi bola de papel glasé

[Escuchando a mi señora decir que yo sabía que ella pensaba que no era difícil saber lo que yo sentía] Se me ocurrió preguntar a qué se debía tanto alboroto. Me respondieron que ellos no pensaban en mí, ni en lo que yo quería.
Les aclaré que si me nombraban a mis espaldas todos llegarían a creer en mí como en un Dios. Ellos atemorizados -y por eso mismo con una débil prepotencia que evidencia a los seres más vulnerables que nos habitan-, empezaron a gritar mi nombre, una y otra vez. La cólera inundó mis ojos y allí terminaron viéndose, en el reflejo de mi bola de papel glasé.

lunes

Desde la punta de mis pies.


Desde la punta de mis pies. Lo agrando y lo minimizo, siempre que puedo lo bajo, lo humanizo (estupidizo). Es fruncir la mirada y levantar la nariz; es fijar el ojo izquierdo y apretar la mandíbula.Es un trac-trac basta-basta y zumbido.Es verbalizar el impulso y todo lo que eso significa.Es rasparme el cuerpo con un cuchillo y dejar caer mi piel como caspa sobre la punta de tus pies.
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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

en Cobstrucción

en Cobstrucción
¡Cuidado! Hombres Trabajando