miércoles

mi gata quiere garchar

Hace unos días que ya veníamos con el canto casi glotal que incita a la bacanal gatuna. De hecho casi charlamos del tema con Juan, entendiéndolo como un tema que merecía una puesta en común de las opiniones. Como las cosas grossas y boludas que te movilizan como para considerarlas un tema y entender que te invitan a discutir. Nada que ver con una bacanal
Pero Panterita venía con ganas de salir al patio y sentirse dueña de las medianeras, aullándole a la noche y a su amigo el gato negro que la visita para testearla, primero boludeándola y luego más como un par, desde que ella tenía tres meses y medio. 
Así que la dejé salir y desde entonces tengo intriga. Estoy en el patio y cada tanto, cuando alguno de los dos gorjea cerca y acá arriba, me asomo, trato de ver en qué andan. Pero siempre veo a uno de los dos. El negro me ve y se va. La gata se me acerca desde lo alto del techo de arriba, lo suficientemente para -podría asegurar- que la gachi salte. Así que mientras los escucho pienso que no se encuentran pero se llaman y me siento como si estuviera esperándola a la salida del cine. A la gata. Ya sé, creeme que lo sé. Esperándola a la salida de un cine, para recibirla, ver cómo anda, bajarla entre mis brazos para entrarla a la casa, darle agua y hacerle unos mimos.


sábado

Los mis abuelos

Ahora que sé que no soy la generación más joven de la familia, más que pensar en mí me puse, inevitablemente, a pensar en mis abuelos.
Hace poco Ale subió unas fotos de su viejo y de ellos, fotos que -obviamente habiéndose muerto a mis doce- jamás había visto y entonces me puse a pensar en ellos, porque al día siguiente de su cumpleaños o algo así, la quedó Agüita, que desde hacía casi el mismo tiempo había empezado a producir nada en mí.
Pero a él sí me hubiera gustado conocerlo más. Porque por el poco tiempo y el nomadismo yo sigo sintiendo que me perdí un tipazo, y que sólo pude encontrar algo así en la otra abuela, en Juana, que fue mi amiga desde siempre, a pesar de lo nómades que eramos.
Así que bueno, no soy la generación más joven de mi familia, y calculo que ahí hay algo de consecuencias.


jueves

hoy maté una lombriz

hoy maté una lombriz,
le di con el filo de la pala
mientras vaciaba la tierra vieja
toda cortajeada
de una vieja maceta.

la vi, vi que algo se movió.
(odio las cosas que se mueven
cuando no espero nada vivo).
le di con el filo de la pala, si es
que la pala tiene filo.
le di una, dos, tres y siete veces
como en mercedes con las víboras.

las cortaba como salamín:
tac tac tac tac
se seguían moviendo
los pedacitos se seguían moviendo
y yo seguia tac tac tac
hasta no verle los ojos

pero he aquí el problema:
las lombrices no tienen ojos
no sabía dónde empezaba o terminaba
y eso me puso los pelos de punta
tanto
que dejé de apoyar la totalidad de la planta del pie
en el piso.
no sé por qué, supongo que esperaba 
algún movimiento organizado de venganza,
como con las tarántulas.

le di tac tac tac y cerré la bolsa.
al rato volví a abrirla
seguía moviéndose
como agonizando
eso lo supuse por los espasmos
¡porque no tienen ojos!

lunes

atchung!

Era para preguntar si nunca jamás, ni siquiera por un instante del minuto, pensaste que me podrían sorprender los postigos cerrados de una casa vieja vieja en el Sur. Ojo. Ojito. Cuidado, necesitamos pasos de cautela, un minuto en el mundo para detener todo y respirar y seguir, no pisar las baldosas flojas. Necesitamos pensar que de guachín o en algún momento sintió un hilito de algo atravesándolo mientras necesitaba el aire, el aire y ya.
Ojo, pibito. Cuidado con lo que se quiebra.

sábado

Y mientras miro tus volutas de humo que envuelven todo mi cuerpo o cómo me tomaría un vinito esta noche, que tengo los hombros así de relajados

Si bien me parece medio de pelotuda, cada tanto no puedo dejar de pensar que mi vida es una novela total. Y decirlo sólo es el comienzo.










Oscar, fanático de la soda y el pan

El otro día pensé que nunca había hablado de Oscar. Oscar se casó con, una joven viuda de dos hijos, Juana a finales de los setenta o principios de los ochenta. Oscar es mi abuelastro, para empezar a decirlo.

Es, jamás confesado por él, diez años menor que Juana y el tipo vino a vivir esta  vida y se va a ir sin haber tenido hijos. Y eso es, por lo menos, curioso. Además el campeón es histórico hincha y frecuentador de mediodías de Estudiantes de Caseros. Más de una vez yo llegaba a su casa y caía a la hora y pico, o a los cuarenta minutos, con una pañoleta marrón de flecos  jaspeados de señor en la mano. Entraba puteando y decía "hola pinuni cómo andás" y después seguía puteando hasta que se sentaba a la mesa a tomar  té o un mate cocido. 

lunes

Lunes o martes, o jueves

Cuando hoy a las siete y media me tomé el tren en Drago, me di cuenta del despropósito de la situación: mi paraguas violado por el viento hacía que los fierritos maltrechos se enredaran en mi pelo, al tiempo que lo cerraba como podía y subía a un vagón donde muy amablemente dos hombres me ayudaban con el equilibrio presionando sobre mis hombros, hurgando mi mochila y apoyándome en cada clavadita de frenos o cada aceleradita. En mi cara la melena rulosa de una mina que me ahogaba. Sentía como si las bolitas de peliconcha se metieran en mi boca y yo fuera un gato que tragaba pelusas asesinas.
Pensar que sólo viajo por tres estaciones.
Yo me voy a la mierda, eh.
Vámonos a la mierda Juan. 
Comprémonos una juki, 
vayamos a laburar en bici.


jueves

la muy jodida al pedo, la tesis

¿Pero vos sabés cuántas minitas así conozco? Está todo bien, pero está lleno: las conozco, me las sé de memoria, me dijo. Son de clase media alta, pegan viaje exótico, tienen algunas inquietudes, fotos con pobres, laburos con algo de compromiso sociopoético.
Bailan danzas afro, son bardeables, pegan super cámara para hacer unas fotos insulsas, son poco espontáneas, laxas, estúpidas a veces. Algunas hasta tienen las tetas hechas, todos los álbumes de todo lo que les pasa, así, repartido en feisbuc. Algunas, y me atrevo a pensar en la mayoría, son medio feuchas. Por eso los viajes y los pañuelos y todo lo hippie-bohemia-vintage que se pueda ser, todo lo googleado.
La mayoría usó el seudónimo de la maga alguna vez; otras son más tristes, más lastimeras, más insistentes, patéticas. Pero al fin y al cabo también están las que son inofensivas, las que con su vida hacen lo que pueden, otras que son buenas, son amigas y se nos parecen mucho más de lo que queremos, aseveró.

Fah.
Mierda que la tiene pensada esta jodida al pedo.

martes

Sobre un barco llamado Meipe

Desde la terraza de una lancha,
desde el pasamanos de la terraza de una lancha
que dice Meipe
vino a jurarle de todo.
Pero ella de buena escuela le dijo no te hagas el gil
que a vos te sé de memoria
y él se hundió en el fondo de una taza
él y su malla pensada,
su terraza y pasamanos.
No me vengas a chichonear, apuntaba ella con el dedo,
que tus zarlengas me las conozco así así -le mostraba la palma abierta-.
Apuntó y apuntó hasta ver las burbujitas,
la muy jodida al pedo.

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(...) Abrió las cortinas, en ninguna de las casas de enfrente había luz. Se quitó el vestido de satén y el tipo le encendió otro cigarrillo. Antes de que se bajara las bragas el tipo la puso a cuatro patas sobre la mullida alfombra blanca. Lo sintió buscar algo en el armario. Un armario empotrado en la pared, de color rojo. Lo observó al revés, por debajo de las piernas. El tipo le sonrió (...). Amberes

en Cobstrucción

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